


![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() |
2004 Nuestra congregación está continuamente desafiada a responder a los retos que la sociedad nos plantea, los cuales varían de acuerdo a los cambios de coyuntura socio-cultural, política y económica. De allí que la iglesia debe estar abierta a responder las nuevas preguntas que vienen desde sus propias filas como las que se plantean desde afuera, desde los movimientos sociales. Las inquietudes de diversas circunstancias históricas nunca cesan de invitar a la iglesia a readecuar su mensaje, en aras de ser más relevante y profética. En la actualidad es importantísimo valorar las consecuencias negativas de la ideología de la globalización en el plano de la religión que es lo que nos compete y en el cual nos identifican las personas de nuestra sociedad. El Poder de la televisión Evangélica: En los últimos años las iglesias protestantes en Costa Rica se han visto conectadas con otras percepciones religiosas externas por medio de la influencia de la televisión evangélica y con su creación de una manera distinta de ser iglesia (“iglesia del aire” o “iglesia satelital”), que también reclama la lealtad religiosa de seguidores, los que en su mayoría pertenecen a las iglesias establecidas. Sin embargo, su dependencia en teologías abstractas foráneas garantiza muy poca sensibilidad hacia las realidades objetivas de Costa Rica. Los tentáculos del imperio electrónico de Paul Croach, la TBN (Trinity Broadcasting Network), se han extendido a la región latinoamericana a través de la cadena ENLACE, que se transmite desde nuestro país. El poder real que tienen estas redes en la formación de la opinión religiosa de las congregaciones protestantes, incluyendo en un sector importante del pastorado, las convierte en un verdadero magisterio que compite con las direcciones denominacionales. ENLACE ha logrado crear, a través de sus redes en muchos países, una clientela transnacional, en la que participan conocidos líderes protestantes de cada país. Carácter postdenominacional: De hecho la influencia de estas cadenas transnacionales es responsable, en parte, de la naturaleza post-denominacional del protestantismo de los últimos años, hecho que ha contribuido para que los viejos lazos que unían a los creyentes con sus iglesias protestantes mermaran considerablemente. Las generaciones actuales de evangélicos a diferencia de las que le precedieron, no encuentran razones de peso para defender sus tradiciones religiosas. Los creyentes de hoy no ven problema en “consumir” pastores e iglesias a su antojo, dependiendo de sus gustos y necesidades, y exigen que las iglesias cumplan con una serie de demandas de tipo personal y familiar. Las iglesias que se queden cortas con sus exigencias, y los pastores que no encajen en sus aspiraciones, simplemente se les cambia por otro aunque en otra época fueran sus mentores. Los rasgos post denominacionales se muestran tanto en la disposición de cambiar trincheras denominacionales como en la apertura a nuevos simbolísmos religiosos muy distintos al de sus iglesias de origen. Esto último se observa en el intercambio de principios religiosos que llegan por la vía de los movimientos religiosos nuevos, asociados con las corrientes neopentecostales que han inundado el mundo religioso costarricense. Pentecostalización de la iglesia: Anteriormente se hablaba de dos fuerzas que competían entre sí: las denominaciones pioneras y los pentecostales. Pero recientemente el cuadro ha variado con la aparición de un tercer agente, que se viene designando de manera genérica con el término de iglesias o grupos neopentecostales. Hasta los años 60´s la influencia de las iglesias protestantes se dio, principalmente, a través de las iglesias conocidas imprecisamente como “históricas”, que definían su identidad, entre otras cosas, por su anticatolicismo explícito, su liturgia tranquila y su interés en ganar las élites costarricenses. Después de esta época (1960´s) que los pentecostales, presentes en la región latinoamericana desde los 1920´s, aunque poco perceptibles, comienzan a ganar una mayor influencia, alcanzando la conocida explosión pentecostal en los 1970s y 1980s. Después de estos años, y en especial a partir de los 1990s, comienza a percibirse la presencia neopentecostal, cuyo simbolismo religioso se liga a los pentecostales, aunque ambos movimientos buscan distanciarse el uno del otro. La relación que se observa entre las tres corrientes anuncian una inversión con el pasado: las iglesias históricas se vieron primero amenazadas con la llegada de los pentecostales, a quienes buscaron marginar de la familia protestante. Con el tiempo, sin embargo, los pentecostales se encontraron fuertemente cuestionados por las prácticas neopentecostales, especialmente porque sus membresías se siente, en gran medida, atraídas por otras propuestas de corte carismático que van apareciendo cada cierto tiempo. Los sueños megalómanos: El campo religioso se ha visto presionado por la idolatría del crecimiento y de las ambiciones megalómanas. Las iglesias están siendo presionadas a embarcarse en proyectos de líderes religiosos que, por haber construido mega iglesias, se sienten llamados a exhibir su ego manía. Las opciones que presentan estas aspiraciones tientan a las iglesias, sobre todo, por el facilismo que rodea sus alcances. Relación evangelio-dinero: En la historia del cristianismo siempre ha existido una tendencia a explicar la fe cristiana de manera reduccionista. Esta parece ser una tentación difícil de evitar. En los últimos años se han visto varias. En ocasiones ha sido la reducción política del evangelio, en la que se idealiza mayormente la realidad histórica como lugar exclusivo de la acción divina; otra es la reducción estrictamente religiosa, con la exaltación de lo espiritual y la oposición a la fe cristiana como instrumento de cambio de las realidades históricas. En la actualidad destaca un tipo de reducción económica, inclinación expresada, especialmente en sectores religiosos nuevos, de corte neopentecostal. Es un enfoque unidireccional de la fe en donde calzan las teologías de prosperidad, y los razonamientos que presentan la fe cristiana, básicamente, como la vía apropiada para alcanzar riqueza material y la salud física. Es la religión que explica el origen de los problemas de salud, al igual que las depresiones sociales y económicas, a partir de conspiraciones ocultas de las divinidades, que solo los “pactos económicos” (de los tetzels actuales) pueden romper, para que luego produzcan, cual amuletos, toda suerte de bendiciones. Este reduccionismo económico de la religión es también copia de los patrones que gobiernan el “mundo” actual, en donde toda la vida social, incluyendo la religión, gira alrededor de la adquisición de bienes materiales. Los ricos espirituales de la otora religiosidad evangélica y pentecostal son ahora sustituidos por los ricos materiales, quienes creen que la presencia de Dios tiene que reflejarse en su estilo de vida propio de los “hijos del Rey”. Es la religión de los “ricos y famosos”, del “hollywood espiritual”, de cristianos que juran haber alcanzado bonanza material por la acción directa de Dios y no por ninguna circunstancia material o histórica. Alrededor de esta religión han aparecido los nuevos “tetzels” (recordando a J.Tetzel, vendedor de las indulgencias en el siglo XVI, que tanto desesperó a Martín Lutero), y la venta al mejor postor de sus nuevas indulgencias. Todo parece indicar que estos personajes son parte de la nueva clase de ricos que hay en Costa Rica, quienes no tienen reparos de hablar de sus mansiones reales que el Señor les ha dado y de sus finos automóviles. Pero éste éxito tristemente viene de las ofrendas de una mayoría humilde que, sutil y mañosamente, es presionada a dar de sus pocos ingresos.
Esta lamentable situación es otra arista del resquebrajamiento de los valores que vive nuestra sociedad, y de la miseria económica que las mayorías quieren superar de cualquier manera, incluyendo la vía mágica. Es parte también de los anhelos crecientes de una población influida por una cultura liderada por la mafia narco política que ve posible el enriquecimiento rápido con el mínimo esfuerzo. Lo mismo sucede con esta clase religiosa que ha superado la ética protestante (trabajo, ahorro) por una visión religiosa basada en el facilismo mágico religiosa de la prosperidad. Esta visión religiosa ha afectado mucho la imagen del cristianismo y los medios de comunicación secular se han encargado de ponerla al desnudo con la publicación de los continuos escándalos públicos de los “santos” de esta espiritualidad “victoriosa”. Así como las redes de televisión evangélicas se han encargado de extender esta imagen del evangelio como una escalera al ascenso económico, los medios seculares la han expuesto como la negación esencial de la fe cristiana, confirmando la versión de los adversarios del cristianismo para quienes la religión es un instrumento de opresión de los pobres. El culto como entretenimiento: El culto protestante ha sido generalmente reconocido por la respuesta que se espera de los participantes al llamamiento de la predicación. Para algunos su defecto principal es que todo en él se orienta a la preparación de lo más importante del culto: la predicación. Pero esto parece haber cambiado un poco, a partir de la renovación litúrgica que hace de la predicación un ingrediente más y no el más importante del culto. Se esté entonces ante una reforma clara del culto en la que la importancia de la música compite con el papel de la predicación. ¿Cuáles factores incidieron en este cambio?, es una pregunta necesaria. Entre sus respuestas tentativas se puede anticipar que el “boom de los músicos cristianos” encontraron el púlpito de las iglesias vacíos; es decir, en medio de una crisis de la predicación. Otra respuesta provisional podría estar relacionada con la presencia de una nueva generación de evangélicos, mayormente jóvenes, motivados por la cultura del entretenimiento que predomina en todos los ámbitos de la cultura secular, donde se prefiere la vacuidad y la superficialidad a los temas serios (los “talk shows”) La respuesta podría también tener relación con la necesidad de democratizar la participación del culto cristiano y la superación de la irrelevancia de una retórica pastor centrista. Muchas explicaciones se pueden añadir a las ya dadas, y ninguna podrá ocultar el hecho de que las generaciones actuales de evangélicos no están más en condiciones de soportar un culto poco lúdico o aburrido. El entretenimiento en el culto se ha visto afirmado con la profesionalización de la música cristiana y el reconocimiento pastoral de los músicos cristianos; la popularidad en el uso de algunas artes en la vida litúrgica de la iglesia como el teatro y el mismo ha ayudado también a cambiar la historia y el ambiente del culto cristiano. Las enseñanzas de todo esto son muchas y diversas, aunque entre ellas sobresale la exigencia del reconocimiento de una dimensión lúdica del culto, opacada históricamente por la influencia clásica de la música sacra, especialmente con su resistencia a los movimientos corporales. Estamos entonces ante la realidad de una liturgia bastante novedosa que conlleva el peligro de convertir en fin último el entretenimiento en el culto y la iglesia un lugar más de recreación, y a los pastores y liturgos en animadores de un buen ambiente y nada más. Pero el cambio está dado y no faltan los que creen que de aceptarlo o rechazarlo depende mucho la existencia de una iglesia de jóvenes y otra de adultos mayores. Otras de las preguntas que el tema levanta es ¿cómo renovar la liturgia, aceptando aún la limitación de la centralidad de la predicación, sin caer en un “culto ligth”, es decir, en celebraciones inspiradas por el hedonismo religioso y el desplazamiento del llamado arrepentimiento profundo y al discipulado que el Señor hace a sus seguidores. En medio de este panorama en el cual nos movemos creemos que es nuestro deber cultivar una espiritualidad que nos recuerde que en el proyecto de Dios no se trabaja de manera solitaria, ya que Él es fiel acompañante en los logros y frustraciones. La espiritualidad permite valorar las demandas de los tiempos a la búsqueda reflexiva y devocional de Dios. Un tiempo para escuchar la Palabra fresca de Dios; un tiempo para escuchar más que para responder. A Dios sea la Gloria!
Capilla Cristiana Reformada Bethuel de Esparza. 2004
|
|
||