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Artículo 6 A estos santos libros los distinguimos de los apócrifos, que son los siguientes: El tercero y cuarto libro de Esdras, el libro de Tobías, Judit, el libro de la Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, lo que se ha añadido a la historia de Ester; la oración de los tres mancebos en el fuego, la historia de Susana, la de la imagen de Bel y del Dragón; la oración de Manasés, y los dos libros de los Macabeos. La Iglesia podrá leer estos libros, y también tomar de ellos enseñanzas en tanto en cuanto que estén de conformidad con los libros Canónicos; pero carecen de poder y autoridad para apoyar en ellos algún artículo de la fe o de la religión Cristiana, pues podrían disminuir o contra decir la autoridad de los otros libros sagrados. Como hemos aprendido, la palabra canon quiere decir “según una medida”, y lo libros canónicos sol los cuales juntos, para la iglesia, constituye la medida o regla de fe y práctica de sus dogmas y sus éticas. La palabra “canon” no fue aplicada en este sentido a la colección de libros sagrados por la iglesia cristiana hasta el siglo IV. Pero la convicción de que sí hay y de que sí debe haber una colección de escrituras tomadas como regla de fe y conducta estaba presente en la iglesia del N.T desde los tiempo de los apóstoles. Mas bien fueron a las enseñanzas de los apóstoles mismos que Cristo les ha dado el poder para ser entregadas a la iglesia para todos los tiempos como una regla de verdades y doctrinas de la religión cristiana, siendo ella autoritaria y final. En los primeros siglos los libros que encontramos ahora en el N.T fueron claramente reconocidos en el canon del N.T como autoritarios para la iglesia, mientras otros libros que carecían de las características apostólicas fueron vistos como espurios (ilegítimos) y entonces fueron puestos a un lado. Esta distinción entre los libros canónicos y espurios, necesita ser hecha también al A.T. Después de que el canon del A.T fue considerado cerrado, es decir después de que ambos libros del A.T han sido recogidos en una colección y reconocidos como autoritarias después de los días de Esdras y Nehemías, un grupo de escrituras apareció entre ellas, que querían tomar derecho en un lugar del canon. El artículo 6 de esta confesión nos da la lista de los libros en este grupo y la razón por la cual no pueden tomar lugar con las escrituras canónicas de la Biblia. APOCRIFO: quiere decir cosas escondidas, materia misteriosa, de origen desconocido, falsificado, no reconocido, no canónico. El término “apócrifo” se aplica a las escrituras que algunas personas quería incluir en el canon sagrado, pero la iglesia del A.T , Cristo y los apóstoles, y la iglesia del N.T han rechazado reconocer a esas escrituras como autoritarias y canónicas. Un resumen breve de trece libros apócrifos Tercer libro de Esdras: da la historia del reino de Judá desde el tiempo de su caída hasta el tiempo de Esdras. Los agregados que se encuentran son de un valor dudoso. Cuarto libros de Esdras: da una descripción de las visiones supuestamente dadas a Esdras en Babilonia. Una aglomeración extraña. Judith: un cuento siniestro de cómo una viuda judía de temperamento masculino, quien ganó la confianza de un jefe de babilonia y quien después logró cortarle la cabeza a él. El libro de la Sabiduría: escribiendo en la persona de Salomón, el autor de un tratado sobre el encomio de la rectitud y la condenación de la iniquidad. Eclesiástico (Sirácida) un tratado valioso de la ética. Le recuerda a uno de los libros Proverbios, Eclesiastés y Job. Baruc: un libro que contiene una confesión de pecado, oración de perdón y restauración, exhortación al arrepentimiento y motivación y promesa de liberación. Se finge ser hecho por Baruc, un amigo de Jeremías, pero actualmente es de una fecha mucho más tarde. El Agregado a la historia de Ester: supuestamente el último capítulo de Ester. No añade ninguna cosa valiosa o ninguna verdad y mas bien contradice el relato bíblico de Ester. La oración de los tres mancebos en el fuego (Daniel) supuestamente una ampliación de Daniel dando el canto que se supone los tres jóvenes en el horno, dode habían cantado. La historia de Susana: (Daniel) un relato donde Daniel con su astucia descubre que una acusación contra Susana, una mujer devota, es una calumnia maligna. La historia de la imagen de Bel y del Dragón (Daniel) un relato donde Daniel es puesto en la cueva de leones por segunda vez por la misma ofensa. La oración de Manasés: la cual se supone él había hecho siendo cautivo en Babilonia. Los dos libros de los Macabeos: obras históricas de un valor considerable, relatando la historia de Israel en tiempos de los Macabeos. Hablando de estos libros se debe acordar:
Nuestra confesión mantiene bien entonces, que esos libros pueden ser leídos pero no reconocidos como igual de autoridad con el canon de las Sagradas Escrituras. Falso o verdadero
A los libros apócrifos nunca se les ha brindado reconocimiento oficial, al contrario, desde los días de Jerónimo en el siglo IV se habían expresado dudas sobre los mismos, Jerónimo acudió a los textos hebreos, griego y latino antiguos para producir una traducción más al día; y él, igual que Lutero, relegó los apócrifos a sitio aparte. Además, la premura con que tradujo los libros dudosos indica la poca significación que les otorgaba. Desdichadamente, Jerónimo tenía poca autoridad eclesiástica. Aunque era un gran erudito bíblico y lingüístico, los teólogos, como Agustín en África, tenían más poder eclesiástico, y en la parte del mundo de Agustín el contenido de la Biblia griega obtuvo apoyo general. De modo que el códice alejandrino salió triunfante e imperó hasta la Reforma. La iglesia romana continúa apoyando los apócrifos como parte de la Palabra de Dios, si bien hay eruditos católicos que actualmente tienden a describir los libros apócrifos como “deuterocanónicos” (secundarios). Los pseudoepígrafos (falsas escrituras) son libros antiguos que datan de los últimos siglos antes de Cristo y los primeros de nuestra era. Para ganar prestigio, y no porque fueran de verdad sus autores, se les dio el nombre de grandes personajes judíos (Enoc, Moisés, Isaías). De allí que se les llame falsos (pseudo). Ni los protestantes ni los católicos romanos los han considerado nunca parte de la Biblia. La mayoría de estos libros se escribieron antes del tiempo de Cristo y son de naturaleza apocalíptica. Presentan un cuadro feliz del futuro de los judíos. Los pseudoepígrafos precristianos incluyen los siguientes: Libros de Enoc (mencionado en Judas) + Secretos de Enoc (citado en Judas) + Apocalísis de Baruc + Asunción de Moisés + Ascensión de Isaías + Apocalipsis de Sofonías + Apocalipsis de Esdras + Testamento de Adán + Testamento de los Doce (Patriarcas). De los libros posteriores a Cristo, varios circulaban en medios religiosos. Pretendían tener valor histórico, diciendo dar datos no sobre la Escritura misma, sino sobre los discípulos, María la madre de Jesús, la niñez de Jesús y su resurrección, etc. En su mayoría las historias son legendarias e imaginarias, pero hay trazas de información aquí y allá que se consideran auténticas. He aquí algunos de los apócrifos del Nuevo Testamento: Evangelio de Santiago + Evangelio de Pablo + Evangelio de Pedro + Hechos de Juan + Evangelios según los Hebreos + Historia de José + Evangelio del nacimiento de María + Evangelio de Nicodemo o Hechos de Pilatos + Hechos de Pedro + Hechos de Andrés + Hechos de Tomás + Apocalipsis de Pedro + Apocalipsis de Pablo + Epístola de los Apóstoles. Es interesante observar que los libros apócrifos neotestamentarios o pseudoepígrafos pueden clasificarse en la misma categorías que nuestro Nuevo Testamento auténtico: Evangelios, Hechos, Epístolas, Apocalipsis. Fascinantes trazas de “información” que dan estos libros. Ejemplo:
Los libros sagrados como los que hemos discutido, circularon durante un período junto con los libros de la Biblia; pero con el tiempo, los mejores fueron seleccionados bajo la orientación del Espíritu Santo. Aunque sobre el canon hebreo no hubo resolución oficial hasta el Concilio de Jamnia, allá por el año 90 d.C, en la práctica ya había sido fijado antes de Cristo. Los cristianos tomaron el Antiguo Testamento como parte de la Biblia. El canon del Nuevo Testamento se fijó en su parte principal como a fines del siglo II d.C . Pero aún después de esto hubo incertidumbre durante largo tiempo respecto a los últimos cinco o seis libros del Nuevo Testamento. La primera lista de nuestro veintisiete libros, tal como hoy la conocemos, fue formulada por Atanasio en 367 d.C., en su epístola de Pascua de Resurrección. No fue sino hasta en 1250 d.C., que se dividió la Biblia en capítulos. Por entonces el cardenal Hugo incorporó divisiones por capítulos en la Biblia latina. Lo hizo por comodidad, aunque sus divisiones no siempre fueron acertadas; sin embargo, esencialmente las mismas divisiones por capítulos han persistido hasta el presente.
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