              |
Estudio
al Libro de: AMÓS
I. Mira alrededor (1–2)
Amós inicia su mensaje mirando a las naciones circunvecinas
y anunciando ocho juicios. El versículo 2 aclara que Dios ruge
en ira, como un león que salta sobre su presa (véase
3.8). Amós empieza con Siria (1.3–5) y la acusa de terrible
crueldad en la guerra. Luego señala a Filistea (Gaza, 1.6–8)
y la condena por el pecado de la esclavitud. Los fenicios son los
que siguen (Tiro, 1.9–10), y a estos también se les juzga
por la cruel esclavitud. A Edom, el antiguo enemigo de Israel, se
le acusa de no mostrar compasión sino mantener un odio constante
(1.11–12). A Amón se le juzga por su amarga crueldad
y codicia egoísta (1.13–15); a Moab por crueldad contra
Edom (2.1–3); y a Judá por rechazar la ley de Dios (2.4–5).
A los israelitas de Bet-el les debe haber alegrado oír a Amós
condenar a sus vecinos, pero Amós no se detuvo allí.
El octavo juicio estaba reservado para Israel. En 2.6–16 el
profeta menciona los pecados del pueblo: soborno, codicia, adulterio,
inmoralidad, egoísmo, ingratitud, embriaguez (incluso forzando
a los nazareos a emborracharse) y el rechazamiento de la revelación
de Dios. Amós clama: «Estoy aplastado bajo la carga del
pecado». (El nombre «Amós» significa «carga».)
¿Cómo Dios puede perdonar alguna vez a nación
tan perversa? Antes de condenar a estas naciones del pasado, haremos
bien en examinar nuestra propia nación y nuestros corazones,
porque tal vez seamos culpables de los mismos pecados.
II. Mira adentro (3–6)
Después de anunciar juicio a las naciones, Amós mira
dentro de los corazones del pueblo y explica por qué viene
este juicio. Recuerde que Israel disfrutaba de un tiempo de paz, prosperidad
y «avivamiento religioso». El pueblo asistía a
los cultos religiosos y traía ofrendas generosas. Pero los
verdaderos siervos de Dios no miran la apariencia externa; miran al
corazón. En estos capítulos Amós da tres sermones,
cada uno comienza con: «Oíd esta palabra» (3.1;
4.1; 5.1).
A. Un mensaje de explicación (3.1–15).
«¿Cómo puede Dios enviar juicio sobre nosotros?»,
se preguntaba el pueblo. «¿No somos su pueblo escogido?»
Pero esa era precisamente la razón del juicio. Donde hay privilegio,
debe haber responsabilidad. Los versículos 1–2 lo aclaran.
Amós usa un argumento de causa y efecto. Si dos personas andan
juntas, deben estar de acuerdo (v. 3). Si el león ruge, tiene
presa (v. 4). Si un ave cae en una trampa, alguien armó la
trampa (v. 5). Si se toca la trompeta, la calamidad se acerca (v.
6). Si el profeta predica, Dios debe haberlo enviado (v. 7). Entonces
Amós anuncia que los asirios vienen para destruir la nación
(vv. 9–15) y los hermosos cultos de Bet-el no los detendrán.
Es triste, pero las casas de verano y de invierno (¡qué
lujo!) serán destruidas.
B. Un mensaje de acusación (4.1–13).
El intrépido profeta «empieza a inmiscuirse» ahora
y comienza a mencionar pecados. Llama a las mujeres que viven en abandono
y lujo «vacas gordas de Basán». Las ve diciéndoles
a sus esposos que traigan más licor. A Amós no le impresiona
la religión de Bet-el; para él no es sino otro pecado
en su lista. Dios le ha enviado sus advertencias (vv. 6–11),
pero no quieren escuchar. Él ha llevado sus mejores jóvenes
para morir en la guerra (4.10), pero sin embargo la nación
sigue sin arrepentirse. Dios no usará más estos desastres
naturales. Ahora vendrá Él mismo (v. 12). «Prepárate
para venir al encuentro de tu Dios».
C. Un mensaje de lamentación (5.1–6.14).
Amós llora al contemplar los juicios que le vienen a su nación.
El versículo 3 sugiere que el noventa por ciento de las personas
morirán. Nótese la repetición de la palabra «buscar»
(5.4, 6, 8, 14). «¡No busquen cultos religiosos; ¡busquen
al Señor!» Había algunos en la nación que
decían: «El Día de Jehová vendrá
y entonces Dios nos librará» (5.18–20). No se percataban
de que el Día de Jehová sería un tiempo de juicio
para ellos y para sus enemigos. Eran como los cristianos de hoy que
«anhelan» la venida de Cristo y sin embargo no están
preparados para encontrarse con el Señor. En 5.24 tenemos el
versículo clave del libro: léase «justicia»
en lugar de «juicio». Amós anhelaba ver a la nación
obedeciendo a Dios y ejecutando su justicia en la tierra. En el capítulo
6 Amós sigue lamentando los pecados del pueblo: indiferencia
e indulgencia (vv. 1–6); injusticia, inmoralidad e idolatría
(vv. 7–14). «Los reposados en Sion», ¡qué
descripción de algunos creyentes hoy!
III. Mira hacia adelante (7–9)
En la parte final de su mensaje Amós contempla cinco visiones
y en ellas descubre lo que Dios hará a la nación. (1)
Visión de la langosta (7.1–3): La langosta está
a punto de destruir la cosecha, pero Amós intercede y Dios
la detiene. (2) Visión del fuego (7.4–6):
Una terrible sequía agosta la tierra; el profeta ora y Dios
libra la tierra. (3) Visión de la plomada
(7.7–9): Dios está junto (no «sobre»)
a la pared y la prueba para ver si está derecha. Dios mide
a Israel y esta no anda conforme a su Palabra; por consiguiente, el
juicio viene. En este punto de su mensaje el «sacerdote oficial»
Amasías ya no pudo soportar más e interrumpió.
«No eres patriota. Llévate tu púlpito improvisado
y vete a predicar a las montañas». Amós no temía.
Le dijo al falso sacerdote: «Dios me llamó a predicar
y debo obedecer. En cuanto a ti, Amasías, pagarás por
tus compromisos y pecados, porque tu esposa se convertirá en
una prostituta y tu familia morirá por la espada».
(4) Visión de la fruta de verano (8.1–14):
Debemos tomar una breve lección de hebreo para comprender esta
visión. La palabra hebrea para «fruta de verano»
es jayitz y la palabra para «fin» en el versículo
2 es jatz. Estas palabras se ven y suenan parecidas y Amós
usa la una para llevar a la otra. «¡El fin viene! Israel,
como fruta de verano, está madura para el juicio». De
nuevo en los versículos 4–14 el profeta menciona los
pecados del pueblo: roban a los pobres en sus casas (8.4); se quejan
de que los días sagrados interfieren los negocios (8.5); fijan
precios exorbitantes que dañan al pobre (8.6). Dios advierte
que enviará su ira sobre el pueblo, no sólo con desastres
naturales, sino con hambre por la Palabra de Dios. No escucharon la
Palabra cuando tuvieron la oportunidad; por consiguiente, Él
se la quitará. En este día sus ídolos de Dan
y Beerseba no les servirán de nada (8.14).
(5) Visión del altar (9.1–10):
Ahora Amós ve al Señor mismo y no algún símbolo.
¿Por qué Dios está en el altar? Porque el juicio
empieza por la casa de Dios (1 P 4.17). La religiosidad del pueblo
era externa, pero no eran sinceros de corazón. Dios ordena
que se derriben los capiteles y se derrumbe el techo. Los versículos
8–9 resumen lo que Dios planea hacer. Compara el juicio venidero
con el acto de trillar el grano (véase Lc 22.31–34).
La buena semilla (los verdaderos creyentes, el remanente creyente)
será salva, pero el tamo será quemado.
Amós concluye con una nota de victoria, porque en 9.11–15
tenemos la promesa de restauración futura. Los versículos
11–12 se citan en Hechos 15.14–18 en el primer concilio
de la Iglesia. Hoy Dios llama de las naciones a un pueblo para su
nombre, la Iglesia; pero cuando esta quede completa, Él volverá
y restaurará el tabernáculo (casa) de David y establecerá
el reino judío. La tierra será fructífera de
nuevo y el pueblo bendito para siempre.
|

Pastor:
Rev. Eduardo Aparicio
|