Su servidor......  

Hermanos en Cristo al Servicio de Dios...
 

Inicio

Localización de Nuestra Iglesia

Organización

Ministerios

Proyectos

Sermones

Espacio Juvenil

Fe Reformada en Centro América

Cursos, Reflexiones, Noticias, etc...

Escribe a Cualquiera de Nuestros Hermanos.

Para uso Local Solamente

Pastor

Web Master

 

Identificando Nuestra Ética y los Valores Actuales

Introducción:

Primero que todo deseo agradecer a esta institución y al profesor Gabriel Quiros por invitarme a este evento. Esta ponencia está fundada en tres líneas.

Primero, Procuraremos definir lo que es la ética personal y social.

Segundo, trataremos de leer y comprender la crisis de la ética en algunos aspectos de nuestro contexto actual, entendiendo éste como la era postmoderna hedonista.

Tercero, a la luz de lo expuesto trataremos de hacer una breve reflexión.

La ética es una ciencia espiritual y pertenece a esa clase de disciplinas llamadas comúnmente humanidades.

Convenientemente se ha definido la ética como la ciencia de la moralidad, entendiendo la moralidad como el conjunto de juicios que la gente hace referente a lo que es correcto o incorrecto, bueno o malo, en las relaciones interiores o entre individuos o en los centros colectivos de inteligencia y voluntad.

Algunas veces se dice que toda ética es social, ya que el hombre, el agente de la moralidad, es por naturaleza social. Esto nos lleva a la verdad que cuando el hombre actúa, otros son afectados inevitablemente por lo que él hace; sus elecciones y decisiones tienen consecuencias sociales. Es igualmente cierto que la conducta moral de un hombre es influida significativamente por la comunidad en que él está integrado y por la historia social, la cual es su herencia y, en un sentido su destino. También es cierto que con mucha frecuencia el hombre actúa no como un individuo aislado, sino como miembro de un grupo que lo incluye y lo abarca, y del cual es representante inevitablemente. Pero estos hechos importantes, no le quitan el significado o la trascendencia a las distinciones tradicionales entre ética personal, impersonal y social.

Los hombres, son centros únicos de conciencia y de poder, que forman parte de un plano de existencia tanto vertical como horizontal; razón por la cual son capaces, a través del ejercicio de su voluntad, orientada por Dios, de trascender a los moldes sociales. Esta trascendencia es en verdad la razón por la cual los individuos están capacitados para trabajar creativamente en las estructuras y los procesos sociales. (a esto se le llama “ética personal”)

La ética personal no puede aislarse definitivamente de la ética social, aunque, al contrario de ésta última, no se encuentra en colectividades o comunidades o en estructuras y arreglos impersonales. En vez de esto, se concentra en el agente moral individual que está detrás y que participa en éstos. La ética personal considera al hombre como una personalidad centrada, la cual observa y valoriza el desarrollo de él, de esos hábitos, posturas, actitudes y rasgos que lo caracterizan como persona.

Podemos decir entonces que la ética personal se ocupa principalmente de la autodisciplina, de la formación de carácter, del cultivo y desarrollo de aquellas virtudes y gracias, las cuales lo capacitan para el desempeño de sus responsabilidades sociales y religiosas (sean éstas cuales sean).

La ética social por otra parte, se ocupa de la moral de los individuos así como de las realidades colectivas y súper- individuales. Su preocupación por el individuo es, sin embargo de una clase especial; es calificada socialmente. Contempla al individuo como a quien da una respuesta individual a una comunidad súper – individual, o como a uno que, funcionando comunalmente, actúa de acuerdo con otros a través de la agencia de algún grupo con el cual él está afiliado. Por supuesto que la ética social se ocupa no sólo de la conducta de los individuos en relación con o dentro de la comunidad, sino también de los principios moralmente significantes y las interacciones de las comunidades como tales.

Breve lectura de la ética en nuestro contexto actual.

En el mar de la existencia, vivimos actualmente la tercera ola, -como lo expresa Alvin Tofleer-. Otros filósofos como Antonio Cruz llaman a este tiempo: “la era post- moderna”.

La verdad es, que nuestra sociedad globalizada es dominada por una cultura en donde el sincretismo, el agnosticismo, la irreligiosidad y el indiferentismo han creado una moda abstracta a la que podemos llamar increencia o tal vez, poca o ninguna fe en Dios.

Esto ha provocado el rechazo de la moral y de la ética, para conformar una nueva fórmula de fe y moral, conformista y caprichosa. Creemos que esta generación está siendo invitada a asistir a lo que se le ha llamado “muerte de la ética”. La filosofía del “todo vale” ha acabado con ella. A su funeral se presentan sólo dos herederas, la estética y la belleza. Van de negro y aparentan dolor sólo porque queda bien. Los trámites y las formalidades burocráticas ya se han realizado. Ahora la estética sustituirá a la ética y la belleza hará lo propio con la moral. Durante la ceremonia fúnebre, con aire de resignación, canta Joaquín Sabrina:

Al deseo los frenos le sientan fatal,
¿Qué voy a hacer yo si me gusta el güisqui sin soda, el sexo sin boda, las penas con pan?

Esta es una letra pegadiza que intenta consolar a los asistentes. Se trata de aquella antigua melodía, recordada por todos, que procuraba infundir coraje para seguir viviendo al margen de cualquier creencia. La única finalidad de esta canción es convencer a las personas de que, en estos tiempos, no hay porqué obedecer las reglas y las normas. El brindis que se propone es doble: ¡ No a la moralidad, sí al desenfreno y al placer!, y también ¡manifiesta tus sentimientos como te dé la gana, sin reglas sin límites!

Hoy el principio ético que goza de mayor aceptación es el de “vale lo que me agrada, no vale lo que no me agrada” y “ siempre puedo hacer lo que quiero”.

Hoy día hay tantas reglas morales como necesidades tiene cada cual. Lo que determina la moralidad son las preferencias y los sentimientos del Yo. Las acciones están bien, o están mal, en función de la felicidad o el placer que producen. A esta actitud se le ha llamado hedonismo.

Esta corriente hedonista viene revalorizando el tiempo libre, la cultura del ocio se desarrolla, y por todas partes, proliferan las ofertas para matar el tiempo. Todo un abanico de ofrecimientos se colecciona a gusto del cliente. Esta cultura del placer procura suavizar todo aquello que pueda resultar molesto.

La nueva ética hedonista, en la que todo adverso o lo que supone esfuerzo y disciplina ya ha pasado de moda sustituido por el culto a la realización inmediata de los deseos, origina individuos que sólo se preocupan por satisfacer sus necesidades propias. Hombres y mujeres que viven separados, a la vez, de sus antepasados, de sus descendientes y también de sus contemporáneos. Es la independencia más total y absoluta. Se trata del acentuado individualismo contemporáneo. Una de las principales características de la postmodernidad en que vivimos.

Las estrellas de esta época, los pequeños héroes, son hombres y mujeres comunes y mediocres, sin ningún tipo de preparación especial y vivencial, pero capaces de compartir problemáticas de su mundo privado con el gran público. Esto ha provocado que entre el virtuoso y el vulgar ya no exista tanta distancia. Lo chabacano se aproxima a lo sublime hasta homogenizarse.

Esta nueva era individualista del consumo reduce, a la vez, las diferencias entre los individuos. En la ética hedonista postmoderna lo masculino y femenino se han mezclado y han perdido sus características diferenciadas de antes; la homosexualidad de masa empieza a no ser considerada como una perversión, se admiten todas las sexualidades o casi forman combinaciones inéditas; el comportamiento de los jóvenes y de los no tan jóvenes tiende a acercarse: en unos pocos decenios éstos se han adaptado al culto de la juventud, a la llamada edad “psi”, a la educación permisiva, al divorcio, a los atuendos informales, a los pechos desnudos y a los juegos y deportes.

El resultado final es hacer idéntico lo que era diferente. Estandarizar las distintas identidades sociales. Igualar las generaciones y normalizar los sexos. Esta sociedad postmoderna, afirma que ya no son los adolescentes los que, para escapar del mundo, se refugian en sus identidades colectivas; el mundo es el que corre alocadamente tras la adolescencia. El largo proceso de conversión al hedonismo del consumo, culmina hoy con la idolatría de los valores juveniles. La sociedad actual postmoderna se ha vuelto adolescente.

Estamos viviendo en un mundo egoísta, en el que las relaciones entre los seres humanos se han vuelto tremendamente interesadas. Hoy se corteja a las personas por el interés. Por lo que puede obtenerse de ellas. Hoy día se crean escuelas y educadores especializados para enseñar este comportamiento. Si se trata de convencer, lo mejor es prepararse. Si hay que persuadir, se recurre a los profesionales de la comunicación. El buen orador debe también aprender a dominar al auditorio para obtener, sea como sea, aquello que le interesa. De esta manera las relaciones humanas se han transformado en relaciones de posesión y dominio.

Los superiores abusan de sus subordinados mientras halagan a los que están por encima de ellos. El chantaje se utiliza frecuentemente como moneda de cambio. Lo importante es conseguir provecho, admiración o, al menos, provocar la cochina envidia de los demás.

¿Qué repercusiones está teniendo, en la actualidad, este comportamiento ególatra sobre la relación entre los sexos?

Bajo la influencia del neofeminismo, las relaciones entre el hombre y la mujer se han deteriorado considerablemente, liberadas de las reglas pacificadoras de la cortesía. La mujer, con sus exigencias sexuales y sus capacidades orgásmicas vertiginosas, se convierte para el hombre en una compañera amenazadora, que intimida y genera angustia.

El trato que la mujer suele recibir en la producción cinematográfica actual, pródiga de escenas de violaciones y vejaciones, sería una evidencia de este creciente e imparable odio contra la mujer. De manera recíproca el feminismo ha originado también sentimientos de animadversión hacia el hombre y hacia todo lo que, hasta ahora, éste ha representado. Sería imposible ver con buenos ojos a quien se considera opresor, tirano, enemigo y fuente de continua frustración sexual. Tales sentimientos enfrentados estarían en la base de esa especie de guerra sexual que se observa en nuestra época. La batalla entre lo masculino y femenino.

El amor, entre hombre y mujer, se ha convertido en uno de los mitos de nuestro tiempo. Este, ha llegado a transformarse en una palabra vacía. Un concepto hueco que ha perdido casi todo su significado. Desde luego que existe todavía “amor” pero, actualmente, se considera como una divina palabra de la que no habría que esperar demasiado. Esto no significa que uno no pueda pegar la lotería pero, lo que se debería tener claro es que, si no la pega, tampoco hay que amargarse.

Lo importante, para el individuo actual, es no sufrir. Que nada nos quite el sueño, ni siquiera el amor. Pero, por el contrario, la imagen del amor que se vende en los medios de comunicación es la de un amor romántico “rápido”, apasionado pero fácil, intenso y a la vez poco duradero, indisolublemente asociado a la relación genital.

Es importante observar que del juego de la guerra sexual se ha pasado al de la más pura neutralidad. Si antes la sexualidad se basaba en el placer, hoy predomina el artificio sobre el goce. El cambio de sexo o de vestimenta, propios de los travestis, sería el indicativo de lo que está ocurriendo en la sociedad actual. De la misma manera en que todos podemos llegar a ser mutantes biológicos, también seríamos transexuales en potencia.

Las preferencias eróticas, la moda, el ritmo, las formas y muchos de los artistas que gustan hoy señalarían que “todos somos simbólicamente transexuales”. Como ejemplo claro de esto podemos ver la nitroglicerina artificial de Madonna, o el encanto andrógino y frankensteiniano de Michael Jackson. Estos y otros más son mutantes, travestis, seres genéticamente barrocos cuyo look erótico oculta la indeterminación genérica.

Realmente esta sociedad actual en la que nosotros los educadores nos desarrollamos, recibe lo presente y cotidiano así como la supremacía de lo estético, el individualismo y el hedonismo narcisista, como las raíces desde donde brotan todos los demás valores y contravalores para nutrir todo nuestro ser, aún sin percatarnos – en su gran mayoría - de lo que estamos viviendo y aceptando.

Todo este sistema de vida actual está afectando profundamente todas las bases éticas y morales, generando un gran cambio en los valores humanos y las estructuras de nuestra sociedad.

El la actualidad la gran mayoría de la sociedad no le interesa conocer la realidad total del mundo o de las cosas. Se conforma sólo con la realidad parcial y momentánea que perciben sus sentidos.

De ahí resulta una visión personal subjetiva sin norte ni orientación fija. La objetividad de los grandes fines desaparece y como alternativa queda un pensamiento débil y fragmentado.

La razón ha demostrado su insuficiencia para explicar las calamidades que han azotado a la humanidad durante el presente siglo. La historia de la razón sería la historia de los desengaños de la razón, o lo irracional de la razón. Al perderse el fundamento de la razón el centro de la moral y de la persona es el Yo, los sentimientos y los gustos individuales.

Por otro lado la ética, propia del pensamiento moderno ha llegado a su final y, en la actualidad lo que vemos es una multiplicación de”micro éticas” escépticas y desorientadas. La alternativa que brinda esa sociedad postmoderna es la estetización de la vida, la eliminación de toda norma, el relativismo de las conductas y el politeísmo de los valores.

En esta sociedad actual, tenemos un problema serio en cuanto a la culpabilidad o responsabilidad de los actos de las gentes. En nuestro país han existido una serie de desfalcos y robos de cuello blanco, y los culpables no han aparecido o no han sido castigados – hablo del caso del Banco Anglo y otros-. En el reino de la moral subjetiva, en el que “todo vale”, se hace difícil distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Todo depende del momento y del criterio de cada persona. Esto hace imposible que pueda darse el sentimiento de culpabilidad y la conciencia de pecado. El reino de la moral subjetiva es, en realidad, el de la antimoral y el de la aculpabilidad.

Las ideas colectivistas, que aspiran a fomentar la confianza en el Estado para que éste distribuya equitativamente las riquezas se ha visto fracasado y esteriotipado por el individualismo. La persona ya no se concibe al servicio de la colectividad sino que deberá ser ésta, la sociedad, la que se subordine a la persona.

Hace unos años atrás el hombre estaba seguro de lo que creía. Hoy aquella seguridad se ha perdido. El desencanto de la razón y la fragmentación de todas las creencias han producido el “pasotismo” que se manifiesta sobretodo en el lenguaje juvenil; con el tópico “yo paso”, el cual expresa el desinterés y la desconfianza en todo aquello que antaño ofrecía seguridad.

Lo mismo puede afirmarse de los razonamientos “fuertes” del hombre moderno. Los ilustrados por ejemplo, estaban convencidos de que el desarrollo del conocimiento humano no sólo contribuía a comprender mejor la naturaleza sino que también proporcionaría progreso moral, justicia social y felicidad en todos los hombres. Hoy día se ha comprobado el fracaso de todas estas esperanzas. La razón “fuerte” se ha roto para dar paso al tiempo del pensamiento débil “Light”, relativo, inseguro y desilusionado.

El esfuerzo y la laboriosidad eran virtudes fundamentales. Hoy esto ha sido sustituido por el placer. Esta generación ha optado por la cultura placentera que se ocupa sólo de lo que le satisface. El saber se busca en el placer.

En el pasado el hombre se identificó con el mítico Prometeo quien arriesgaba su vida, trajo a la tierra el fuego de los dioses para que los mortales pudieran progresar.

Sin embargo hoy en día se prefiere el mito de Narciso, a quién no le interesa el progreso de la humanidad sino tan sólo la realización de su propia persona..

La seriedad y compostura moderna emanaban de la aceptación de unos principios morales absolutos. Había que guardar la forma porque ésta evidenciaba la existencia de un fondo moral auténtico e incuestionable. No sólo era necesario ser bueno sino parecerlo. Esto ha cambiado hoy. Al disociarse la moralidad de las acciones humanas ya no hay porqué guardar las apariencias. Hoy no preocupa ser bueno ni tampoco parecerlo. Lo importante es ser feliz, viviendo con sinceridad, en el mundo de la informalidad. Ahora, el peligro de esta actitud es que de la amoralidad a la inmoralidad sólo hay un paso. El que, por desgracia, se da con demasiada frecuencia.

Como pudimos leer en la sociedad, se puede comprobar fácilmente que en estos tiempos se han abolido casi todas las diferencias que antes existían entre los valores. La moda ha abolido la diferencia entre bello y feo. La po1ítica ha abolido la diferencia entre lo bueno y lo malo. La liberación sexual ha abolido las diferencias entre las mujeres y los hombres, entre padres e hijos, entre vivos y muertos (piense en la inseminación artificial con semen de difuntos)

Todos los términos y todos los caminos son indiferentes, todas las relaciones son simétricas y todas las operaciones son reversibles. Flotamos en el vacío, porque nosotros aunque no lo queramos somos parte de este mar llamado sociedad, en la que cada ola que origina nos afectar, ya sea con sus vertiginosas corrientes como por sus golpes tempestuosos.

Ante esta realidad social, lo que nos queda como educadores, es entregarnos o reivindicar una moral de brújula. La moral de hoy ha quedado fragmentada, sin principios fijos en los que podamos apoyarnos como formadores. Esta corriente actual ha dado origen a tantas reglas morales como necesidades tiene cada cual. La educación debe continuar proponiendo unos puntos de referencia sólidos y estables. Frente a la llamada “moral del radar”, que busca cualquier coordenada o explicación que le sea útil o le pueda servir para satisfacer los deseos de cada momento, el educador de hoy puede presentar la “moral de brújula”, orientada ha buscar siempre, el norte permanente de los principios de Dios plasmados en su Palabra (LA BIBLIA).

El hombre de hoy, convencido de que lo que cuesta es el aquí y el ahora, ha perdido toda esperanza de futuro. Por eso tenemos el deber de mostrar nuestra responsabilidad ante el llamado a ser Apóstoles de Dios en la educación. Aplicando y enseñando métodos morales mediante los procedimientos que estén legitimados por la moral de Dios.

Cuando la enseñanza se emite por medio de la manipulación, la violencia, el engaño, la mediocridad, y el interés material, o va acompañada de hipocresía por no ir asociada de un modelo ejemplar de vida por parte del educador, deja inmediatamente de ser valiosa para el educando.

Conclusión.

La Educación nos prepara para hacer muchas cosas con más eficacia, más inteligencia, más capacidad y más valores humanos.

Hay un refrán que reza: “el hombre no puede dar lo que no tiene”. Los educadores podremos dar muy buena preparación académica, pues para eso hemos sido preparado, pero debemos enseñar e inculcar valores morales que ayuden a la formación de hombres y mujeres preparados para servir a Dios y a la sociedad a la cual pertenecen . Para lograr esto, tenemos un abanicos de posibilidades importantes, que podemos enseñar, para fortalecer con mucha creatividad y responsabilidad al futuro de hoy (nuestros jóvenes), como por ejemplo:

Humildad: El bien educado no debe ser orgulloso de sus conocimientos (ni sus títulos) El educador debe promover esta cualidad a sus estudiantes.

Amor: Los educadores debemos promover en los estudiantes el amor hacia otros, ayudándonos mutuamente y tomar responsabilidades juntos.

Justicia. Una buena educación está preocupada en la justicia para todos. Es nuestra responsabilidad, aplicar nuestros conocimientos, posición social-económica o política, para el bien de todos, buscando maneras de quitar la injusticia que hay en la sociedad en que vivimos.

Fe: Hay que integrar nuestra educación y nuestra fe en Dios. Esta se muestra por nuestros valores, nuestro estilo de vivir, nuestras ideas sobre la educación, y nuestra aplicación de nuestras capacidades.

Verdad: Debemos vivir y hablar con verdad ya que Toda verdad es de Dios, sean verdades científicas, lógicas, sociales, artísticas o políticas.

Que Dios bendiga e ilumine a todos los educadores de nuestro país. ......................Muchas gracias.

Nicoya, 31 de Julio de 2002.