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Evangelio En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el librode los oráculos del profeta Isaías: "Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas, que lo torcido se enderese, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios"
Reflexiíonr" Segundo Domingo de adviento, tiempo liturgico en el que nos disponemos espiritualmente para acoger a Jesús en la próxima Navidad. Hoy entra en escena un personaje muy significativo en la historia de la salvación y que concretamente de los días que precedieron a los comienzos del ministerio público de Jesús: Juan, hijo de Zacarías, más conocido con el sobrenombre de "Bautista". El hecho es tan señalado que San Lucas lo introduce solemnemente enmarcandolo en el mundo de los grandes del tiempo, tanto a nivel político como religioso. No obstante, la importancia del acontecimiento no radica en la innegable trascendencia de la aparición del "precursor" sino aquel al que precede y presenta como el Mesías esperado, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el Salvador, Jesús de Nazaret. El mismo Jesús al que nosotros esperamos recibir con inmenso gozo y agradecimiento en la Navidad. de ahí la vigencia de Juan Bautista y su mensaje. Juan es un profeta, el más grande de los profetas del antiguo testamento, sobre el que viene la palabra de Dios en el desierto; y, según los entendidos, prosigue la misión de Jeremías, con el que guarda cierta semejanza: consagrado antes de su nacimiento, anuncia el juicio escatológico, la gloria mesiánica y la nueva y última alianza en la que serán admitidos hasta los más sencillos. Cabe notar que el "Desierto", más allá de una determinación geográfica, es sobre todo el lugar del encuentro del hombre con su Dios para intimar con él y establecer una alianza o vínculo matrimonial (cf Jeremías 2,2s). La misión de Juan el Bautista queda descrita en éstas palabras: "Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados". El bautizar o purificar mediante el agua era práctica común entre los judíos; la diferencia aquí radica en que se invita al cambio de vida a todo tipo de personas: SOLDADOS, PUBLICANOS, PECADORES... El rito externo de sumergirse en el agua expresa una profunda transformación interior que ha de manifestarse principalmente por medio de obras de bien. esa virtud se cumple en virtud de lo profetizado por Isaías, referido a Juan: "Una voz grita en el desierto: preparado: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderese, lo escabroso se iguale. Ytodos verán la salvación de Dios". En la aplicación que se hace del presente texto, es una amonestación perentoria para que el acceso del Señor, es decir, Jesús sea lo más expedito y fácil, ahora que nos preparamos para acogerlo en Navidad. ¿A qué viene Jesús? A salvarnos: a libertarnos de los males que nos aquejan, de índole moral principalmente, y a darnos la paz, el amor y la felicidad, bienes del Espíritu tan necesarios para cada uno de nosotros como personas, para las familias y la sociedad entera. Para recibir a Jesús y esos bienes, hay que prepararse. Para eso es el adviento.
Diario, La Nación, 07 de Nov 2003. |
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