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Artículo 9

Sabemos todo esto, así por los testimonios de la Sagrada Escritura, como también por sus operaciones, y mayormente por aquellas que en nosotros sentimos. Los testimonios de las Sagradas Escrituras, que nos enseñan a creer esta Santa Trinidad, están descritos en muchas partes del Antiguo Testamento: los cuales no es necesario enumerar, sino sólo elegir con discernimiento o juicio.
En Gn. 1:26-271, Dios dice: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza... Y Creó Dios al hombre a su imagen...; varón y hembra los creó." Asimismo, Gn. 3:222: "He aquí el hombre es como uno de nosotros". De ahí resulta evidente que hay más de una persona en la Divinidad, cuando El dice: "Hagamos al hombre a nuestra semejanza"; y después nos indica El la unidad, cuando dice: "Y creó Dios". Bien es verdad que El no dice cuántas son las personas que hay; pero lo que para nosotros es algo oscuro en el Antiguo Testamento, está muy claro en el Nuevo. Pues, cuando nuestro Señor fue bautizado en el Jordán3, fue oída la voz del Padre, que decía: "Este es mi Hijo amado"; el Hijo fue visto en el agua, y el Espíritu Santo se manifestó en forma de paloma. Además, en el bautismo de todos los creyentes fue instituida por Cristo esta fórmula4: "Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". En el Evangelio de Lucas, el ángel Gabriel dice a María, la madre del Señor, lo siguiente: "El Espíritu Santo vendrá sobre tí, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios5. Asimismo6: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros". Y7: "Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y tres son uno". En todos estos lugares se nos enseña sobradamente, que hay tres Personas en una única esencia Divina8. Y si bien esta doctrina excede en mucho la inteligencia humana, no obstante la creemos ahora por la Palabra, esperando hasta que gocemos del perfecto conocimiento y fruto de la misma en el cielo.
Además de esto, también hay que hacer notar los oficios y operaciones particulares de estas tres Personas con respecto a nosotros: el Padre es llamado nuestro Creador, por su poder; el Hijo es nuestro Salvador y Redentor, por su sangre; el Espíritu Santo es nuestro Santificador, por su morada en nuestros corazones.
Esta doctrina de la Santísima Trinidad ha sido siempre sostenida y mantenida en la Iglesia verdadera, desde los tiempos de los Apóstoles hasta ahora, contra los judíos, mahometanos y algunos falsos cristianos y herejes como Marción, Manes, Praxes, Sabelio, Samosato, Arrio y otros semejantes, los cuales fueron justamente condenados por los santos Padres. Por lo tanto, con respecto a este punto, aceptamos gustosamente los tres sumarios de fe, a saber, el de los Apóstoles, el de Nicea y el de Atanasio; así como también lo que fue resulto por los antiguos en conformidad con estos sumarios.
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1. Gn.1:26-27. --2. Gn.3:22. --3. Mt.3:16-17. --4. Mt.28:19. --5. Lc.1:35. --6. II Cor.13-14. --7. I Jn.5:7. --8. Hch.2:32-33; I Pe.1:2; I Jn.4:13-14; Gál.4-6; Ef.3:14-16; Tit.3:4-6; Jds.1:20-21; Rom.8:9; Hch.10:38; 8:29,37; Jn.14:16.
La doctrina de la Santísima Trinidad se halla claramente contenida en la Biblia. Es cierto que no aparece ni una sola vez la palabra Trinidad en los textos sagrados; pero la Trinidad Divina está presente en las páginas de la Biblia. Esta doctrina ha sido enseñada y sostenida por la iglesia desde los primeros tiempos, siendo normalmente expresada en la siguiente formula: Dios es uno en esencia, pero subsiste en tres personas: El Padre, El Hijo y el Espíritu Santo.
Desde el principio de la Biblia, Dios se revela como un Ser único pero múltiple a la vez. Es innegable para todo conocedor de la lengua hebrea, que Elohim, el primer nombre con que se designa a la Divinidad, es un plural.
Deuteronomio 6.4 hallamos estas palabras notables que cada judío temeroso de Dios está obligado a repetir cada día: “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”. Estas palabras son citadas tanto por los judíos como por los unitarios. Pero precisamente estas mismas palabras, leídas en hebreo constituyen toda una revelación y contienen la más segura y clara prueba que pueda hallarse en toda la Biblia a favor de la Trinidad. Schema Irael Adonai Elohenu Adonai Ejad. “Schema, Israel: Adonai Elohenu, Adonai Ejad”.
Adonai Adonai:  Literalmente significa: “Mis Señores” (de Adon: Señor, y “ai”: Mis)
Elohenu Es conjunción posesiva del pronombre de la primera persona del plural que se designa, significando: “Nuestros Dioses”
Ejad (Gn. 2:24 y Jueces 20:8) Ejad: expresa la idea de unidad colectiva o compuesta.

Entonces nuestro texto, literalmente vertido del original hebreo quedaría traducido correctamente así: “Escucha, Israel: Mis Señores, Nuestros Dioses, Mis Señores uno compuesto es”.  
También aparecen en la Biblia algunos símbolos y figuras, por ejemplo las tres grandes fiestas religiosas celebradas tres veces al año por el pueblo judío:

  • La Fiesta de los Tabernáculos: Dios Padre
  • La Fiesta de la Pascua: Dios Hijo.
  • La Fiesta de Pentecostés: Dios Espíritu Santo

La trinidad en acción:
El Padre es toda la plenitud de la divinidad invisible: Juan 1: 18Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.
El Hijo es toda la plenitud de la divinidad manifestada Colosenses 2: 9Porque toda la plenitud de Dios se encuentra visiblemente en Cristo,
El Espíritu Santo es toda la plenitud de la divinidad obrando directamente sobre la criatura   1Cor. 2: 9Pero, como se dice en la Escritura: “Dios ha preparado para los que lo aman cosas que nadie ha visto ni oído, y ni siquiera pensado.” 10Estas son las cosas que Dios nos ha hecho conocer por medio del Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las cosas más profundas de Dios. 11¿Quién entre los hombres puede saber lo que hay en el corazón del hombre, sino solo el espíritu que está dentro del hombre? De la misma manera, solamente el Espíritu de Dios sabe lo que hay en Dios. 12Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que entendamos las cosas que Dios en su bondad nos ha dado. 13Hablamos de estas cosas con palabras que el Espíritu de Dios nos ha enseñado, y no con palabras que hayamos aprendido por nuestra propia sabiduría. Así explicamos las cosas espirituales con términos espirituales. 14El que no es espiritual no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son tonterías. Y tampoco las puede entender, porque son cosas que tienen que juzgarse espiritualmente. 15Pero aquel que tiene el Espíritu puede juzgar todas las cosas, y nadie lo puede juzgar a él. 16Pues la Escritura dice: “¿Quién conoce la mente del Señor? ¿Quién podrá instruirle?” Sin embargo, nosotros tenemos la mente de Cristo

Efesios 1:3-14 vemos a la Trinidad obrando para el hombre: 3Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues en Cristo nos ha bendecido en los cielos con toda clase de bendiciones espirituales. 4Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin defecto en su presencia. Por su amor, 5nos había destinado a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, hacia el cual nos ordenó, según la determinación bondadosa de su voluntad. 6Esto lo hizo para que alabemos siempre a Dios por su gloriosa bondad, con la cual nos bendijo mediante su amado Hijo. 7–8En Cristo, gracias a la sangre que derramó, tenemos la liberación y el perdón de los pecados. Pues Dios ha hecho desbordar sobre nosotros las riquezas de su generosidad, dándonos toda sabiduría y entendimiento, 9y nos ha hecho conocer el designio secreto de su voluntad. Él en su bondad se había propuesto realizar en Cristo este designio, 10e hizo que se cumpliera el término que había señalado. Y este designio consiste en que Dios ha querido unir bajo el mando de Cristo todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra.
11En Cristo, Dios nos había escogido de antemano para que tuviéramos parte en su herencia, de acuerdo con el propósito de Dios mismo, que todo lo hace según la determinación de su voluntad. 12Y él ha querido que nosotros seamos los primeros en poner nuestra esperanza en Cristo, para que todos alabemos su glorioso poder. 13Gracias a Cristo, también ustedes que oyeron el mensaje de la verdad, la buena noticia de su salvación, y abrazaron la fe, fueron sellados como propiedad de Dios con el Espíritu Santo que él había prometido. 14Este Espíritu es el anticipo que nos garantiza la herencia que Dios nos ha de dar, cuando haya completado nuestra liberación y haya hecho de nosotros el pueblo de su posesión, para que todos alabemos su glorioso poder.
-La Obra del Padre bendice (v3), escoge (v4), predestina (v5), ¿Para qué? Para alabanza de su gloria (v6).
-La Obra del Hijo redime por su sangre (v7), perdona los pecados (v7), descubre los secretos de su voluntad (v9), reúne todas las cosas en El (v10) ¿Para qué? Para alabanza de su gloria (v12)
-La Obra del Espíritu Santo: sella (v13), ¿Para qué? Para alabanza de su gloria (v14)


Pastor:
Rev. Eduardo Aparicio