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Artículo 20
La Justicia y Misericordia de Dios en Cristo
Anteriormente estábamos ampliando ese misterio de la encarnación. Ahora vamos un paso más adelante para pensar en la vida sufrimiento y muerte de Cristo para ver si podemos contestar la pregunta, “¿porqué envió Dios, el Padre a su Hijo, Jesucristo al mundo? ¿Por qué permitió que sufriera y muriera? 1 El propósito del envío del Hijo de Dios El propósito por enviar el Hijo al mundo no fue simplemente para asumir nuestra naturaleza (aunque sin pecado), sino también para satisfacer en esa naturaleza las demandas de Dios. O sea, la venida de Cristo al mundo fue por el propósito de sufrir y morir por nuestros pecados. La pregunta fue hecha, ¿hubiera sido necesario que Cristo tomara nuestra naturaleza si no nos hubiéramos caído? En un sentido esta pregunta fue anulada porque fue algo insegura – la caída del hombre fue una parte segura del plan de Dios. Adán fue destinado a caer, aunque él fue totalmente responsable por su caída; así que, fue necesaria la redención por medio del hijo de Dios. Sin embargo, puede preguntarse así- ¿habrá necesidad de la encarnación aparte del hecho de la caída? La única respuesta posible en este caso según la Palabra es: ¡no! Hay los que creen que Dios tenía que tomar la naturaleza humana para que pudiéramos ser partícipes de su naturaleza. Dios tenía que venir a nosotros para que pudiéramos venir a El. Dios tenía que hacerse semejante al hombre para que el hombre se hiciera semejante a Él. Ellos ponen todo el énfasis en la encarnación. Para ellos todo el evangelio viene de Belén. El calvario es el asunto inevitable en medio de este mundo pecaminoso. Pero no es la encarnación, Belén, sino el calvario, o sea su muerte y resurrección, lo que salva. Esto requiere una transferencia de énfasis, como lo hallamos en la Palabra. En la Palabra, no es el nacimiento de Cristo, sino su pasión y resurrección que es la base del evangelio. La unión de Dios y el hombre (sin pecado) Cristo, en sí, no nos salva. La existencia de tal ser (Hombre/Dios), mas bien, sirve para demostrar lo lejos que estamos de Dios y de la perfección que debemos alcanzar. Para ser salvos necesitamos a un Salvador, quien entrará en nuestra naturaleza a fin de satisfacer y llevar en ella el castigo de los pecados por medio de su amarga pasión y muerte. 2 Justicia y misericordia manifestada Al enviar su Hijo para sufrir y morir, Dios reveló y mantuvo sus atributos de misericordia y justicia. Son estos atributos, de bondad y misericordia a un lado y justicia al otro, que son manifestados en la redención de los pecados por medio del sufrimiento hecho por otros de Jesucristo. Le agradó a Dios en su infinita misericordia salvarnos requiriendo la satisfacción de nuestros pecados en las manos de su propio Hijo, por quien su Justicia fuñe plenamente satisfecha. Estos dos, Justicia y misericordia, no son los únicos atributos revelados en la redención traída por Cristo. Pues, todas las excelencias de Dios son plenamente reveladas en la escena del calvario. El Padre es perfectamente manifestado en la obra salvadora de su Hijo. Él que ha visto al sufrido Siervo e Hijo, ha visto al Padre. Sin embargo, los dos atributos mencionados son los más prominentes en la redención. 3 Otras Opiniones Hay los que rehúsan ver en la pasión de Cristo algún tipo de justicia de parte de Dios. No creen que el pecado nos haga culpables ante Dios, así que, no hay para ellos una necesidad de la satisfacción de los pecados. Mantienen que Dios simplemente perdona como lo hacemos nosotros, sin requerir una satisfacción perfecta. Pues, dicen, Dios es amor. Dios prueba su amor a los pecadores al enviar a su Hijo a vivir entre hombres pecadores para que nosotros, por el ejemplo contagioso y la influencia transformadora de su Espíritu, llegáramos a ser hijos de Dios. Al morir, Cristo simplemente pagó el precio de la lealtad a lo ideal. Ellos rechazan que hay una necesidad de satisfacer cualquier demanda de justicia de Dios. Dicen que Él estaba feliz y preparado para perdonarnos. Y al otro extremo. Hay los que ponen demasiado énfasis en la justicia de Dios. Piensan que Dios era un Padre demasiado rígido, demandando satisfacción. Y piensan que Cristo fue motivado por amor para los pecadores perdidos. Cristo amó tanto que se entregó a sí mismo hasta la muerte para que el Padre calmara su ira y fuera satisfecho. Esta gente habla y canta demasiado del amor de Cristo. Constantemente alaban el nombre de Cristo pero el nombre del Padre, rara vez es mencionado en sus alabanzas. Confesamos una perspectiva balanceada. Creemos que en la obra de Cristo, Dios manifiesta su amor (Juan 3:16). El amor de Dios procede el envío de su hijo al mundo. Cristo es el regalo de amor de Dios. El Padre no está en contra de su Hijo. No hay contrastes entre los dos, como si el Padre fuera el Dio de la ira y el Hijo el Dios de amor. Esta distinción no es bíblica. Será un doblez de personalidad. Sin embargo, Dios no puede perdonar nuestros pecados sin requerir esa satisfacción en la pasión y muerte de su Hijo. No se puede borrar nuestras iniquidades con una acción salvadora. Y porque Dios es justo y su voluntad, su ley es justa, requiriendo obediencia perfecta, Dios no pudo dejar a un lado su ley así, para perdonarnos. Esto le haría a Él un Dios injusto y no tan santo. Y porque Dios no pudo negarse así mismo, tuvo que demandar el castigo por nuestros pecados. El pueblo de Dios solo podía ser redimido por la justicia nunca por obras caprichosas que pasan por alto la ley. Existen todavía más opiniones sobre lo que pasó en el calvario. Hay los que ven la muerte de Cristo como una manera en la cual Dios expresa su condenación del pecado para que nosotros nos arrepintamos de nuestros pecados. Cristo ha sido un ejemplo de castigo para nuestro bien. La Palabra dice claramente que las iniquidades nuestras fueron cargadas sobre Él. 4 Dios ha derramado su bondad y misericordia sobre nosotros No merecimos la misericordia de la mano de Dios. Fuimos culpables ante Dios, el Eterno, el Juez justo, y fuimos dignos de la condenación. Merecimos el infierno. No tuvimos ningún derecho a reclamar por el favor de Dios. “Movido por un amor muy perfecto”, un amor soberano, Dios envió a su hijo para expiar nuestros pecados y satisfacer Su justicia para que Su misericordia tuviera libertad para salvarnos. Cristo fue entregado por nuestros pecados, y después fue resucitado. Dios, el juez satisfecho, lo levantó para nuestra justificación para que ahora seamos aceptados en el cielo como si nunca hubiéramos pecado, como si hubiéramos cumplido perfectamente la ley de Dios, la cual Cristo cumplió por nosotros. Así que ahora, tenemos la inmortalidad y la vida eterna. Nuestro cuerpo vuelve al polvo pero después será levantado inmortal. Estaremos con Él para siempre y seremos como Él cuando lo veamos como El es.
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