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Temas Varios
Reflexión
de Semana Santa
Rev.
Eduardo Aparicio B.

Las cabras montañeses
a menudo caminan por senderos muy angostos y escarpados. ¿Qué
hacen cuando dos de ellas se encuentran frente a frente en una
senda que tiene de un lado una pared vertical y del otro un
profundo abismo?
Retroceder no pueden, y tampoco pueden desviarse una de ellas,
porque el sendero es sumamente angosto.
Si las dos cabras insistieran en avanzar, ambas caerían
al precipicio. Entonces ¿qué hacen? el instinto
les ha enseñado a echarse a tierra, para que una de ellas
pase por sobre el cuerpo de la otra, y así ambas puedan
proseguir sin peligro su camino. Tal vez nos preguntemos cuál
de las dos cabras toma la iniciativa de agacharse. Pues, para
cualquiera de ellas, lo importante es salvar la vida y seguir
caminando sin problemas.
¿No advertimos aquí una lección de conducta
humana? como ocurre entre las cabras, el saber “agacharnos”
¿No asegura con frecuencia el resguardo del “bienestar
propio y ajeno?
Cuantas veces frente a una discusión, o cuando debemos
arreglar nuestras diferencias con alguien, saldríamos
ganando si estuviéramos dispuestos a agachar el lomo.
Pero nuestra naturaleza, viciada de amor propio, suficiencia
y vanidad, nos impide tomar la buena iniciativa. Y somos obstinados
con nuestros propios argumentos. Con lo cual quizá ganemos
una discusión, pero perdemos a un amigo.
O si se trata de hacer las paces con alguien, cuán a
menudo preferimos seguir ofendidos, en lugar de pedir o de ofrecer
el perdón.
Como la cabra que se agacha no piensa eso que la otra la va
a pisotear, ¿por qué pensar que en las relaciones
humanas el ceder es perder? Por el contrario, saber ceder generalmente
es ganar; es adoptar la amplitud mental de quien comprende y
busca la armonía. Y si debe reconocerse humildemente
el error propio, ¿ no es esto una expresión de
grandeza que hace más grata nuestra existencia?
La enseñanza cristiana nos exhorta a despojarnos de nuestras
preferencias egoístas y a ponernos un poco en el lugar
de nuestro prójimo, quien tiene los mismos anhelos y
necesidades que nosotros. Por eso la inmortal regla de oro presentada
por el Maestro, dice: “Todas las cosas que
queráis que los hombres hagan con vosotros, así
también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12).
Esta enseñanza de las cabras montañesas me pone
a pensar en Jesucristo, quien siendo Dios mismo como dice la
Escritura en Filipenses 2: “No consideró ser igual
a Dios como algo a que aferrarse, por el contrario, se rebajó
voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose
semejante a los seres humanos y al manifestarse como hombre,
se humillo a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte
y muerte de cruz.....
Y todo para qué? Para
perdonarnos, para amarnos y tener comunión con nosotros,
para traernos la paz que sólo Él puede dar.
En esta Semana Santa es importante que hagamos un alto para
pensar no solamente en la Pasión de Cristo, hagamos un
alto para reflexionar y esforzarnos en cumplir el segundo gran
mandamiento:
“Amar
a tu prójimo como a ti mismo”
Seria bueno que hoy te acerques
a tu compañero o compañera y le des un abrazo,
le des un saludo y le digas cuanto los estimas y cuan importante
es él para tu vida.

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Pastor:
Rev. Eduardo Aparicio
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