| La fe Reformada ingresa a
Costa Rica en el año de 1984, abriendo obras en Claraval-
Tepeyac, y la Colina. Dos años después se inicia
la obra en Los Guidos,
Juanito Mora, posteriormente se abren obras en Esparza, El Roble,
Alajuela y Romhorser.
Desde sus inicios fueron obras pequeñas y muy débiles.
Con el correr de los años, inicia el cierre de obras entre
las que se encuentran: Juanito Mora, Alajuela, Romhorser y El
Roble. Luego se genera un Cisma, de tal forma que la iglesia de
Tepeyac se separa de la Asociación. En Costa Rica se ha
creído que la asociación es el ente supremo, se
nos ha olvidado que solamente es una figura legal, la cual cada
iglesia puede tener.
Esta figura ha sido en centro del conflicto en nuestro país.
Creemos que esta figura no nos
convierte ni nos convertirá en una iglesia unida. Nuestra
Unidad se encuentra primeramente en el servicio a Jesús
y su Reino, y como Reformados, en la doctrina, y las confesiones
de fe.
En nuestro país, lo administrativo vino a estar por encima
de lo eclesial y hasta llegó a mezclarse de tal forma que
el presidente de la asociación era el presidente del Consistorio
Nacional, y esto, nos ha provocado el herirnos y errar cada día
más.
Como iglesia Local creemos que
estar unidos a la asociación no nos hace ni más
ni menos reformados. Querer seguir atado a una figura como lo
es la Asociación, solamente con el objetivo verdadero -
que es el que no se dice- de seguir recibiendo un aporte económico
de la misión es un gran error.
Hemos escrito muchos planes -
¡ y muy maravillosos! -, pero los resultados han hablado
más que todos ellos juntos. Nuestras iglesias en sus 19
años de presencia reformada en las comunidades costarricenses
no han logrado impactar en lo más mínimo a una sociedad
cargada de necesidades. Teniendo una doctrina tan sana como opción
para este país, no ha llegado a serlo.
Proseguir con esta idea de unirnos
alrededor de la Asociación, es y será trágico
para iglesias que a estas alturas deberían bregar solas,
buscando el fortalecimiento en el trabajo y el servicio y la formación
de líderes sanos y reformados –los cuales en 19 años
no hemos podido formar bien- sin el germen latinoamericano de
la dependencia y los deseos de poder. Solo basta dar una mirada
a nuestros políticos corruptos, para darnos cuenta de que
tenemos un problema cultural que vencer en el nombre de Dios. |