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HISTORIA
ECLESIÁSTICA
Eusebio de Cesarea
Libro 1
I Fundamento de la promesa.
II Resumen de los aspectos principales de la preexistencia y de la divinidad
de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, el Cristo de Dios.
III Cómo el nombre de Jesús, e incluso el de Cristo, eran
conocidos desde el principio y venerados por los profetas inspirados
por Dios.
IV Cómo el carácter de la religión anunciada por
Cristo a todas las naciones no era nuevo ni desconocido.
V Sobre el tiempo en que Cristo se apareció a los hombres.
VI Cómo, según las profecías, cesó en tiempo
de Cristo la línea de los primeros gobernadores de los judíos,
y Herodes, el primer extranjero, fue su rey.
VII Sobre la supuesta contradicción en los Evangelios con relación
a la genealogía de Cristo.
VIII De la maquinación de Herodes contra los niños, y
de la catástrofe que le sobrevino.
IX Acerca de los tiempos de Pilato.
X Acerca de los sumos sacerdotes judíos bajo los cuales Cristo
dio a conocer su enseñanza.
XI Testimonios acerca de Juan el Bautista y de Cristo.
XII Acerca de los discípulos de nuestro Salvador.
XIII Relato acerca del sobrerano de Esesa.
Libro 2
Prefacio
I Sobre la vida de los apóstoles después de la ascensión
de Cristo.
II Como se turbó Tiberio cuando Pilato le refirió acerca
de Cristo.
III Como la Palabra de Cristo recorrió todos los rincones del
mundo en breve tiempo.
IV Cómo, después de Tiberio, Cayo nombró rey de
los judíos a Agripa y castigó a Herodes con el destierro
perpetuo.
V Como Filón hizo una embajada a Cayo en favor de los judíos.
VI Acerca de los males que recayeron sobre los judíos después
de su crimen contra Cristo.
VII Cómo también Pilato se suicidió.
VIII Acerca del hambre en tiempos de Claudio.
IX Martirio del apóstol Santiago.
X Cómo Agripa, llamado también Herodes, tras perseguir
a los apóstoles, inmediatamente sufrió el castigo de Dios.
XI Acerca del impostor.
XII Acerca de Elena, reina de Adiabene.
XIII Acerca de Simón el mago.
XIV Acerca de la predicación del apóstol Pedro en Roma.
XV Acerca del Evangelio de Marcos.
XVI Cómo Marcos fue el primero en predicar el conocimiento de
cristo a los egipcios.
XVII Los hechos que Filón narra acerca de los ascetas en Egipto.
XVIII Obras de Filón que han sido conservadas hasta nosotros.
XIX Sufrimientos que sobrevinieron a los judíos de Jerusalén
el día de la Pascua.
XX Acerca de lo que sucedió en Jerusalén, en tiempos de
Nerón.
XXI Acerca del egipcio también mencionado en los Hechos de los
Apóstoles.
XXII Cómo Pablo fue enviado cautivo desde Judea a Roma y, tras
defenderse, fue absuelto de toda culpa.
XXIII Acerca del martirio de Jacobo, el llamado hermano del Señor.
XXIV Cómo Ancano fue el primer ministro nombrado, después
de Marcos, en la iglesia de Alejandría.
XXV Acerca de la persecución, bajo Nerón, con la que Pablo
y Pedro se adornaron con el martirio por la religión.
XXVI Cómo los judíos sufrieron muchos males, y cómo
suscitaron su última guerra contra los romanos.
Libro 3
I Lugares en los que los apóstoles predicaron a Cristo.
II Quién fue el primero en dirigir la iglesia de Roma.
III Acerca de las epístolas de los apóstoles.
IV Acerca de la primera sucesión apostólica.
V Acerca de los últimos tormentos de los judíos después
de Cristo.
VI Acerca del hambre que angustió a los judíos.
VII Acerca de las profecías de Cristo.
VIII Acerca de las señales anteriores a la guerra.
IX Acerca de Josefo y de sus escritos.
X Cómo cita Josefo los libros divinos.
XI Cómo Simeón dirige la iglesia de Jerusalén después
de Jacobo.
XII Cómo Vespasiano manda buscar a los descendientes de David.
XIII Cómo Anacleto fue el segundo obispo de Roma.
XIV Cómo Abilio fue el segundo en dirigir a los alejandrinos.
XV Cómo Clemente fue el tercer obispo de Roma.
XVI Acerca de la carta de Clemente.
XVII Acerca de la persecución en tiempos de Domiciano.
XVIII Acerca del apóstol Juan y del Apocalipsis.
XIX Cómo Domiciano manda dar muerte a los de la familia de David.
XX Acerca de la familia de nuestro Salvador.
XXI Cómo Cerdón fue el tercero en dirigir la iglesia de
Alejandría.
XXII Cómo Ignacio fue el segundo en dirigir la iglesia de Antioquía.
XXIII Relato acerca del apóstol Juan.
XXIV Acerca del orden de los evangelios.
XXV Acerca de las divinas Escrituras admitidas y de las que no lo son.
XXVI Acerca del mago Menandro.
XXVII Acerca de la herejía de los eboinitas.
XXVIII Acerca del heresiarca Cerinto.
XXIX Acerca de Nicolás y de los que se denominan por su nombre.
XXX Acerca de los apóstoles cuyo matrimonio se ha demostrado.
XXXI Acerca de la muerte de Juan y de Felipe.
XXXII Cómo fue martirizado Simeón, el obispo de Jerusalén.
XXXIII Cómo Trajano prohibió buscar a los cristianos.
XXXIV Cómo Evaristo fue el cuarto en dirigir la iglesia de Roma.
XXXV Cómo Justo fue el tercero en dirigir la iglesia de Jerusalén.
XXXVI Acerca de Ignacio y de sus cartas.
XXXVII Acerca de los evangelistas que todavía entonces se distinguían.
XXXVIII Acerca de la carta de Clemente y de los textos que se le atribuyen
falsamente.
XXIX Acerca de los escritos de Papías.
HISTORIA ECLESIÁSTICA
Eusebio de Cesarea
Libro 1
Fundamento de la promesa
I 1. Me he propuesto redactar las sucesiones de los santos apóstoles
desde nuestro Salvador hasta nuestros días; cuántos y
cuán grandes fueron los acontecimientos que tuvieron lugar según
la historia de la Iglesia y quiénes fueron distinguidos en su
gobierno y dirección en las comunidades más notables,
incluyendo también aquellos que, en cada generación, fueron
embajadores de la Palabra de Dios, ya sea por medio de la escritura
o sin ella, y los que, impulsados por el deseo de innovación
hasta el error, se han anunciado promotores del falsamente llamado conocimiento,
devorando así el rebaño de Cristo como lobos rapaces.
2. Añadiré a todo esto los incidentes que sobrevinieron
a todo el pueblo judío desde el momento de su complot contra
nuestro Salvador, y también el número; el modo y el tiempo
de los paganos que lucharon contra la palabra divina y la grandeza de
los que en su tiempo atravesaron, por ella, la prueba de sangre y tortura;
señalando además los martirios de nuestro tiempo y el
auxilio benigno y favorable para con todos de nuestro Salvador. Daré
comienzo a esta obra partiendo de la dispensación de nuestro
Salvador y Señor Jesús, el Cristo de Dios.
3. Por lo cual la obra requiere la indulgencia de lectores benévolos
para conmigo, pues confieso que presentar la obra perfecta y completa
se halla más allá de nuestras fuerzas, ya que hasta el
momento presente somos los primeros en entrar en esta labor como intentando
seguir un sendero desierto y sin hollar. Así pues, pedimos a
Dios su dirección y la ayuda del poder del Señor, pues
no hemos logrado encontrar ninguna huella de hombres que nos hayan precedido
en este sendero, a no ser por las pequeñas indicaciones que de
modos diversos nos han dejado algunos relatos parciales de los tiempos
pasados alzando sus voces desde lejos a modo de una antorcha desde lo
alto de un punto lejano clamando y exhortándonos, desde una torre,
cómo nos es necesario caminar y dirigir la senda de la palabra
sin error ni peligro.
4. Nosotros, habiendo recogido de estos testimonios todo lo que consideramos
útil para la presente obra, y como si lamiéramos de prados
espirituales los dichos apropiados de los antiguos escritores, intentaremos
conferirle forma histórica, contentándonos al recobrar,
si no todas, por lo menos las más notables de las sucesiones
de los apóstoles de nuestro Salvador, las que todavía
se recuerdan en la iglesias más insignes.
5. Considero que es absolutamente necesario que trabaje en esta obra,
pues no conozco ningún escritor eclesiástico que se haya
preocupado en escribir acerca de este tema. Así pues, confío
en que se mostrará sumamente beneficiosa para aquellos que tienen
empeño en adquirir conocimientos históricos.
6. Ya narré brevemente todas estas cosas en los Cánones
Cronológicos que redacté, pero sin embargo he resuelto
componer esta obra, mucho más completa.
7. Tal como ya mencioné, empezaré con la dispensación
y la divinidad de Cristo, que superan la capacidad humana.
8. Pues quien pretenda redactar los orígenes de la historia eclesiástica
será necesario que empiece rigurosamente con la primera dispensación
de Cristo mismo (ya que de Él tenemos el honor de recibir el
nombre), que es más divino de lo que a muchos parece.
Resumen de los aspectos principales de la preexistencia y de la divinidad
de nuestro Salvador y Señor, el Cristo de Dios
II 1.La naturaleza de Cristo es doble: una es como la Cabeza del Cuerpo
(por la que le reconocemos Dios); la otra es comparable a los pies (la
que tomó forma de hombre con las mismas pasiones que nosotros
para nuestra salvación). Por ello nuestra declaración
de lo siguiente será completa si tomamos como punto de partida
lo principal y lo más prominente de toda su historia. Así
también quedará demostrada la antigüedad, juntamente
con el carácter divino de los cristianos, ante los que suponen
que son recientes y extraños, que no salieron a luz antes de
ayer.
2. Ningún tratado sería suficiente para exponer el linaje,
la dignidad, la esencia y la naturaleza de Cristo; por esto el Espíritu
divino dice en su profecía: «Su generación, ¿quién
la contará?» Porque nadie conoció al Padre, sino
el Hijo, ni nunca nadie conoció al Hijo debidamente, sino solamente
el Padre que lo engendró.
3. ¿Quién, excepto el Padre, hubiera sido capaz de considerar
con pureza la luz previa al mundo, la sabiduría inteligente y
real antes de los siglos, el Verbo vivo que es Dios y se encuentra desde
el principio con el Padre, el primero y único Hijo de Dios, anterior
a toda creación y producción de todas las cosas tanto
visibles como invisibles, el capitán del ejército espiritual
e inmortal del cielo, el ángel consejero, el servidor del Padre
en su plan inefable, el hacedor de todas las cosas con el Padre, la
causa segunda del universo después del Padre, el verdadero y
unigénito hijo de Dios, el Señor, el Dios y el Rey de
toda criatura, que ha recibido del Padre la soberanía, la supremacía,
la propia divinidad, el poder y el honor? Porque acerca de su divinidad
en las Escrituras leemos: «En el principio era el Verbo, y el
Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con
Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada
de lo que ha sido hecho, fue hecho.»
4. También dice esto el gran Moisés, siendo el profeta
más antiguo, cuando esboza, por el Espíritu divino, la
formación y la ordenación del universo: El creador y hacedor
de todas las cosas permitió únicamente al Verbo, divino
y primogénito, formar las criaturas inferiores. Y comenta con
Él acerca de la creación del hombre: «Entonces dijo
Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza».
5. Otro profeta refuerza esta afirmación hablando de Dios en
sus himnos del modo siguiente: «Porque Él dijo, y fue hecho;
Él mandó, y fue creado.»Por un lado presenta al
Padre y creador como soberano universal, actuando como espíritu
real, y por otro lado, al Verbo divino (el mismo que nos ha sido anunciado)
como segundo después de Él, realizando las órdenes
del Padre.
6. Y ya desde el principio de la creación del hombre lo reconocieron,
al verlo con los ojos puros de su mente, todos los que se dice que destacaron
en la justicia y la excelencia de la piedad: los seguidores del gran
siervo Moisés. Abraham, el primero antes de él, sus hijos
y todos aquellos que posteriormente demostraron ser justos y profetas.
Los cuales le rindieron la veneración debida al Hijo de Dios.
7. Asimismo Él, no olvidando en modo alguno la piedad al Padre,
vino a ser, para todos los hombres, maestro del conocimiento del Padre.
Así pues, se menciona que el Señor Dios fue visto semejante
a un hombre común por Abraham, que estaba sentado junto a la
encina de Mambre. Pero Abraham, a pesar de verlo con sus ojos como un
hombre, echándose inmediatamente a sus pies le adora como a Dios,
le suplica como al Señor, y manifiesta que no desconoce su personalidad,
ya que menciona sus propias palabras: «El juez de toda la tierra,
¿no ha de hacer lo que es justo?»
8. Por lo tanto, si es contra toda razón que el Ser no engendrado
e inmutable de Dios omnipotente se transforme en apariencia de hombre
o que burle los ojos de los que le contemplan con una visión
semejante a la de un ser engendrado, e incluso que la Escritura presente
tales relatos (aparentemente mitológicos), ¿a qué
otra persona puede anunciar como Dios y Señor que juzga toda
la tierra y lleva a cabo la justicia y además es visto en forma
de hombre, si no es voluntad divina que sea llamado la causa primera
del universo, sino sólo a su Verbo preexistente? También
se habla acerca de Él en los Salmos: «Envió su palabra,
y los sanó, y los libró de su ruina.»
9. Moisés con suma claridad lo anuncia Señor, segundo
después del Padre, al decir: «Entonces el Señor
hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte del
Señor».De nuevo, cuando aparece en forma humana a Jacob,
la Escritura divina lo proclama Dios, diciéndole: «No se
dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado
con Dios...»; y entonces «llamó Jacob el nombre de
aquel lugar "Visión de Dios ; porque dijo: Vi a Dios cara
a cara, y fue librada mi alma».
10. Y ciertamente tampoco es correcto conjeturar acerca de las apariciones
divinas mencionadas, pensando que son ángeles inferiores y servidores
de Dios, porque siempre que uno de ellos se aparece a los hombres, la
Escritura no lo oculta, sino que los llama ángeles (no Dios ni
Señor) como es fácil demostrar con millares de testimonios.
11. También Josué, el sucesor de Moisés, lo llama
príncipe de las fuerzas del Señor, habiéndolo visto
únicamente en forma y apariencia de hombre; y así lo considera
jefe de los ángeles y arcángeles de los cielos y de las
potestades superiores, la fuerza y la sabiduría del Padre y quien
ha recibido la segunda soberanía y autoridad sobre todas las
cosas.
12. Acerca de esto está escrito: «Estando Josué
cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que
estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada
en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres
de los nuestros, o de nuestros enemigos? El respondió: No; mas
como Príncipe del ejército del Señor he venido
ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en
tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor
a su siervo? Y el Príncipe del ejército del Señor
respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque
el lugar donde estás es santo».
13. Por estas mismas palabras entenderás que no se trata de otro,
sino del mismo que también se dirigió a Moisés,
porque la Escritura usa los mismos vocablos: «Viendo el Señor
que él iba a ver, lo llamó el Señor de en medio
de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él
respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu
calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás,
tierra santa es.»
14. Además de las pruebas aportadas, que demuestran que en verdad
hay un ser vivo y que existe antes del mundo, el cual sirvió
al Padre y Dios de todo el universo en la creación de toda criatura,
y es llamado Verbo y Sabiduría de Dios, también encontramos
a nuestra disposición el ofrlo de la misma Sabiduría,
la cual, por medio de Salomón, nos acerca a su misterio: «Yo,
la sabiduría, habito en la cordura, y hallo la ciencia de los
consejos. Por mf reinan los reyes, y los príncipes determinan
justicia. Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores
juzgan la tierra».
15. Y a estas palabras añade: «El Señor me creó
como principio de sus caminos para sus obras, me estableció antes
de los siglos. En el principio, antes que hiciera la tierra, antes que
brotasen las fuentes de las aguas, antes que los montes fuesen formados,
antes de los collados, ya había sido yo engendrada. Cuando formaba
los cielos, allí estaba yo; cuando afirmaba las fuentes bajo
el cielo, con Él estaba yo ordenándolo todo, y era su
delicia de día en día, teniendo solaz delante de El en
todo tiempo, cuando se regocijaba por su universo terminado».
16. Con estas pocas palabras hemos demostrado que el verbo divino era
preexistente y hemos mencionado a quienes se apareció (ya que
no se apareció a todos).
17. Pero la razón por la cual no fue anunciado anteriormente
a todo hombre del mismo modo que lo es ahora, tal vez quede demostrada
con la siguiente explicación: la vida de los hombres en la antigüedad
no era capaz de retener la enseñanza de Cristo, lleno de sabiduría
y virtud.
18. Pues, efectivamente, el primer hombre, después de su tiempo
inicial de vida colmada de bendiciones, se precipitó en este
modo de vivir mortal y perecedero, despreocupándose de la instrucción
divina, y tomó esta tierra maldita a cambio de la vida regalada
con Dios. Y los que vinieron después de él poblaron toda
nuestra tierra y demostraron ser en gran manera peores asumiendo una
forma de vivir animal e insoportable (exceptuando uno o dos casos excepcionales).
19. Y pasaban la vida como nómadas duros e incultos en un desierto,
sin concebir siquiera la idea de ciudades, o constituciones u oficios,
ni preocupándose del saber, de las leyes o juicios ni del honor.
e incluso desconociendo el mismo nombre de la filosofía. Pervirtieron
los razonamientos naturales y toda semilla intelectual y civilizada,
propios del alma del hombre, por su exceso de maldad tomada deliberadamente.
Además se dieron completamente a todo tipo de impiedad, de manera
que tan pronto se pervertían unos a otros, como se mataban practicando
incluso el canibalismo. Finalmente alcanzaron el colmo de su desfachatez
al pretender luchar contra Dios y contra los gigantes conocidos por
todos, y proyectaron, en el extravío de su mente, fortificar
la tierra contra el cielo disponiéndose para combatir contra
el que está por encima de todas las cosas.
20. Mas Dios, que cuida de todas las cosas, persigue a los que obran
de este modo con inundaciones y con fuego consumidor como a un bosque
salvaje dispersado por toda la tierra. Por esto también a ellos
les oprimió con hambres, pestes y guerras, e incluso fulminándolos
desde lo alto, como si tratara una horrible y muy dura enfermedad del
alma con los medios de corrección más amargos.
21. Cuando la cumbre de la maldad estaba ya por lanzarse sobre todos,
sofocando y oscureciendo el alma de casi todos los hombres a modo de
una horrible embriaguez, la Sabiduría de Dios, su primogénito,
el Verbo preexistente (movido por su supremo amor para con los hombres),
se apareció a los seres inferiores como poder de Dios para su
salvación —a uno o dos de los antiguos hombres que amaban
a Dios—, ya sea por visiones de ángeles o a través
de sí mismo; y lo hizo en forma de hombre, porque sólo
de ese modo podía revelarse a ellos.
22. Cuando la semilla de la piedad fue infundida por ellos a muchos
hombres y un pueblo entero, de los primeros hebreos, se acercó
sobre la tierra a la piedad, Dios, a través del profeta Moisés,
les dio unas imágenes y símbolos de un sábado misterioso,
y les concedió el poder ver otras visiones espirituales, pero
no todo el misterio claramente, ya que muchos seguían en sus
antiguas costumbres.
23. Entonces su legislación fue conocida y se extendió
como viento fragante divulgándose entre todos los hombres, de
manera que los espíritus de ellos y los de la mayoría
de los paganos fueron refrenados por legisladores y filósofos
de todas partes, hasta el punto en que la crueldad salvaje y animal
se convirtió en mansedumbre, y de este modo incluso tenían,
entre ellos, paz profunda, amistad y tratos. Fue en esta situación
cuando, finalmente, en el principio del Imperio Romano, el mismo maestro
de virtudes, el servidor del Padre en todo el bien, el divino y celestial
Verbo de Dios se reveló a todos los otros hombres, a todos los
pueblos de la tierra, estimándolos listos y aptos para recibir
el conocimiento del Padre, y esta revelación la llevó
a cabo un hombre en absoluto diferente a nosotros en lo que se refiere
a sustancia corporal, que cumplió y sufrió todas las cosas
conforme a las profecías, las cuales anunciaban con anterioridad
que un hombre y Dios a la vez se hallaría en esta vida, sería
autor de obras maravillosas, y sería dado a conocer como maestro
de la piedad del Padre para todos los pueblos; además, también
proclamaban la maravilla de su nacimiento, su nueva enseñanza,
sus admirables obras, la manera en que murió, la resurrección
de entre los muertos y, sobre todas estas cosas, su restablecimiento
divino en el cielo.
24. El profeta Daniel, comprendiendo por el Espíritu divino el
reinado fmal del Verbo, inspirado, describe la visión divina
con términos humanos, diciendo: «Estuve mirando hasta que
fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días,
cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana
limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente.
Un río de fuego procedía y salía de delante de
él; millares de millares le servían, y millones de millones
asistían delante de él; el Juez se sentó, y los
libros fueron abiertos.»
25. Y sigue: «Miraba yo en la visión de la noche, y he
aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de
hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse
delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que
todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran: su dominio es dominio
eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.»
26. Todas estas cosas se refieren claramente a nuestro Salvador, el
Verbo divino que desde el principio estaba con Dios, al cual llama Hijo
del Hombre por su encarnación.
27. Puesto que ya reuní todas las profecías concernientes
a nuestro Salvador Jesucristo en otros comentarios, y habiendo demostrado
con mayor exactitud lo que hemos mencionado acerca de Él, nos
contentaremos con lo dicho en la presente obra.
Cómo el nombre de Jesús, e incluso el de Cristo, eran
conocidos desde el principio y venerados por los profetas inspirados
por Dios
III 1. Éste es el momento oportuno para mostrar que los nombres
de Jesús y de Cristo ya eran verdaderos incluso entre los antiguos
profetas, amigos de Dios.
2. Moisés fue el primero en reconocer cuán sumamente augusto
y glorioso es el nombre de Cristo, cuando ministró los modelos
de cosas celestiales, los símbolos y las imágenes misteriosas,
de acuerdo con el oráculo que dice: «Mira y haz todas las
cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte»;y
comentando acerca del sumo sacerdote de Dios, le llama Cristo, dentro
de las probabilidades humanas; y así, además del honor
y la gloria, añade el nombre de Cristo a esta dignidad del sumo
sacerdocio, la cual, a sus ojos, es superior a cualquier cargo principal
entre los hombres. Así ciertamente conocía el carácter
divino de Cristo.
3. Moisés también conoció anticipadamente el nombre
de Jesús, por el Espíritu de Dios, y de nuevo lo tuvo
como un privilegio insigne. Así pues, nunca antes se pronunció
este nombre a los hombres hasta que Moisés lo conoció,
y él por primera vez concedió este título sólo
a la persona que, según la figura y el símbolo, había
de sucederle en el mando supremo después de su muerte.
4. En efecto, no usó con anterioridad el nombre de Jesús,
sino el de Ausé (el que recibió de sus padres). Pero Moisés,
cuando lo llama Jesús, le concede un precioso honor en gran número
superior a una corona real; y lo hace porque el mismo Jesús,
hijo de Yavéh, llevaba la imagen de nuestro Salvador, el cual,
después de Moisés y de haber concluido el culto simbólico
entregado por él, fue el único que había de recibir
el mando de la verdadera y más pura piedad.
5. De esta manera, a modo de un supremo honor, Moisés dio el
nombre de nuestro Salvador Jesucristo a aquellos dos hombres que en
verdad y en gloria sobrepasaban a todo el pueblo, es decir, el sumo
sacerdote y el que tomaría el mando después de él.
6. Es evidente que los profetas posteriores proclamaron a Cristo nombrándolo
de antemano, y asimismo dieron testimonio del complot que en contra
de él habían de llevar a cabo los judíos, y del
llamamiento a las naciones por medio de él. En una ocasión
Jeremías dice: «El aliento de nuestras vidas, el ungido
del Señor, de quien habíamos dicho: A su sombra tendremos
vida entre las naciones, fue apresado en sus lazos.» Pero en otro
momento David, perplejo, dice: «Por qué se amotinan las
gentes y los pueblos piensan vanidad? Se levantarán los reyes
de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra el
Señor y contra su ungido» (Sal. 2:1, 2); y continúa
hablando de la persona de Cristo: «El Señor me ha dicho:
Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme y te
daré por herencia las naciones y por posesión tuya los
confines de la tierra.»
7. Pero entre los hebreos no sólo se ordenaba con el nombre de
Cristo a los que eran honrados con el sumo sacerdocio y eran ungidos
como símbolo con el óleo preparado, sino también
a los reyes, los cuales, por el Espíritu de Dios, eran hechos
símbolos de Cristo, pues en ellos mismos llevaban las imágenes
del poder real y soberano del único y verdadero Cristo, del Verbo
divino que gobierna sobre todas las cosas.
8. También conocemos que algunos profetas, por la unción,
llegaron a ser Cristos figurativamente, de manera que todos ellos señalan
al verdadero Cristo, el Verbo divino y celestial, el cual es el único
sumo sacerdote del universo, y el único rey de toda la creación
y de todos los profetas, el único sumo profeta del Padre.
9. Esto es confirmado por el hecho de que ninguno de los antiguos ungidos
simbólicamente (ni sacerdotes, ni reyes, ni profetas) jamás
obtuvo una potestad de la virtud divina semejante a la que demostró
poseer nuestro Salvador y Señor Jesús, el único
y verdadero Cristo.
10. Pero ninguno de ellos, aunque brillando por su dignidad y su honor
sobre los suyos en numerosas generaciones, en ninguna ocasión
atribuyó el nombre de cristianos a sus súbditos, como
extendiendo la figura del nombre de Cristo. Ellos tampoco recibieron
el honor y la adoración de sus súbditos, ni éstos
estaban dispuestos a morir por el hombre que honraban. Y tampoco tuvo
lugar en toda la tierra una conmoción tan grande por ninguno
de ellos, pues el poder del símbolo que ellos tenían no
era suficiente como para actuar del modo que lo hizo la presencia de
la verdad demostrada por medio de nuestro Salvador.
11. Y éste a pesar de que no tomó los símbolos
y las imágenes del sumo sacerdote de nadie; ni descendía
de sacerdotes según la carne; ni tomó poder real llevado
por un cuerpo de guardia de hombres, ni fue un profeta como los antiguos;
ni ostentó dignidad o presidencia alguna entre los judíos;
fue honrado por el Padre en todas estas cosas, pero no simbólicamente
sino en la realidad.
12. No obstante, aunque no recibió honores semejantes a los que
hemos expuesto, es proclamado Cristo mucho más que los otros,
y al ser él el único y verdadero Cristo de Dios, llenó
todo el mundo de cristianos, que es un nombre precioso y santo. Ahora
ya no ha dado figuras ni imágenes a los suyos, sino las propias
virtudes descubiertas y la vida celestial en la doctrina de la verdad.
13. Y recibió la unción, no la preparada fisicamente,
sino la divina, por el Espíritu de Dios, y por la participación
en la divinidad no engendrada del Padre. Esto enseñaba Isaías
cuando clamaba como si hablara el mismo Cristo: «El Espíritu
del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido
para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados
de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los
ciegos».
14. Pero no sólo Isaías; David también se dirige
al propio Cristo y dice: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para
siempre; cetro de justicia es el cetro de tu Reino. Has amado la justicia
y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo,
con óleo de alegría más que a tus compañeros.»
La palabra en el primer versículo lo llama Dios, y en el segundo
le honra con el cetro real.
15. En tercer lugar, después de su poder divino y real, presenta
al Cristo ungido, no con aceite material, sino con el aceite divino
del regocijo; con lo que indica su carácter extraordinario, superior
y distinguido por encima de los antiguos, que fueron ungidos más
corporalmente a través de imágenes.
16. También en otra parte da a conocer más detalles acerca
de Cristo con las siguientas palabras: «El Señor dijo a
mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus
enemigos por estrado de tus pies»; y: «De mi seno te engendré
antes del alba; y juró el Señor, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre, segun el orden de Melquisedec.»
17. Y este Melquisedec es considerado en las Escrituras sacerdote del
Dios Altísimo, pero sin haber sido designado con unción
preparada, ni siquiera perteneciendo al linaje de la sucesión
sacerdotal de los hebreos; por esta razón nuestro Salvador es
llamado con juramentos Cristo y sacerdote según el orden de Melquisedec,
y no según el orden de los otros que rechazaron símbolos
y figuras.
18. Por lo cual la historia no nos ha dado a conocer que Cristo fuera
ungido por los judíos y ni que procediera de la tribu de los
sacerdotes, sino que vino del mismo Dios antes del lucero de la mañana,
es decir, antes de la creación del mundo, y que obtuvo un sacerdocio
inmortal y eterno, conservándolo por los siglos sin fin.
19. La evidencia más clara e importante de su unción inmaterial
y divina es que de todos los hombres de su tiempo y de los que han existido
hasta hoy en toda la tierra, sólo Él es llamado y confesado
como Cristo, y todos dan testimonio de Él con este nombre, recordándolo
así tanto los griegos como los bárbaros.
Además, todavía hoy entre sus seguidores, en toda la tierra,
es honrado como rey, es contemplado como siendo superior a un profeta
y es glorificado como el verdadero y único sumo sacerdote de
Dios; y, por encima de todo esto, es adorado como Dios por ser el Verbo
Divino preexistente, anterior a todos los siglos, y habiendo recibido
del Padre el honor de ser objeto de veneración.
20. Y lo más singular de todo es que los que estamos consagrados
a Él no le honramos solamente con la voz o con los sonidos de
nuestras palabras, sino con una completa disposición del alma,
llegando incluso a preferir el martirio por su causa a nuestra propia
vida.
Cómo el carácter de la religión anunciada por Cristo
a todas las naciones no era nuevo ni desconocido
IV 1. Todo esto sea suficiente como prólogo de la historia, para
que nadie piense que nuestro Salvador y Señor Jesucristo sea
de existencia reciente al considerar el tiempo de su encamación.
Pero para que nadie suponga que la enseñanza de Cristo es nueva
o extraña, como si fuera forjada por un hombre joven, sin diferenciarse
de los demás hombres, detengámonos en este tema en breves
palabras.
2. De este modo, hace poco la venida de nuestro Señor Jesucristo
a todos los hombres resplandeció, pero ya ha surgido (de acuerdo
con las inefables predicciones en el tiempo) un pueblo que todos consideran
nuevo. No es pequeño ni débil; tampoco se ha establecido
en una nación de la tierra, sino que es el más religioso
y numeroso de todos los pueblos, imperecedero e invencible, porque siempre
encuentra su socorro en Dios, el cual es honrado por todos con el nombre
de Cristo.
3. También uno de los profetas, cuando vio antes de tiempo por
los ojos del Espíritu de Dios, esto que había de acontecer,
exclamó asombrado: «¿Quién oyó cosá
semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Concibió
la tierra en un día? ¿Nacerá una nación
de una vez?» El mismo en otro lugar indica también el nombre
que había de recibir, cuando dice: «A mis siervos se les
llamará por un nombre nuevo, que será bendito sobre la
tierra.»
4. Aunque claramente somos nuevos y el nombre de cristianos se ha conocido
recientemente entre todas las naciones, vamos a demostrar que nuestra
vida, y también el carácter de nuestro comportamiento,
de acuerdo con la religión, no ha aparecido simultáneamente
con nosotros, sino que prosperó desde la primera creación
del hombre, y debido al sentido común de los hombres antiguos
amigos de Dios.
5. Los hebreos no son un pueblo nuevo, sino que siempre ha sido honroso
entre todos los hombres por su antigüedad. Sus escritos y tratados
se refieren a hombres antiguos (esparcidos y escasos) eminentes en piedad,
en justicia y en toda otra virtud; algunos fueron anteriores al diluvio,
pero otros después entre los hijos de Noé y sus descendientes,
pero muy especialmente Abraham, al cual se jactan los hebreos de tener
por padre.
6. Si alguien afirmara que todos estos hombres que dieron testimonio
por su justicia, desde Abraham hasta el primer hombre, fueron cristianos
en sus obras, sin serlo de nombre, no se hallará lejos de la
verdad.
7. Pues lo que el nombre significa es que el cristiano, a causa del
conocimiento de Cristo y de su enseñanza, se distingue por su
sensatez, por su justicia, por la constancia de su carácter,
por el valor de su virtud y por la confesión de un solo Dios
sobre todas las cosas; y aquellos hombres tenían celo por todas
estas cosas en nada inferior al nuestro.
8. Ciertamente no se preocupaban de la circuncisión corporal,
ni en observar los días de reposo y de la abstención de
unos y otros alimentos como tampoco nosotros, pues todas estas cosas
fueron instituidas primeramente por Moisés para que fueran cumplidas
en simbolismo; pero ahora los cristianos no las llevamos a cabo.
Sin embargo, reconocieron al Cristo de Dios cuando, como ya hemos demostrado,
se apareció a Abraham, deliberó con Isaac, habló
con Israel y conversó también con Moisés y con
los profetas posteriores.
9. Con todo esto verás que aquellos amigos de Dios también
son dignos del nombre de Cristo, de acuerdo con la palabra dicha acerca
de ellos: «No toquéis —dijo— a mis ungidos,
ni hagáis mal a mis profetas.»
10. De tal modo, que claramente se da a entender que la primera y más
antigua religión, hallazgo de aquellos amigos de Dios seguidores
de Abraham, es justamente la enseñanza de Cristo que ahora se
anuncia a todos los pueblos.
11. Pero aunque se diga que Abraham recibió el mandamiento de
la circuncisión largo tiempo después, se debe recordar
que enteramente ya fue dado testimonio de su justicia por la fe, así:
«Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.»
12. Siendo él justificado así antes de la circuncisión,
Dios (éste era el Cristo, el Verbo de Dios) se le apareció
y le dio a conocer el oráculo acerca de los que habían
de ser justificados del mismo modo posteriormente; a ellos les prometió
como sigue: «Y serán benditas en ti todas las familias
de la tierra»; y «habiendo de ser Abraham una nación
grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones
de la tierra?»
13. Por lo tanto, es justo creer que esto se ha cumplido en nosotros,
pues él fue justificado por la fe en Cristo, el Verbo de Dios
que se le apareció; y después de abandonar las supersticiones
de sus padres y su previa vida extraviada, habiendo confesdo que Dios
es uno en todas las cosas, le sirvió con obras de virtud, pero
no por las prácticas de la Ley de Moisés que fue posterior;
y también a él, tal como era, se lo anunció: que
todas las tribus de la tierra y toda nación serían bendecidos
en él.
14. Y precisamente, en nuestros días, sólo los cristianos
por toda la tierra habitada practican aquella forma de religión
de Abraham con los hechos, que son más radiantes que las palabras.
15. De este modo, ¿qué obstáculo nos queda ya para
no reconocer que el modo de vida y la religión de los que seguimos
a Cristo son exactamente los mismos que los de los antiguos amigos de
Dios? Por lo tanto, hemos demostrado que la religión que hemos
recibido por la enseñanza de Cristo no es nueva ni extraña,
sino que, hablando con claridad, es la primera, la única y la
verdadera sea esto suficiente.
Sobre el tiempo en que Cristo se apareció a los hombres
V 1. Después de este preámbulo imprescindible para la
composición de la historia eclesiástica propuesta por
nosotros, proseguimos, como si emprendiéramos una travesía
con la manifestación de nuestro Salvador en carne, tras invocar
en nuestro auxilio, y para la veracidad de la exposición, al
Dios Padre del Verbo y a su siervo Jesucristo, Salvador y Señor
nuestro, el celestial Verbo de Dios.
2. Así pues, nuestro Señor y Salvador Jesucristo nació,
de acuerdo con las profecías, en Belén de Judá,
en el año 42 del reinado de Augusto, y en el año 28 del
sometimiento de Egipto y muerte de Antonio y Cleopatra (con ello se
extinguía la dinastía egipcia de los Ptolomeos), en el
primer censo, siendo Cirenio gobernador de Siria.
3. Flavio Josefo, el más insigne historiador judío, también
recuerda este censo de Cirenio; y además se refiere a otros acontecimientos
relativos a una secta de galileos que surgió en aquel tiempo,
la cual también menciona mucho Lucas en el libro de los Hechos
de los Apóstoles: «Después de éste, se levantó
Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos
de sí a mucho pueblo. Pereció también él,
y todos los que le obedecían fueron dispersados.»
4. De acuerdo con todo esto, el autor mencionado añade, en el
libro 18 de sus Antigüedades, las siguientes palabras textualmente:
«Pero Cirenio, miembro del Senado, después de pasar por
todos los demás cargos, siendo un cónsul grande por su
dignidad, vino a Siria con unos pocos hombres, enviado por César
como juez dc la nación y censor de los bienes.»
5. A continuación dice: «Pero Judas el galaumita, de la
ciudad de Gaula, tomando consigo al fariseo Sadoc, inició una
revuelta arguyendo que el censo sólo conducía a la esclavitud,
y exhortaba al pueblo a preocuparse por la libertad.»
6. Y él mismo escribe acerca de este tema, en la segunda historia
de Las guerras de los judíos, lo siguiente: «Entonces,
un hombre galileo, llamado Judas, instigó a una revuelta a los
habitantes del país, acusándoles porque se sometían
al pago del tributo de los romanos y soportaban soberanos mortales después
de Dios.». Todo esto según Josefo.
Cómo, según las profecías, cesó en tiempo
de Cristo la línea de los primeros gobernadores de los judíos,
y Herodes, el primer extranjero, fue su rey
VI 1. Precisamente en el momento en que Herodes tomó el gobierno
del pueblo judío (siendo el primer extranjero en ser nombrado
para este cargo) se cumplió la profecía anunciada a Moisés,
diciendo: «No faltará jefe salido de Judá, ni legislador
salido de sus muslos, hasta que llegue aquel para quien está
reservado», a quien señala como esperanza de las naciones.
2. En efecto, la predicción se mantuvo incumplida mientras pudieron
gobernar los judíos, desde el principio con Moisés hasta
el imperio de Augusto. Pero fue entonces cuando por primera vez el mando
de los judíos fue entregado a un extranjero, a Herodes, el cual
—según Josefo— era idumeo por parte de su padre y
árabe por parte de su madre; pero según dice Africano,
que no es un historiador cualquiera, los que han investigado con exactitud,
concluyen que Antipatro, padre de Herodes, era hijo de cierto Herodes
ascalón, de los heieródulos en el templo de Apolo.
3. Este Anfipatro, cuando era niño, fue apresado por unos bandidos
idumeos y vivió con ellos porque su padre, por su pobreza, no
pudo pagar por él; así es educado entre ellos, y posteriormente
entabló amistad con Hircano, sumo sacerdote de los judíos.
De él nació el Herodes del tiempo de nuestro Salvador.
4. De modo que, con la llegada al reino de los judíos de una
tal persona, también estaba a la puerta la esperanza de las naciones,
de acuerdo con la profecía, ya que con su entrada en el poder
desaparecieron los gobernantes y dirigentes según la sucesión,
entre otros, del mismo Moisés.
5. Ciertamente reinaron antes de la cautividad y la deportación
a Babilonia, empezando primero por Saúl y por David. Pero antes
de los reyes también cuidaron de ellos unos gobernantes, los
jueces, empezando a partir de Moisés y de su sucesor Josué.
6. Después del retorno desde Babilonia, dispusieron ininterrumpidamente
de una oligarquía en constitución aristocrática
(los sacerdotes estaban al frente de todo asunto) hasta que el general
romano Pompeyo, enfrentándose a Jerusalén, la sitió
por la fuerza y profanó las cosas santas, entrando en el lugar
más íntimo del templo; envió preso a Roma con sus
hijos a Aristóbulo, quien hasta el momento, siguiendo la sucesión
de su padres, era rey y sumo sacerdote, y deparó el sumo sacerdocio
a su hermano Hircano. Desde entonces el pueblo judío pasó
a ser tributario de los romanos.
7. En el momento en que Hircano, el último que sostenía
la sucesión de los sumos sacerdotes, fue apresado por los partos,
Herodes, el primer extranjero, como ya mencioné anteriormente,
recibió el pueblo judío de manos del Senado romano y del
emperador Augusto.
8. Entonces, evidentemente, tuvo lugar la venida de Cristo, acompañada,
según la profecía, de la anhelada salvación y del
llamamiento de las naciones. Desde aquel momento los gobernadores y
dirigentes de Judá —me refiero a los que pertenecían
al pueblo judío— cesaron, y consecuentemente fueron desatendidos
los asuntos del sumo sacerdocio, que con regularidad había sido
transmitido de padres a hijos en cada generación.
9. Un testigo fidedigno de todo esto lo tenemos en Josefo, el cual muestra
cómo Herodes, cuando recibió el reino de manos de los
romanos, ya no instituyó el sumo sacerdocio según el linaje
inicial, sino que concedió este honor a ciertos desconocidos.
Asimismo —añade también Josefo—, su hijo Arquelao
y los romanos que posteriormente tomaron el mando de los judíos,
obraron del mismo modo que Herodes en la institución del sumo
sacerdocio.
10. También Josefo narra cómo Herodes fue el primero en
guardar bajo su propio sello las santas vestiduras del sumo sacerdote
e impidió que los sumos sacerdotes las usaran (igualmente obraron
Anjuelao y los romanos posteriores a él).
11. Todo esto es útil para confirmar otra profecía acerca
de la manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. En el libro
de Daniel la palabra especifica el número de ciertas semanas
hasta el Cristo-príncipe (sobre esto traté en otro lugar),
y profetiza que la unción entre los judíos sería
aniquilada una vez concluidas estas semanas.
Todo esto se cumplió evidentemente con el nacimiento de nuestro
Salvador Jesucristo. Estos detalles son suficientes como preámbulo
para establecer la exactitud de las fechas.
Sobre la supuesta contradicción en los Evangelios con relación
a la genealogía de Cristo
VII 1. Debido a que Mateo y Lucas transmiten en los Evangelios la genealogía
de Cristo de diversos modos y muchos los consideran contradictorios,
y por su parte cada creyente se ha afanado en inventar alguna explicación
para justificarlos, nosotros aportamos a continuación la información
que nos ha llegado, la cual Africano (el que ya hemos mencionado) recuerda
a Arístides cuando le escribe una carta acerca de la unanimidad
de la genealogía en los Evangelios. Rechaza las opiniones de
los demás como forzadas y falsas, y redacta la información
que él ha recibido como sigue:
2. «Así pues, los nombres de las familias de Israel eran
calculados o bien por naturaleza o bien por la Ley. Por naturaleza,
según la sucesión del nacimiento legítimo; pero
se realzaba según la Ley cuando alguien engendraba un hijo en
favor de un hermano muerto sin descendencia, (pues como todavía
no habían recibido la esperanza clara de la resurrección,
imitaban la prometida resurrección que había de venir
con lo mortal, para perpetuar el nombre del difunto).
3. »En consecuencia, los que se hallan en esta genealogía
son tanto los que se sucedieron legítimamente de padres a hijos,
como los que fueron engendrados con el nombre de otros, y se hace memona
por igual de ambos; de los engendrados y de los que representa que lo
han sido.
4. »De suerte que ninguno de los dos Evangelios miente, sino que
enumeran siguiendo el linaje natural y siguiendo el linaje por la ley,
lógicamente, pues las familias de Salomón y de Natán
estaban entrelazadas debido a las resurrecciones de los que murieron
sin descendencia, de las segundas nupcias y de las resurrecciones de
los hijos; de manera que es lícito creer que unos son hijos de
distintos padres en diversas ocasiones: de los ficticios y de los reales;
concluimos, pues, que ambas genealogías son legítimamente
verdaderas y llegan hasta José con exactitud, aunque de modo
complicado.
5. »No obstante, para que quede más claro lo que hemos
expuesto, paso a explicar el enlace de las familias. Al contar las generaciones
partiendo de David y pasando por Salomón se encuentra a Matán
(tercero por el final), que engendró a Jacob, padre de José.
En cambio desde Natán hijo de David, según Lucas, el tercero
por el final es Melquí, y José era hijo de Elí,
hijo de Melquí.
6. »Ya que nuestro objetivo está fijado en José,
nos es preciso demostrar por qué razón dos personas distintas
aparecen como su padre: Jacob partiendo de Salomón y Elí
desde Natán; tenemos que ver cómo Jacob y Elí son
hermanos y cómo sus padres MatAn y Melquí parecen ser
abuelos de José, siendo ellos de distinto linaje.
7. »Matán y Melquí se casaron sucesivamente con
la misma mujer y engendraron hijos de la misma madre, pues la Ley no
prohibió que una mujer en soledad, ya fuera por haber sido repudiada
por su marido o por la muerte de éste, se casara con otro varón.
8. »Por consiguiente, de Esta (que es el nombre de la mujer según
la tradición) en primer lugar Matán (de la familia de
Salomón) engendró a Jacob, pero cuando él murió,
Melquí (de la familia de Natán) se casó con la
viuda, que, como ya dijimos, era de otra familia pero de la misma tribu.
Este tuvo un hijo, Elí.
9. »Así Jacob y Elí son hermanos de la misma madre
a pesar de pertenecer a distintas familias. Uno de ellos, Jacob, muere
sin hijos, y su hermano Elí, tomando la mujer de Jacob, engendró
de ella un tercer hijo: José. Este es por naturaleza de Elí,
y según el texto que está escrito: "Y Jacob engendró
a José"; pero según la Ley era hijo de Elí,
pues Jacob, siendo su hermano, le levantó simiente. Por lo cual
su genealogía no será invalidada.
10. »El evangelista Mateo hace el recuento como sigue: "Jacob
engendró a José"; pero Lucas, en orden inverso: "el
cual era (también añade esto) "de José, hijo
de Elí... hijo de Melquí". No podía expresar
con mayor precisión el nacimiento según la Ley; va siguiendo
hasta "Adán, hijo de Dios" y suprime el "engendró"
hasta el final, al tratar de este tipo de paternidad.
11. »Esto no son conjeturas sin fundamento, pues los padres según
la carne de nuestro Salvador, ya sea por aparentar, ya sea simplemente
por enseñar siempre siendo sinceros, nos entregaron también
lo siguiente: Unos bandidos idumeos asaltaron Escolan, ciudad de Palestina,
y se llevaron preso, junto con otros despojos del Templo de Apolo, erigido
entre los muros, a Antipatro, hijo de un tal Herodes, hiriéndolo.
Pero siéndole imposible al sacerdote satisfacer el precio del
rescate por su hijo, Antipatro fue criado en las costumbres de los idumeos,
y posteriormente entabló amistad con Hircano, el sacerdote de
Judea.
12. »Fue embajador a Pompeyo en nombre de Hircano, para el que
liberó el reino asolado por su hermano Aristóbulo; pero
él mismo fue afortunado, pues consiguió ser Epimeletes
de Palestina.
»Mas a Antipatro, asesinado por envidia de sus abundantes y buenos
éxitos, le sucedió el hijo de Herodes, quien posteriormente
fue escogido para reinar sobre los judíos por decreto de Antonio
y del senador Augusto. Herodes y los demás tetrarcas fueron hijos
suyos. En verdad, todos los detalles concuerdan con la historia de los
griegos.
13. »Ahora bien, como que todas las familias hebreas se hallaban
registradas en los archivos, incluyendo los prosélitos como Aquior
el amonita, Rut la moabita y los egipcios que partieron juntamente con
los hebreos, Herodes, al no estar en nada relacionado con la raza de
los israelitas y acuciado por su origen oscuro, mandó quemar
todos los registros de las familias, pensando que él parecería
un noble si tampoco otros podían trazar sus linajes con documentos
oficiales, hasta los patriarcas, o los prosélitos, o los llamados
geyoras, extranjeros mezclados.
14. »Pero unos pocos meticulosos se jactaban de su linaje, preservado
por tener registros privados, donde figuraban los nombres, o simplemente
por poseer alguna copia. Entre éstos se encontraban los que antes
mencionamos, los llamados despósinoi por su relación con
el linaje de nuestro Salvador; éstos expusieron la genealogía
que hemos propuesto nosotros desde el Libro de los días, hasta
donde llegaron, visitando las aldeas judías de Nazaret y Locoba
y el resto de la tierra.
15. »Sea como fuere, no se puede encontrar explicación
más clara que ésta y por esta razón yo lo creo;
asimismo toda persona bondadosa. Y a pesar de no estar atestiguada,
cuidémonos de ella, porque una más consistente no puede
explicarse. De todos modos, el Evangelio es totalmente verdadero»
16. Y al final de la misma carta expone lo siguiente: «Matán,
del linaje de Salomón, engendró a Jacob. Pero una vez
muerto Matán y Melquí, del linaje de Natán, engendró
a Elí de la mujer de su hermano. De este modo Elí y Jacob
son hermanos de la misma madre. Al morir Elí sin hijos, Jacob
le levantó simiente, y nació José, su hijo por
naturaleza, pero Elí según la Ley. En consecuencia, José
era hijo de ambos.»
17. Hasta aquí, Africano. Una vez trazada la genealogía
de José,, también se puede mostrar que María era
de su misma línea, pues según la Ley de Moisés
era ilícito entremezclar las distintas tribus y se ordenaba unir
en matrimonio con uno del mismo pueblo y de la misma tribu, para que
la heredad de la familia no pasara de una tribu a otra. Todo esto sea
suficiente para este asunto.
De la maquinación de Herodes contra los niños, y de la
catástrofe que le sobrevino
VIII 1.Así pues, al nacer Cristo, de acuerdo con las profecías,
en Belén de Judea en el tiempo indicado, los magos de oriente
consultaron a Herodes acerca del lugar donde se hallara el nacido rey
de los judíos (pues habían visto su estrella y ésta
era la razón de su viaje: adorar al recién nacido como
a Dios). Pero él fue trastornado en gran manera, pensando que
su poder peligraba y aprendiendo de los maestros de la Ley entre el
pueblo en qué lugar esperaban que naciera el Cristo.
Cuando supo que la profecía de Miqueas predecía que había
de ser en Belén, mandó matar, por decreto, a todos los
niños de pecho en Belén, y en todo lugar a los niños
de dos o menos años, según el tiempo que los magos le
comunicaron, con la intención de matar también a Jesús
entre todos los de su misma edad.
2. No obstante, el niño se anticipó al complot y fue transportado
a Egipto, porque sus padres supieron previamente lo que estaba por acontecer,
gracias a la aparición de un ángel. Todo esto también
nos lo enseña la Santa Escritura del Evangelio.
3. Pero, además, también merece la pena considerar el
pago que recibió Herodes por su audacia contra Cristo y los niños
de su edad; cómo inmediatamente después, aún estando
en vida, lo persiguió la justicia divina, mostrándole
el principio de lo que le sobrevendría después de su partida.
4. Nos es imposible enumerar con detalle en esta obra de qué
modo oscureció el supuesto esplendor de su reino con las sucesivas
desgracias familiares: los asesinatos de su esposa, de sus hijos, sus
parientes más allegados y de sus mejores amigos. Con todo esto,
cualquier idea acerca de estas calamidades sobrepasa toda representación
trágica. Josefo las explica extensamente en su historia acerca
de Herodes.
5. Sin embargo, del mismo Josefo podemos escuchar, en el Libro XVII
de sus Antigüedades de los judíos, cómo sobrevino
a Herodes el tormento que lo llevó hasta la muerte, ya desde
el mismo momento en que ideó su complot contra nuestro Salvador
y contra los otros niños. Describe la catástrofe de su
vida con las siguientes palabras: «La enfermedad de Herodes iba
creciendo más y más amarga. Dios aplicaba la justicia
a sus crímenes.
6. »Pues ciertamente era un fuego débil, de modo que no
mostraba a los que lo tocaban la inflamación que en el interior
aumentaba su quebranto. Además, un espantoso deseo de tomar algo,
sin existir nada que pudiese ayudarle, y llagas en los intestinos con
grandes dolores, especialmente en el colon, y una inflamación
húmeda y ardiente en los pies.
7. »Tenía un mal semejante alrededor del vientre, y además
sus partes pudendas se descomponían, criando gusanos. Su respiración
era irregular y muy molesta por su pesadez y por su fuerte asma; en
todos sus miembros sufría espasmos de una fuerza intolerable.
8. »En todo caso, los adivinos y los que disponen de sabiduría
para predecir estas cosas decían que Dios exigía al rey
la expiación de sus muchas infamias.» Esto es lo que expone
en su obra el autor ya mencionado.
9. Y en el libro segundo de sus Guerras de los judíos, describe
algo semejante como sigue: «Desde entonces la enfermedad, habiéndose
apoderado de todo su cuerpo, le destruía con fuertes dolores;
la fiebre era ciertamente suave, pero el escozor era insoportable por
todo el cuerpo; los dolores permanentes en el colon, los edemas en los
pies como un hidrópico y la inflamación del vientre y
la degeneración agusanada de sus partes pudendas, y además
el asma, la disnea y los espasmos en todos sus miembros. Hasta el extremo
de que los adivinos comentaban que la enfermedad era un castigo.
10. »Pero él, luchando con las enfermedades, seguía
aferrándose a la vida y con la esperanza de la salvación
imaginaba curaciones. Por ejemplo: Habiendo cruzado el Jordán,
usó las aguas termales de Calirroe, las cuales van a dar al mar
del Asfalto, y al ser dulces son potables.
11. »Allí los médicos creyeron conveniente calentar
en una bañera llena de aceite su cuerpo debilitado. Cerró
los ojos y se volvió como desfallecido. Entonces, con el gran
tumulto de sus criados, volvió en sí a su desgracia, pero
en adelante perdió toda esperanza de salvación y ordenó
que se dieran 50 dracmas a los soldados y mucho dinero a los jefes y
amigos.
12. »Luego volvió a Jericó muy melancólico
y cercano a la muerte. Pero decidió planear una acción
criminal. Mandó encerrar en el hipódromo a todos los hombres
ilustres de cada aldea de Judea, después de haberles convocado
él mismo.
13. »Poco después mandó llamar a su hermana Salomé
y a Alejandro su esposo y les dijo así: "Yo sé que
los judíos festejarán mi muerte, pero si vosotros tenéis
a bien llevar a cabo mis órdenes, puedo ser llorado por todos
y tener un funeral glorioso. Cercad con los soldados a estos hombres
que yo tengo custodiados, y en el preciso momento en que yo muera, inmediatamente
matadles para que toda Judea y cada casa llore por mí a pesar
suyo".»
14. Más adelante añade: «Posteriormente, y acosado
por el hambre y con la tos espasmódica y entristecido por tantos
dolores, ansiaba anticipar su suerte. Por esto, tomando una manzana,
pidió también un cuchillo (tenía la costumbre de
cortarla para comérsela); entonces, mirando alrededor y cerciorándose
de que no se hallaba allí nadie para impedfrselo, levantó
la diestra como para herirse.»
15. El mismo escritor añade que poco antes del final de su vida
Herodes mandó matar a otro hijo legitimo suyo, el tercero después
de los dos que ya habían sido muertos anteriormente, e inmediatamente,
entre grandes sufrimientos, pereció.
16. De este modo, ciertamente tuvo lugar el final de Herodes, castigo
justo por la matanza de los niños en Belén y por el complot
en contra de nuestro Salvador.
A continuación un ángel vino a José en sueños
en Egipto y le ordenó marchar con el niño y su madre a
Judea, informándole que los que buscaban la muerte del niño
ya habían muerto. Y el evangelista añade: «Pero
oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo
temor de ir allá; pero, avisado por revelación en sueños
se fue a la región de Galilea.»
Acerca de los tiempos de Pilato
IX 1.La toma de poder de Arquelao en sucesión de Herodes, también
está atestiguada por el historiador que ya hemos mencionado anteriormente,
y asimismo también describe cómo tomó el reino
de los judíos, en sucesión, por orden del testamento de
Herodes su padre y por la resolución de César Augusto,
y cómo, cesando al cabo de diez años, se ocuparon de sus
tetrarquías sus hermanos Felipe y Herodes el Joven, juntamente
con Lisanias.
2. También Josefo, en el Libro XVIII de sus Antigüedades,
da a entender que en el año 12 del reinado de Tiberio (después
éste accedió a todo el mando, al final de los 57 años
que lo ostentó Augusto). Poncio Pilato recibió Judea y
permaneció en el poder diez años completos, casi hasta
la muerte de Tiberio.
3. Con ello queda evidentemente refutada la ficción acerca de
nuestro Salvador, de unas memorias que se han extendido recientemente,
en las que las fechas establecidas denunciaban su falsedad.
4. Se atreven a fijar la pasión del Salvador en el cuarto consulado
de Tiberio, el cual tuvo lugar durante el año séptimo
de su reinado, pero está demostrado que en este tiempo Pilato
ni siquiera había llegado a ninguna parte de Judea, porque Josefo
(si es lícito tomarlo por testigo) indica con certidumbre en
la obra ya mencionada, que Tiberio constituyó a Pilato como gobernador
de Judea en el año 12 de su propio reinado.
Acerca de los sumos sacerdotes judíos bajo los cuales Cristo
dio a conocer su enseñanza
X 1. Así pues, nuestro Salvador y Señor Jesús,
el Cristo de Dios, comenzando su ministerio alrededor de los treinta
años, vino al bautismo de Juan y empezó la proclamación
del Evangelio en el tiempo de estos gobernadores, cuando Tiberio César
estaba en el decimoquinto año de su soberanía. Poncio
Pilato, en el cuarto año de su mandato, y en el resto de Judea
eran tetrarcas Herodes, Lisanias y Felipe.
2. La divina Escritura dice que todo el tiempo de su enseñanza
se dio siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, dando a
entender que se cumplió entre los años del servicio de
ambos. Consecuentemente comenzó durante el sumo sacerdocio de
Anás y se prolongó hasta el principio del de Caifás,
lo cual no llega a cuatro años completos.
3. Ahora bien, las instituciones de la Ley estaban anuladas en aquel
tiempo, por lo cual también se hallaba invalidada la que disponía
los cargos concernientes de por vida y por sucesión hereditaria
de padres a hijos, y en cambio los gobernadores romanos ordenaban a
otros que, a veces, no llegaban a un año de servicio.
4. De este modo, Josefo relata que entre Anás y Caifás
hubo cuatro sucesiones, y en la misma obra Antigüedades comenta
como sigue: «Valerio Grato cesó del sacerdocio a Anás
y constituyó sumo sacerdote a Israel, hijo de Fabio; pero también
a éste cambió al cabo de poco tiempo, y nombré
sumo sacerdote a Eleazar, hijo del sumo sacerdote Anás.
5. Sin embargo, después de un alio, también cesó
a éste y entregó el sumo sacerdocio a Simón, hijo
de Camilo. Pero tampoco sostuvo el honor un año entero y su sucesor
fue José, llamado también Caifás.
6. En consecuencia, se muestra que el tiempo completo de la enseñanza
de nuestro Salvador no llegó a cuatro años, ya que cumplieron
el servicio anual cuatro sacerdotes desde Anás hasta el nombramiento
de Caifás. Lógicamente, pues, la escritura del Evangelio
reconoce a Caifás como sumo sacerdote justamente en el alio de
la Pasión del Salvador, y partiendo de este punto se ve cómo
la observación anterior concuerda también con el tiempo
de la enseñanza de Cristo.
7. No obstante, nuestro Salvador y Señor llamé a los doce
apóstoles poco después de empezar su predicación;
pero a estos doce, de entre todos sus discípulos, concedió
el honor extraordinario de ser llamados apóstoles; y «después
de estas cosas, designó el Señor también a otros
setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a
toda ciudad y lugar adonde él había de ir».
Testimonios acerca de Juan y de Cristo
XI 1. La divina Escritura de los Evangelios también recuerda
que después de no largo tiempo Juan el Bautista fue decapitado
por orden de Herodes el Joven; y además Josefo lo confirmó
cuando menciona a Herodiades, y cómo siendo ella la esposa de
su hermano Herodes, se casó con ella una vez que hubo repudiado
a su primera y legítima esposa (hija de Aretas, rey de Petra)
y separado a Herodías de su marido, todavía vivo; por
ella ejecutó a Juan y además se levantó contra
Aretas, tras haber deshonrado a su hija.
2. Pero dice que en el combate, al empezar la batalla, el ejército
de Herodes quedó totalmente derrotado, y que estas cosas le sucedían
por haber actuado en contra de Juan.
3. También Josefo confiesa que Juan era justo en extremo y que
bautizaba, corroborando así lo que de él se dice en los
Evangelios. Además relata que Herodes fue expulsado de su reinado
por motivo de la mismísima Herodiades, con la que fue desterrado
y condenado a vivir en una ciudad de la Galia, en Viena.
4. Estas cosas nos las da a conocer también en el mismo Libro
XVIII de las Antigüedades con los siguientes términos: «Pero
a algunos judíos les pareció que el ejército de
Herodes había sido destruido por Dios, y que de un modo extraordinariamente
justo era castigado por su acción en contra de Juan llamado el
Bautista.
5. »Pues Herodes le mandó matar. Sin embargo, Juan el Bautista
era un hombre bueno y animaba a los judíos a cultivar la virtud,
a actuar con justicia unos a otros, a buscar la piedad, a Dios y a venir
al bautismo. De este modo consideraba aceptable el bautismo, no para
los que lo usaban para huir de ciertos pecados, sino para la pureza
del cuerpo, puesto que también su alma había estado purificada
con la justicia.
6. »La gente iba agrupándose alrededor de Juan (pues se
maravillaban al oír sus palabras), y Herodes, temiendo que una
tal persuasión sobre los hombres acabara con una revuelta (pues
parecía que actuaban en todo siguiendo su consejo), decidió
que era mejor anticiparse y hacerlo matar antes de que alguien se alzara
sobre él y luego tener que arrepentirse enredado en asunto. Por
eso Juan, por causa de la sospecha de Herodes, fue llevado cautivo a
Maqueronte, la fortaleza ya mencionada, y en ella le mataron.»
7. Una vez relatado todo esto acerca de Juan, también recuerda
a nuestro Salvador en la misma obra histórica, como sigue: «Por
aquel tiempo vivió Jesús, hombre sabio, si se puede llamarle
hombre. Pues era hacedor de extraordinarias obras y maestro de los hombres,
que recibían la verdad de buen grado, y se atrajo tanto a judíos
como a griegos.
8. »Este era el propio Cristo, pero fue condenado a la cruz por
Pilato inducido por nuestros primeros padres, aunque los que primero
le habían amado no desistieron y al tercer día se les
apareció de nuevo vivo. Todo esto e innumerables portentos más
ya los habían relatado los profetas de Dios. Además la
tribu de cristianos, que tomó el nombre de él, aún
no ha desaparecido hasta nuestros días».
9. Con todo esto, y habiendo surgido de los hebreos un escritor que
nos informa acerca del bautismo de Juan y acerca de nuestro Salvador
en su propia obra, ¿qué opción queda para los que
forjaron las Memorias contra ellos, fuera de la evidencia de su osadía?
Sea esto suficiente.
Acerca de los discípulos de nuestro Salvador
XII 1. El nombre de los apóstoles del Salvador se halló
claramente para todos en los Evangelios. Pero de los setenta discípulos
no existe ninguna lista. Se dice que Bernabé era uno de ellos.
Se le menciona especialmente en los Hechos de los Apóstoles,
y Pablo lo nombra del mismo modo en su epístola a los Gálatas.
También aparece como uno de ellos Sóstenes y el que juntamente
con Pablo escribe una espístola a los Corintios.
2. Esta información nos llega de Clemente en el libro V de su
Hypotyposeis, en la que además explica que Cefas era uno de los
setenta discípulos, de quien Pablo dice: «Cuando Cefas
vino a Antioquía le resistí en la cara», pero que
se llama igual que el apóstol Pedro por pura casualidad.
3. La tradición cuenta que también compartieron el honor
de la llamada de los setenta «Matías» (el que fue
incluido en la lista de los apóstoles en lugar de Judas) y el
otro que participé con él en la votación. También
se incluye entre ellos a Tadeo, acerca del cual nos ha llegado cierta
información que voy a exponer inmediatamente.
4. Pero si te detienes a considerarlo observarás que el número
de los discípulos del Salvador era superior a los setenta, pues
acudiendo al testimonio de Pablo, aconteció que después
de la resurrección de los muertos se apareció primero
a Cefas, luego a los doce y después a más de quinientos
hermanos juntos, de los cuales precisaba que algunos ya habían
muerto, pero que la mayoría todavía estaban en vida cuando
él escribía acerca de todo esto.
5. Posteriormente se dice se apareció a Jacobo. Sin embargo,
éste era otro de los llamados hermanos del Salvador. Después,
como además de éstos los apóstoles a imagen de
los doce fueron muchos más (como Pablo, por ejemplo), continúa
diciendo: «Después se apareció a todos los apóstoles».
Todo esto sea suficiente acerca de este asunto.
Relato acerca del soberano de Edesa
XIII 1. A continuación paso a narrar el relato acerca de Tadeo.
La noticia de la naturaleza divina de nuestro Señor y Salvador
Jesucristo se extendía a todos los hombres debido a su poder
para llevar a cabo maravillas, y atrajo a numerosas personas (incluso
a extranjeros alejados de Judea) con la esperanza de curación
de sus enfermedades y de todo tipo de sufrimiento.
2. Así se encontraba el rey Abgaro, que gobernaba muy diestramente
sobre los pueblos de más allá del Eufrates, y su cuerpo
se iba destruyendo por una enfermedad terrible e incurable dentro de
las posibilidades humanas. Por lo tanto, cuando el nombre de Jesús
llegó a él reiteradamente y también su poder testificado
por todos con unanimidad, inmediatamente se convirtió en un suplicante
suyo y le envió una carta a través de un correo pidiendo
le concediera la liberación de su enfermedad.
3. No obstante, Jesús no respondió a su llamado entonces,
pero juzgó que era digno de una carta particular en la que le
prometía enviarle a uno de sus discípulos para procurarle
la curación de su dolencia juntamente con la salvación
para él y también para todos los suyos.
4. Poco después le cumplió la promesa. Luego de la resurrección
de los muertos y la ascensión a los cielos de nuestro Salvador,
Tomás —uno de los doce apóstoles—, impulsado
por Dios, envió a Edesa como heraldo y evangelista de la enseñanza
de Cristo a Tadeo (que pertenecía a los setenta discípulos
de Cristo) y la promesa de nuestro Salvador se vio completada por medio
de él.
5. Hay testimonio escrito disponible acerca de todo esto en los archivos
de Edesa, que entonces era la ciudad de la Corte. Todo esto se halla
conservado esmeradamente hasta hoy en los documentos oficiales de aquel
lugar, que contienen los hechos antiguos y los contemporáneos
de Abgaro. De todos modos, nada será tan exacto como escuchar
las cartas que nosotros hemos sacado de los archivos y traducido del
siríaco como sigue:
Copia de la carta escrita por Abgaro a Jesús, la cual le envió
a Jerusalén a través del correo Ananías
6. «Abgaro Ucama Toparca, a Jesús, Salvador bueno que se
mostró en la región de Jerusalén, salud:
»He oído acerca de ti y de tus curaciones, llevadas a cabo
por ti mismo como si prescindieras de medicinas y de hierbas, pues según
la noticia que corre, haces que los ciegos vean y que los cojos anden,
sanas a los leprosos y echas fuera espíritus impuros y demonios,
sanas a los atormentados con enfermedades largas y resucitas muertos.
7. »Tras oír esto de ti creo que hay dos opciones. O eres
Dios y habiendo bajado del cielo llevas a cabo estas obras, o puesto
que las haces eres el hijo de Dios.
8. »Por esta razón, he escrito suplicándote que
vengas a mí y me sanes de mi enfermedad. También he sabido
que los judíos murmuran contra ti y quieren tu mal. Mi ciudad,
aunque pequeña, es responsable, y será suficiente para
ambos».
9. Así escribía estando entonces iluminado por un poco
de luz divina. Sin embargo, merece la pena escuchar la respuesta de
Jesús a través del mismo correo; una carta breve, pero
contundente.
Respuesta de Jesús a Abgaro, Toparca, por mediación del
correo Ananías
10. «Bienaventurado si creíste en Mí sin haberme
visto. Pues de mí está escrito que los que me han visto
no crean, para que también los que no me han visto crean y sean
salvos. Pero acerca de lo que me escribes que vaya a ti, me es preciso
cumplir todo mi cometido aquí, y, una vez realizado, sea tomado
al que me envió. Mas cuando haya sido tomado te enviaré
uno de mis discípulos para que te proporcione sanidad y vida
a ti y a los tuyos.»
11. A estas cartas acompañaba también lo siguiente en
siríaco: «Pero después de la ascensión de
Jesús, Judas, llamado Tomás, envió como apóstol
a Tadeo, uno de los setenta, el cual, habiendo llegado, se hospedó
en casa de Tobías hijo de Tobías. Cuando se extendió
el rumor acerca de él, se comunicó a Abgaro que había
ido a aquel lugar un apóstol de Jesús, de acuerdo con
lo prometido por carta.
12. »Así pues, Tadeo empezó con el poder de Dios
a sanar toda enfermedad y debilidad, de manera que todos quedaban maravillados.
Cuando Abgaro oyó los grandes y admirables hechos, y como sanaba,
sospechó que se trataba del discípulo del cual Jesús
le había escrito en la carta cuando le dijo: "Cuando sea
tomado arriba en el aire, enviaré a uno de mis discípulos
para sanar tu enfermedad."
13. »Mandó llamar a Tobías, en casa del cual se
hospedaba, y le dijo: "He oído que posa en tu casa un hombre
poderoso, envíamelo." Tobías se dirigió a
Tadeo y le dijo: "Abgaro, Toparca, me llamó para decirme
que te llevara a él para que le sanes." Tadeo le dijo: "Subiré
yo, que he sido enviado a él con poder."
14. »Madrugando el día siguiente, Tobías tomó
a Tadeo y fue a Abgaro.Tadeo llegó estando en pie los magnates
del rey, y en el preciso momento en que él entró se apareció
a Abgaro una gran visión de la faz del apóstol Tadeo.
Cuando Abgaro le vio se prosternó ante Tadeo, sorprendiendo a
los presentes; pues no veían la visión que sólo
se apareció a Abgaro.
15. »Entonces preguntó a Tadeo: "¿Eres tú
en verdad el discípulo de Jesús, el hijo de Dios, que
me dijo: 'Te enviaré uno de mis discípulos, el cual te
proporcionará sanidad y vida'?" Y Tadeo dijo: "Porqúe
has creído en gran manera en el que me envió, he sido
enviado a ti, y de nuevo, si creyeres en Él, tendrás los
ruegos de tu corazón."
16. »Abgaro respondió: "Hasta tal punto creí,
que hasta incluso deseé tomar un ejército y destruir a
los judíos que lo crucificaron, si no hubiera sido por el rechazo
del Imperio Romano." Pero Tadeo le dijo: "Nuestro Señor
cumplió la voluntad de su Padre."
17. »Le dijo Abgaro: "Yo también he cerído
en Él y en su Padre." Y Tadeo respondió: "Por
esta misma razón pongo mi mano sobre ti en su nombre." Y
al instante de hacerlo Abgaro fue sanado de su enfermedad y de sus sufrimientos.
18. »Abgaro se maravilló de que aquello que había
oído acerca de Jesús ahora lo confirmaba éon los
hechos, por medio de su discípulo Tadeo, el cual, prescindiendo
de medicinas y de hierbas, le sanó, y no sólo a él,
sino también a Abdón, hijo de Abdón, que tenía
gota. Este también acudió a Tadeo y, postrándose
a sus pies, fue sanado mientras suplicaba con sus manos. Tadeo también
sanó a muchos conciudadanos y anunciaba la Palabra de Dios, haciendo
maravillas y grandezas.
19. »Luego Abgaro dijo: "Tú con el poder de Dios haces
estas cosas y nosotros nos maravillamos por ellas. Pero yo también
te suplico que nos des a conocer acerca de la venida de Jesús:
cómo tuvo lugar, y de su poder, con qué tipo de poder
realizó las cosas que yo he oído."
20. »Tadeo replicó: "No hablaré ahora, pero
ya que fui enviado a proclamar la palabra, mañana reúne
a todos los ciudadanos y les predicaré sembrando en ellos la
Palabra de Vida. Entonces hablaré de la venida de Jesús;
cómo fue; de su cometido, por qué fue enviado por el Padre;
con qué poder lo hizo; de la novedad de su enseñanza,
de su pequeñez y de su humillación; cómo se humilló
a sí mismo, se desprendió de su divinidad y la empequeñeció,
y cómo fue crucificado, y cómo habiendo descendido al
Hades derribó la barrera que había estado cerrada por
los siglos y resucité muertos, y cómo a pesar de haber
descendido solo, ascendió a su Padre con una multitud, cómo
está sentado en los cielos con gloria a la diestra de Dios Padre,
y cómo vendrá de nuevo con poder para juzgar a los vivos
y a los muertos."
21. »Por lo tanto Abgaro, ordenó que al alba se reunieran
sus ciudadanos y prestaran atención al mensaje de Tadeo. También
mandó que se diera a Tadeo oro y plata no acuñada. Pero
él la rechazó con estas palabras: "Si hemos abandonado
lo nuestro, ¿cómo tomaremos lo ajeno?"»
22. «Esto tuvo lugar en el año 340».
Por el momento, este relato traducido del siríaco, no será
inútil y me parece suficiente.
http://escrituras.tripod.com/Textos/HistEcl01.htm#II
HISTORIA ECLESIÁSTICA
Eusebio de Cesarea
Libro 2
Hemos compuesto nuestro libro a partir de los de Clemente, Tertuliano,
Josefo y Filón.
Prefacio
1. En el primer libro hemos expuesto con breves pruebas todos los detalles
necesarios para el prefacio de la Historia Eclesiástica: la divinidad
del Verbo Salvador, la antigüedad de las afirmaciones de nuestra
enseñanza y cómo la conducta evangélica de los
cristianos es la más antigua; y, además, todo cuanto se
refiere a la reciente aparición de Cristo, a su ministerio antes
de la Pasión y a la elección de los apóstoles.
2. En el presente centraremos nuestra atención en los hechos
posteriores a su Ascensión. Algunos los citamos de las divinas
Escrituras, pero otros de fuentes exteriores, de documentos que mencionaremos
a su debido tiempo.
Sobre la vida de los apóstolesdespués de la ascensión
de Cristo
I 1. Así pues, el primero que fue elegido, por suerte para el
apostolado, en lugar del traidor Judas, fue Matías, el cual,
como ya demostramos, había sido discípulo del Señor.
También los apóstoles por la oración y la imposición
de manos instituyeron a siete varones acreditados para el ministerio
debido al servicio común; se trataba de Esteban y sus compañeros.
Éste fue el primero, después del Señor y casi simultáneamente
con la imposición de manos (como si fuera elevado para este mismo
servicio), en ser llevado a muerte apedreado por los que mataron al
Señor, y de este modo también fue el primero en llevar
la corona (a la que se refiere su nombre) de los mártires de
Cristo, dignos de la victoria.
2. Luego, estaba también Santiago, al que llamaban hermano del
Señor,porque fue llamado hijo de José. Sin embargo, el
padre de Cristo era José y con él estaba desposada la
Virgen; pero «antes que se juntasen se halló que había
concebido del Espíritu Santo», como enseña la Santa
Escritura de los Evangelios. Así pues, este Santiago, al que
los antiguos pusieron el sobrenombre de Justo por la excelencia de su
virtud, se da cuenta que fue el primero en recibir el trono episcopal
de la iglesia de Jerusalén.
3. Clemente, en el libro VI de las Hypotyposeis, sostiene lo siguiente:
«Dicen que Pedro, Jacobo y Juan, después de la ascensión
del Salvador, no consideraron para ellos mismos este honor, aunque eran
los más estimados por el Salvador, sino que ordenaron obispo
de Jerusalén a Santiago el Justo».
4. En el libro VII de la misma obra, el autor añade lo siguiente
acerca de Santiago: «El Señor, después de su ascensión,
entregó el conocimiento a Santiago el Justo, a Juan y a Pedro;
éstos a su vez lo entregaron a los otros apóstoles y a
los setenta; entre ellos se hallaba Bernabé.»
5. En efecto, había dos Santiagos: uno, el Justo, que fue lanzado
desde el pináculo del templo y azotado hasta morir con un garrote
batanero, y el otro, que fue decapitado. Igualmente Pablo menciona a
Santiago el Justo cuando dice por escrito: «Pero no vi a ningún
otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor».
6. Entonces también fue llevada a cabo la promesa de nuestro
Salvador, hecha al rey Osroene. Según esto, Tomás, impulsado
por Dios, envió a Tadeo a Edesa como predicador y evangelista
de la enseñanza de Cristo al mundo que hemos demostrado hace
poco en documentos escritos encontrados allí.
7. Tadeo, tras detenerse en aquel lugar, sana a Abgaro por la palabra
de Cristo y deja maravillados a todos los presentes por sus asombrosos
milagros. Y cuando los hubo dispuesto convenientemente con sus obras,
guardándolos luego hacia la veneración del poder de Cristo,
los hizo discípulos de la enseñanza del Salvador. Desde
aquel momento hasta nuestros días toda la ciudad de Edesa está
consagrada al nombre de Cristo; de este modo dan un singular ejemplo
de nuestro Salvador y de sus buenas obras para con ellos.
8. No obstante, sea suficiente lo dicho citando antiguas versiones y
vengamos de nuevo a la Divina Escritura. Así pues, con el martirio
de Esteban comenzó la primera y gran persecución de la
iglesia de Jerusalén por medio de los propios judíos.
Entonces todos los discípulos, con la sola excepción de
los doce, se esparcieron por Judea y Samaria. Algunos, de acuerdo con
la Divina Escritura, cuando llegaron a Fenicia, Chipre y Antioquía,
faltándoles todavía coraje para compartir la palabra de
la fe con los gentiles, sólo la anunciaban a los judíos.
9. Entonces Pablo todavía «asolaba la iglesia, y entrando
casa por casa arrastraba a hombres y mujeres, y los entregaba en la
cárcel».
10. No obstante, Felipe, que se hallaba entre los escogidos juntamente
con Esteban para el diaconado, siendo también uno de los esparcidos,
descendió a Samaria, y, lleno del poder de Dios, fue el primero
en anunciar la palabra a los habitantes de aquel lugar, y era tal la
divina gracia que actuaba en él, que con sus palabras persuadió
a Simón el mago y a una gran multitud.
11. En aquel momento Simón era escuchado por los ilusos de su
tiempo debido al poder de su magia, hasta el punto de creerse él
mismo que era el gran poder de Dios. Pero entonces también él,
maravillándose ante las sorprendentes proezas que Felipe realizaba
por el poder de Dios, se introdujo sigilosamente y simuló su
fe en Cristo hasta el bautismo.
12. También cabe admirar lo que todavía hoy sobreviene
a los que participan en su herejía extremadamente infame. Ellos,
de acuerdo con el método de su precursor, se introducen sigilosamente
en la Iglesia, a modo de enfermedad pestilencial y sarnosa, y corrompen
en sumo grado a los que logran inocular el virus terrible y sin remedio
que llevan escondido. Pero la mayoría ya fueron rechazados cuando
se les sorprendió en semejante maldad, del mismo modo que lo
fue Simón cuando le descubrió Pedro y le hizo pagar el
justo castigo.
13. Sin embargo, la predicación de la salvación iba avanzando
satisfactoriamente y a diario. Entonces una orden llevó fuera
de Etiopía a un funcionario de la reina. (Este país todavía
hoy, siguiendo una costumbre ancestral, es gobernado por una mujer.)
Éste fue el primer gentil que participó en los misterios
de la Palabra de Dios (habiéndosele aparecido Felipe) y las primicias
de los creyentes en toda la tierra; además, según sostiene
un documento, una vez vuelto a la tierra patria, también fue
el primero en anunciar el conocimiento del Dios del Universo y la presencia
vivificadora entre los hombres de nuestro Salvador. De este modo se
cumplía, gracias a él, la profecía que dice: «Etiopía
se apresurará a extender sus manos hacia Dios.»
14. A éstos hay que añadir a Pablo, el instrumento escogido
no de hombres ni por hombres. Este fue designado apóstol por
la revelación del propio Jesucristo y de Dios el Padre que lo
resucitó de los muertos; fue considerado digno de la llamada
por una visión y por una voz del cielo durante la revelación.
Cómo se turbó Tiberio cuando Pilato le refirió
acerca de Cristo
II 1. La noticia de la maravillosa resurrección de nuestro Salvador
y de su ascensión a los cielos era conocida ya por la mayoría.
Ahora bien, antiguamente los gobernadores de las naciones tenían
la obligación de comunicar al rey todo cuanto ocurría
fuera de lo común, a fin de que nada escapara a su conocimiento.
Por esta razón Pilato notificó a Tiberio los rumores que
corrían por toda Palestina acerca de la resurrección de
entre los muertos de nuestro Salvador Jesús.
2. Señaló también otros prodigios suyos y que ya
muchos creían: que el era Dios porque, una vez muerto, resucitó
de los muertos. Se cuenta que Tiberio lo expuso al Senado, pero éste
lo denegó, según parece, porque no había sido sometido
a prueba primero (una ley antigua ordenaba que nadie fuese divinizado
en Roma sin voto y decreto del Senado). Pero la verdad es que la enseñanza
salvadora de la predicación de Dios no precisa confirmación
ni aprobación humanas.
3. De este modo, el Senado romano rehusó la notificación
presentada acerca de nuestro Salvador. Pero Tiberio mantuvo firmemente
su primera intención y nada extraño ideó en contra
de las enseñanzas de Cristo.
4. En su Apología por los cristianos, Tertuliano, que conocía
con exactitud las leyes romanas, famoso por diversos hechos y muy notable
en Roma, redacta estas cosas escribiendo en el idioma de Roma, pero
traducido al griego. A continuación cito textualmente sus palabras:
5. «Pero a fin de poder discutir tomando como nuestra base el
origen de estas leyes, había una antigua orden según la
cual nadie debía ser consagrado como Dios por el rey antes de
ser examinado por el Senado. De este modo procedió Marco Emilio
con cierto ídolo llamado Alburno. Este hecho también corrobora
nuestro mensaje: que entre vosotros se otorga la divinidad por decisión
humana. Cuando un Dios es desagradable a los hombres, no llega a ser
Dios. Según esto es preciso que el hombre sea fávorable
a Dios.
6. Así pues, Tiberio, en tiempos del cual entró en el
mundo el nombre de cristianos, en el momento en que le fue anunciada
esta doctrina que venía de Palestina —pues allí
empezó—, se la comunicó al Senado, mostrándoles
que a él le agradaba esta doctrina. No obstante, el Senado la
rehusó por no haberla aprobado antes. Pero Tiberio persistió
en su decisión anterior y amenazó con la muerte a los
acusadores de los cristianos».
La providencia celestial, según su propio plan, puso esto en
el pensamiento de Tiberio, para que la palabra del Evangelio, sin obstáculos,
recorriera todos los rincones de la tierra.
Cómo la palabra de Cristo recorrió todos los rincones
del mundo en breve tiempo
III 1. De este modo la palabra salvadora iluminó de una vez toda
la tierra, a manera de un rayo de sol, por un poder y un socorro del
cielo. En ese mismo instante, de acuerdo con las Divinas Escrituras:
«Por toda la tierra ha salido la voz» de sus evangelistas
inspirados y apóstoles, «y hasta los fines de la tierra
sus palabras».
2. Así pues, en toda ciudad y aldea, como en una era repleta,
se formaban, simultáneamente, iglesias con muchísimos
asistentes, aquellos que por sucesión hereditaria y por el extravío
original tenían sus almas encadenadas a la antigua epidemia de
la superstición idolátrica, y gracias al poder de Cristo,
y por medio de la enseñanza y los milagros de sus discípulos,
abandonaron los ídolos como si se tratara de amos terribles,
habiéndose ya liberado de sus amargas prisiones; además
desecharon definitivamente todo politeísmo demoníaco y
confesaron la existencia de un solo Dios, el Creador de todas las cosas.
A este Dios veneraban con los ritos de la piedad verdadera, siguiendo
un culto divino e inteligente: el que nuestro Salvador había
engendrado en la vida de los hombres.
3. Así pues, la gracia divina ya se esparcía por todos
los pueblos y especialmente en Cesarea de Palestina, donde primero Cornelio
con toda su casa recibió la fe en Cristo gracias a una aparición
divina y al servicio de Pedro. En Antioquía también recibieron
la palabra gran número de griegos, a los cuales habían
predicado los que fueron esparcidos en el tiempo de la persecución
contra Esteban. Por aquel entonces, cuando la iglesia de Antioquía
florecía y aumentaba, hallándose allí muchos profetas
de Jerusalén, y juntamente con ellos Bernabé, Pablo y
otros muchos hermanos, surgió por primera vez el nombre de «cristiano»,
brotando de esa iglesia como si se tratara de un manantial vivo y fecundo.
4. También Ágabo se encontraba entre estos profetas y
profetizaba de un hambre que había de tener lugar en poco tiempo,
y por esto Pablo y Bernabé fueron envialos para cuidarse del
servicio de los hermanos.
Cómo, después de Tiberio, Cayo nombró rey de los
judíos a Agripa y castigó a Herodes con el destierro perpetuo
IV 1. Tiberio, después de haber reinado unos veintidós
años, murió. Cayo le sucedió en el mando e inmediatamente
impuso a Agripa la diadema del gobierno de los judíos y le hizo
rey sobre las tetrarquías de Felipe y Lisanias, añadiendo
poco después la de Herodes (éste era el Herodes del tiempo
de la Pasión del Salvador), el cual, juntamente con su mujer,
Herodías, fue castigado al destierro perpetuo por la gran cantidad
de sus delitos. Josefo también da testimonio de estos detalles.
2. Por entonces Filón cobraba gran fama entre muchos, y era sobresaliente,
no sólo entre los nuestros, sino también entre los que
disponían de una instrucción pagana.
Y, a pesar de su origen hebreo, en nada fue inferior a los que en Antioquía
eran ilustres por su madurez.
3. En su obra se aprecia claramente la extensión y la calidad
del trabajo que dedicó a sus estudios divinos patrios; tampoco
se puede decir nada acerca de su instrucción filosófica
y liberal de los paganos, puesto que, según se cuenta, superaba
a todos sus contemporáneos, principalmente en su gran celo por
el estudio de Platón y de Pitágoras.
Cómo Filón hizo una embajada a Cayo en favor de los judíos
V 1.Este Filón relata en cinco libros todo lo acontecido a los
judíos en tiempos de Cayo, refiriendo además la locura
de Cayo cuando se autodenominó Dios y cometió innumerables
ultrajes estando en el gobierno.
También añade las desgracias de los judíos durante
su mandato, y la embajada que Filón mismo llevó a cabo,
enviado desde Roma, en favor de sus hermanos de raza en Alejandría.
Cuenta cómo se personó ante Cayo para defender las leyes
patrias, pero únicamente obtuvo burlas y sarcasmos y poco le
faltó para perder la vida en esta empresa.
2. Josefo también hace referencia a estos hechos en el libro
XVIII de sus Antigüedades. Textualmente dice: «Y como tuviera
lugar una querella en Alejandría entre los judíos que
vivían allí y los griegos, eligieron tres embajadores
de cada partido para acudir a la presencia de Cayo.
3. «Entre los embajadores alejandrinos se hallaba Apión,
el cual maldecía en gran manera a los judíos, argumentando,
entre otros detalles, que le desdeñaban el culto al César
porque todos los que estaban bajo el imperio romano construían
altares y templos a Cayo y lo consideraban en todo aspecto como a los
dioses; sin embargo, los judíos eran los únicos en pensar
que era indigno honrarle con estatuas y hacer juramento por su nombre.
4. »Apión pronunció muchas y severas palabras evidentemente
con la esperanza de provocar a Cayo; pero Filón, el principal
de la embajada de los judíos (varón célebre en
todas las cosas, y hermano del albarca Alejandro y conocedor de la filosofía),
era capaz de responder en su defensa en estas ocasiones.
5. »No obstante, Cayo le interrumpió y le mandó
alejarse. Estaba muy irritado y era manifiesto que iba a acarrearles
algún mal. Filón salió afrentado y dijo a los judíos
que le acompañaban, que era necesario cobrar fuerzas, pues Cayo,
aunque se había irritado con ellos, de hecho estaba marchando
en contra de Dios».
6. Hasta aquí Josefo. El mismo Filón, en su obra Embajada,
también nos muestra en detalle y con exactitud lo que él
hizo entonces. Dejaré la mayoría de los hechos, y presentaré
únicamente aquellos que pueden demostrar todo cuanto sobrevino,
de una vez y en corto espacio de tiempo, a los judíos debido
a su crimen en contra de Cristo.
7. Primeramente cuenta que en tiempo de Tiberio, y en la ciudad de Roma,
Sejano, con una gran influencia por entonces sobre el emperador, decidió
celosamente destruir toda la raza, y que también en Judea, Pilato,
bajo quien se llevó a cabo el crimen contra el Salvador, realizando
alguna intentona acerca del templo, que se hallaba todavía en
Jerusalén, en contra de todo lo que era lícito a los judíos,
los perturbó en extremo.
Acerca de los males que desembocaron sobre los judíos después
de su crimen contra Cristo
VI 1. Después de muerto Tiberio, Cayo tomó el mando y
llevó a cabo innumerables afrentas contra muchos, pero muy especialmente
para dañar sobremanera a toda la raza judía. No obstante,
será mejor escuchar las palabras de Filón, las cuales
cito brevemente:
2. «Así el carácter de Cayo era para con todos muy
caprichoso, pero en mayor grado para con el pueblo judío, a quienes
odiaba profundamente. Empezando en Alejandría, y siguiendo en
otras ciudades, les usurpé las sinagogas, llenándolas
de imágenes y de estatuas con su propia figura (pues quien a
otros permitía colocarlas, él mismo se las construía
con su poder), pero en la Ciudad Santa, el templo, intacto hasta entonces
porque lo hablan tenido por signo de toda inviolabilidad, lo cambió
y lo transformó en un templo de su propiedad para que fuera llamado
"Templo de Cayo, Nuevo Zeus Epífano".»
3. Filón también refiere otras incontables e indescriptibles
desgracias que agobiaron a los judíos en Alejandría por
aquel entonces, en su segundo libro titulado Sobre las virtudes. Josefo
corrobora sus palabras cuando señala, del mismo modo, que las
desgracias de todo el pueblo empezaron en los tiempos de Pilato y de
los crímenes contra el Salvador.
4. Escucha, pues, lo que expone literalmente en el libro II de su Guerras
de los judíos: «Pilato, que había sido enviado por
Tiberio a Judea como gobernador, introdujo en Jerusalén, durante
la noche y a escondidas, las efigies del César llamadas enseñas.
Al día siguiente, este acto provocó gran confusión
entre los judíos. Pues ellos quedaron fuera de sí al ver
cómo habían sido pisoteadas sus leyes, porque no permiten
en absoluto que se erijan imágenes en la ciudad».
5. Asimismo, si comparas todos estos detalles con las Escritaras de
los Evangelios, notarás que pronto fueron alcanzados por el grito
que pronunciaron ante el propio Pilato, con el que clamaban que no tenían
a otro rey que César.
6. A continuación el mismo autor narra otra desgracia que sobrevino
a los judíos, del siguiente modo: «Luego inició
otro desorden al gastar todo el tesoro sagrado, llamado corbán,
para traer agua desde la distancia de trescientos estadios. Esto provocó
la irritación del pueblo.
7. »Y, cuando Pilato llegó a Jerusalén, le rodearon
gritando todos a un mismo tiempo. Pero él ya presentía
este alboroto, por lo que hizo mezclar entre el pueblo a varios soldados
armados disfrazados con ropa de paisano, ordenándoles que no
usaran sus espadas, pero que debían golpear con palos a los que
vociferaban. Desde su estrado dio la señal convenida. Entonces
muchos judíos heridos murieron, unos por los golpes, y otros
al ser aplastados por los suyos en la huida. La multitud, consternada
por la desgracia de los que perecieron, guardó silencio.»
8. El mismo autor nos informa de muchas otras sublevaciones suscitadas
en Jerusalén, además de las que ya hemos mencionado, e
incluso declara que desde entonces ya nunca faltaron, ni en la ciudad
ni en toda Judea, revueltas, guerras y maquinaciones de unos contra
otros, hasta el momento final en que le sobrevino el asedio de Vespasiano.
De este modo, pues, la justicia de Dios perseguía a los judíos
por sus crímenes contra Cristo.
Cómo también Pilato se suicidó
VII No debemos pasar por alto la tradición según la cual
el mismo Pilato de los tiempos del Salvador se vio arrojado en tan grandes
desgracias cuando Cayo estaba en el poder (cuya época tratamos
anteriormente), que no encontró otra salida fuera de suicidarse
y convertirse en ese modo en vengador de sí mismo.
Por lo visto, la justicia divina lo alcanzó en poco tiempo; esto
lo relatan también los griegos en las olimpíadas, junto
con los acontecimientos de cada época.
Acerca del hambre en tiempos de Claudio
VIII 1. Cayo no había cumplido el cuarto año en el poder
cuando le sucedió como emperador Claudio. Durante el reinado
de éste el hambre cayó sobre el mundo. (Esto también
lo presentan en sus relatos los escritores más lejanos a nuestra
doctrina.) De este modo se cumplió finalmente la predicación
del profeta Agabo, el cual, según los Hechos de los Apóstoles,
anunciaba que pronto tendría lugar en todo el mundo una gran
hambre.
2. El hambre de los tiempos de Claudio la menciona Lucas en Los Hechos,
y cuenta que los hermanos de Antioquía enviaron ayuda, cada uno
de acuerdo con sus posibilidades, a los que estaban en Judea, por mediación
de Pablo y Bernabé. Asimismo, añade lo siguiente:
Martirio del apóstol Santiago
IX 1. «En aquel mismo tiempo (evidentemente el de Claudio), el
rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.
Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.»
2. Ahora bien, acerca de este Jacobo, Clemente, en el libro VII de sus
Hypotyposeis, ofrece un relato digno de mención, según
parece a partir de una tradición anterior a él mismo.
Dice que el que le había denunciado, emocionándose al
presenciar su testimonio, confesó que «él también
era cristiano».
3. Y sigue: «Así pues, ambos fueron llevados juntos; y
por el camino, el que le entregaba pidió perdón a Jacobo,
y él, tras observarle un momento, le dijo: "La paz sea contigo",
y le besó. De este modo ambos fueron decapitados juntos.»
4. Entonces, como dice la Divina Escritura, al ver Herodes que el acto
de asesinar a Jacobo agradó a los judíos, intentó
rematarlo con Pedro; lo hizo prisionero, y hubiera llevado a cabo el
asesinato, de no haber sido por una manifestación divina, en
la que un ángel se le apareció durante la noche y le sacó
de las prisiones milagmsamente, libertándolo para el ministerio
de la predicación. Así fue el plan divino para Pedro.
Cómo Agripa, llamado también Herodes, tras perseguir a
los apóstoles,inmediatamente sufrió el castigo de Dios
X 1. Pero la ejecución del rey contra los apóstoles no
llegaba con dilación alguna, y muy pronto el ministro vengador
de la justicia divina le dio alcance. Al punto, poco después
de su maquinación contra los apóstoles, de acuerdo con
los Hechos, se encaminó a Cesarea, el último día
de la fiesta, y habló ante los asistentes, elevado en una plataforma.
Todo el pueblo le aplaudió por su discurso como si se tratara
de la Palabra de Dios y no de un hombre, pero justo entonces (cuenta
la Escritura) un ángel del Señor le hirió, y, convirtiéndose
en pasto de gusanos, murió.
2. Es admirable el hecho de que la Escritura Divina y la obra de Josefo
coincidan en este relato. Es evidente que da un testimonio verdadero
en el libro XIX de sus Antigüedades; en este punto narra este maravilloso
suceso con las siguientes palabras:
3. «Había terminado el tercer alio de su reinado sobre
toda Judea y estaba en Cesarea, que anteriormente se llamaba torre de
Estrabón. Allí celebraba los certámenes en honor
del César, sabiendo él que esa fiesta se llevaba a cabo
a la salud de aquél, y a ella acudía una multitud de personas
que ocupaban cargos públicos y de dignatarios de la región.
4. »El segundo día de los certámenes, vestido con
ropas de plata (era un tejido maravilloso), entró en el teatro
al empezar el día. Entonces la plata, iluminada por los primeros
rayos del sol, refulgía maravillosamente y brillaba de tal modo
que infundía terror y estremecimiento a los que miraban atentamente.
5. »Inmediatamente los aduladores (sin ningún tipo de unanimidad)
levantaron sus voces, totalmente inútiles para él, llamándole
Dios, y añadiendo: "¡Sé propicio! Hasta este
momento te hemos tenido como hombre, pero ahora te confesamos superior
a la naturaleza mortal."
6. »El rey no se inmuté por ellos ni rehusó la impía
adulación. Poco después levantando los ojos vio a un ángel
que revoloteaba por encima de su cabeza. Inmediatamente se dio cuenta
que éste era el origen de sus males, el que en otra ocasión
lo había sido de sus bienes. Una profunda tristeza inundó
su corazón.
7. »Entonces un dolor repentino le nació en el vientre,
empezando ya con una gran intensidad. Fijando sus ojos en sus amigos,
dijo: Yo, vuestro Dios, acabo de recibir la orden de entregar mi vida.
El hado ha rechazado rápidamente las falsas palabras que habéis
usado acerca de mi persona. A quien vosotros mismos habéis llamado
inmortal, ahora ya está descendiendo hacia la muerte; aceptemos,
pues, el destino que Dios ha decidido. Pues no he vivido necesitado,
sino en un largo bienestar."
8. »Pero a medida que iba hablando, el dolor seguía atormentándole;
rápidamente fue introducido en el palacio, y el rumor de que
estaba por morir llegó a todos en muy poco tiempo. Entonces la
multitud, incluyendo las mujeres y los niños, se sentó
sobre sacos, siguiendo las costumbres patrias, para suplicar a Dios
por su rey. Todo resonaba lleno de gemidos y lamentos. Por su parte,
el rey, acostado en el dormitorio alto, no pudo retener sus lágrimas
al ver a toda la multitud inclinada y postrada.
9. »Finalmente entregó su vida, atormentado por un dolor
(en el vientre) de cinco días, a la edad de cincuenta y cuatro
años y en el séptimo de su reinado. Reinó cuatro
años bajo el César Cayo, ostenté el cargo de la
tetrarquía de Felipe durante tres y en el cuarto tomó
la de Herodes. Siguió reinando tres años más bajo
el imperio del César Claudio».
10. Estoy en gran manera sorprendido de ver cómo Josefo se corresponde
con las Divinas Escrituras en este y en otros asuntos. Y a pesar de
que algunos piensen que no coinciden en el nombre del rey, el tiempo
y los hechos indican una misma persona. La discrepancia del nombre se
debe a un error gráfico o a la posibilidad de que él tuviera
dos nombres, como muchos otros.
Acerca del impostor Teudas
XI 1. Como sea que Lucas, en los Hechos, presenta a Gamaliel, el cual,
hallándose en la discusión acerca de los apóstoles,
dijo que en el tiempo indicado se levantó Teudas diciendo que
era alguien, pero que cuando él fue derribado también
los que habían sido convertidos por él se esparcieron,
merece la pena que lo comparemos con los escritos de Josefo, pues en
la obra que acabamos de mencionar refiere los mismos hechos del siguiente
modo:
2. «En tiempos de Fado, procurador de Judea, un impostor, llamado
Teudas convenció a una gran muchedumbre para que, tras tomar
sus posesiones, le siguieran hasta el río Jordán, porque
él afirmaba ser profeta y que separaría el río
(con sólo ordenarlo) para hacerles un paso fácil. Hablando
de este modo embarcó a muchos.
3. »Pero Fado no permitió que gozaran de su locura, sino
que les envió un escuadrón de caballería que, cayendo
sobre ellos sin previo aviso, a muchos matamn y a otros tomaron vivos,
mientras que al propio Teudas, tras atraparlo vivo, le cortaron la cabeza
y la llevaron a Jerusalén.» Josefo se refiere también
acerca del hambre de los tiempos de Cayo con las siguientes palabras:
Acerca de Elena, reina de Adiabene
XII 1. «Por aquel tiempo sucedió que en Judea había
una gran hambre, y durante ella la reina Elena gastó mucho dinero
para comprar trigo de Egipto, el cual repartía a los pobres.»
2. Notarás que todo esto concuerda con el relato de los Hechos
de los Apóstoles, en el cual se halla que los discípulos
en Antioquía decidieron enviar alguna ayuda (cada uno dentro
de sus posibilidades) a los que vivían en Judea, y lo llevaron
a cabo enviándolo a los ancianos por mediación de Bernabé
y de Pablo.
3. En los suburbios de Elia, aun ahora se encuentran grandes columnas
de esta Elena que el autor ha mencionado. Se dice que era reina de Adiabene.
Acerca de Simón el mago
XIII 1. No obstante, como fuera que la fe en nuestro Salvador y Señor
Jesucristo se divulgaba ya entre todos los hombres, el Enemigo de la
salvación de los hombres condujo a Simón (al que ya mencionamos
anteriormente) a la ciudad imperial, con la intención de apresarle
de antemano. Y de este modo, apoyando a ese hombre en sus hábiles
encantamientos, consiguió apoderarse para el extravío
de muchos habitantes de Roma.
2. Justino, que fue persona notable de nuestra doctrina poco después
de los apóstoles, también muestra este hecho. A este autor
lo iremos citando cuando sea preciso. En su primera Apología,
dirigida a Antonio, escribe lo siguiente en defensa de nuestras creencias:
3. «Después de la ascensión del Señor al
cielo, los demonios compelían a algunos hombres a llamarse a
sí mismos dioses, y a éstos no sólo no perseguiste
sino que han sido tenidos por dignos de veneración. Cierto Simón,
samaritano, de la aldea llamada Gibón, realizaba, en tiempos
del césar Claudio, milagros mágicos por arte de los demonios
que operaban en él; fue considerado dios en Roma, nuestra ciudad
real, y como tal fue honrado entre vosotros con una estatua en el río
Tíber entre los dos puentes, con la siguiente inscripcién
en latín: "SIMONI DEO SANCTO", lo que significa: A
Simón, el dios santo.
4. »Y casi todos los samaritanos, e incluso algunos de otros pueblos,
le reconocen y adoran como el primer Dios. También decían
que una tal Elena, que por entonces iba con él, aunque anteriormente
había estado en un prostíbulo —en Tiro de Fenicia—
era el Primer Pensamiento producido por él».
5. Esto es lo que expone Justino, y con él está de acuerdo
Ireneo en su primer libro Contra las herejías, donde describe
a este hombre junto con su enseñanza sacrílega y malvada.
Sería excesivo referirla en la presente obra, cuando todos los
interesados en el origen, las vidas y los falsos principios de los heresiarcas
que le siguieron, juntamente con sus formas de actuar, pueden encontrarlos
en el libro de Ireneo que ya hemos mencionado.
6. Así pues, la tradición ha llegado hasta nosotros según
la cual Simón fue el primer iniciador de toda herejía.
Y desde él mismo hasta nuestros días, cuantos toman parte
en sus herejías y fingen la filosofía de los cristianos,
sensata y conocida por todos por su máxima pureza de vida, no
se aferran menos que antes a la superstición idolátrica
de la que se creían libres; pues se inclinan ante escritos e
imágenes de Simón y de la mencionada Elena que andaba
con él; además se dedican a prestarles culto con incienso,
sacrificios y libaciones.
7. En cuanto a sus obras más secretas, se dice que quien las
escucha por primera vez queda horrorizado; y, según un escrito
que corre entre ellos, ciertamente están repletas de espanto,
de extravío mental y locura y tan terribles son, que no sólo
no es posible consignarlas por escrito, sino que un hombre sobrio no
puede mencionarlas con sus propios labios, debido a su exagerada obscenidad
y sus perversas obras.
8. De modo que cualquier cosa vergonzosa e infame que se pueda imaginar
es claramente superada por la repugnante herejía que profesan
estos hombres, que abusan de mujeres dignas de misericordia y ciertamente
oprimidas por todo tipo de males.
Acerca de la predicación del apóstol Pedro en Roma
XIV 1. En aquel tiempo el malvado Poder que odia el bien y es enemigo
de la salvación de los hombres, alzó a Simón, el
padre y creador de estos grandes males, como el gran rival de los grandes
y divinos apóstoles de nuestro Salvador.
2. A pesar de ello, la gracia divina y celestial acudió a ayudar
a sus siervos y apagó la llama del maligno con la manifestación
y la presencia de ellos, y por su mediación humilló y
abatió «toda altivez que se levanta contra el conocimiento
de Dios».
3. Por esta razón ninguna urdimbre, ni de Simón ni de
cualquier otro que por aquel tiempo las producían, consiguió
sostenerse en aquellos días apostólicos, pues todo lo
vencía y dominaba el resplandor de la verdad y el mismo verbo
Divino, el cual justamente entonces, viniendo de Dios, había
brillado sobre los hombres, floreciendo en la tierra y habitando con
sus apóstoles.
4. Inmediatamente, el encantador que hemos mencionado, como herido en
los ojos del entendimiento por su destello divino y su entendimiento
cuando ya habían sido descubiertas por el apóstol Pedro
sus maquinaciones en Judea, emprendió un viaje muy largo al otro
lado del mar y fue huyendo de Oriente a Occidente, con la certidumbre
de que únicamente allí podría seguir viviendo de
acuerdo con sus ideas.
5. Entonces llegó a la ciudad de Roma, y allí, secundado
por el gran poder estatal en aquel lugar, en muy poco tiempo consiguió
un éxito total, e incluso se le honró dedicándosele
una estatua como a un dios.
6. A pesar de ello, no progresó por mucho tiempo, pues, siguiendo
sus pasos y durante el mismo reinado de Claudio, la providencia universal,
perfectamente buena y amante en extremo de los hombres, guiaba la mano
hacia Roma, como contra un tan grave agente destructor de la vida, del
animoso y gran apóstol Pedro, el cual es el portavoz de todos
los demás, gracias a su virtud. Él, como valeroso capitán
de Dios y bien provisto de las armas divinas, llevaba de Oriente a los
habitantes de Occidente la preciosa mercancía de la luz espiritual,
predicando la luz y la Palabra salvadora de almas: la proclamación
del reino de los cielos.
Acerca del Evangelio de Marcos
XV 1. De este modo, pronto desapareció y fue exterminado el poder
de Simón, y él mismo, porque la Palabra de Dios moraba
entre aquellos hombres. Pero la luz de la religión de Pedro resplandeció
de tal modo en la mente de sus oyentes, que no se contentaban con escucharle
una sola vez, ni con la enseñanza oral de la predicación
divina, sino que suplicaban de todas maneras posibles a Marcos (quien
se cree que escribió el Evangelio y era compañero de Pedro),
e insistían para que por escrito les dejara un recuerdo de la
enseñanza que habían recibido de palabra, y no le dejaron
tranquilo hasta que hubo terminado; por ello vinieron a ser los responsables
del texto llamado «Evangelio según Marcos».
2. Se dice que también este apóstol, cuando por revelación
del Espíritu tuvo consciencia de lo que había llevado
a cabo, comprendió el ardor de ellos y estableció el texto
para el uso en las iglesias. Clemente, en el libro VI de sus Hypotyposeis,
refiere este hecho, y el obispo de Hierápolis, llamado Papías,
lo confirma con su testimonio. Pedro menciona a Marcos en la primera
Epístola, la cual dicen que fue escrita en Roma; y el mismo Pedro
lo indica cuando la llama metafóricamente Babilonia, como sigue:
«La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con
vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan.»
Cómo Marcos fue el primero en predicar el conocimiento de Cristo
a los egipcios
XVI 1. Este Marcos se dice que fue el primero en ir enviado a Egipto
y en anunciar el Evangelio que previamente había escrito, y que
establecía iglesias, siendo la primera la de Alejandría.
2. Es más, fue tal la multitud de hombres y mujeres que creyeron
en aquel lugar, ya desde el mismo principio, y con un ejercicio tan
enormemente filosófico, que Filón pensó que merecía
la pena mencionar por escrito sus ocupaciones, sus reuniones, sus banquetes
en común y toda su manera de vivir.
Los hechos que Filón narra acerca de los ascetas en Egipto
XVII 1. Se dice que Filón fue a Roma en tiempos de Claudio para
encontrarse con Pedro, que entonces se hallaba predicando a los habitantes
de aquella ciudad. Y esto no es en absoluto improbable, pues la obra
que mencioné antes (la que llevó a cabo posteriormente,
después de largo tiempo) claramente contiene las ordenanzas de
la Iglesia que han sido observadas hasta nosotros.
2. Y cuando relata con tanta exactitud la vida de nuestros ascetas,
aparece manifiestamente que no sólo conocía, sino que
incluso admitía, reverenciándoles y honrándoles,
a los hombres apostólicos de aquel tiempo, hebreos, según
parece, y que por esta razón seguían conservando la gran
mayoría de las costumbres de los judíos.
3. Primeramente anuncia Filón decididamente en el libro titulado
De la vida contemplativa o Suplicantes, que no tiene intención
de añadir a su relato nada fuera de la verdad ni de su propia
invención. Dice que a aquellos varones se les llamaba «terapeutas»,
y a las mujeres que se hallaban con ellos «terapeutisas»;
además añade las siguientes razones de este apelativo:
o bien porque a modo de médicos libraban de la enfermedad del
mal a las almas de los que a aquellos acudían, sanándolos
y cuidándolos, o bien debido a su limpio y puro servicio y culto
a la Divinidad.
4. Así pues, no es preciso extenderse para decidir si este nombre
lo estableció Filón mismo de acuerdo con el comportamiento
de ellos, o si ya desde un principio se les llamó así,
puesto que aún no se había usado en todo lugar el nombre
de cristianos.
5. De todos modos, el testimonio de cómo ellos en primer lugar
se alejan de las riquezas, asegurando que, cuando se inician en este
modo de pensar, hacen entrega de los bienes a sus parientes, entonces,
exentos de toda inquietud por la vida y saliendo fuera de las murallas,
viven en campos solitarios y en huertos, porque son conscientes del
carácter inútil y perjudicial del trato con las personas
de diferente opinión. Parece ser que los que entonces actuaban
así, se afanaban por imitar la vida de los profetas en su fe
animosa y ardiente.
6. Pues también en los Hechos de los Apóstoles (que es
un libro reconocido) se expone que todos los seguidores de los apóstoles,
vendiendo sus bienes y sus posesiones, los distribuían entre
todos a cada uno según su necesidad, de modo que no hubiera entre
ellos ningún pobre. De este modo, según dicen los Hechos,
porque todos poseían heredades o cosas, las vendían y
traían el precio de lo vendido y lo ponían a los pies
de los apóstoles, para que se repartiera a cada uno según
su necesidad».
7. Pero Filón, tras dar testimonio de obras semejantes a las
mencionadas, añade lo que sigue textualmente: «Así
pues, este tipo de personas se encuentra en muchos puntos de la tierra,
porque era preciso que tanto griegos como bárbaros, tuvieran
parte en el bien perfecto. No obstante, son muy numerosos en Egipto
en cada "nomos", y principalmente en Alejandría.
8. »Los más importantes en todo lugar, eran enviados como
colonia a una región en extremo favorable, como si fuera a una
tierra de terapeutas. Esta región se halla junto al lago Mareya,
que yace sobre una pequeña colina, y en gran manera apta gracias
a la estabihdad y templanza del aire.» Prosigue describiendo sus
hogares, y dice lo siguiente acerca de las iglesias de aquella región:
9. «En cada casa hay una habitación sagrada, la cual se
llama oratorio privado y monasterio, y allí a solas se llevan
a cabo los misterios de la vida santa. En esta dependencia no introducen
ni bebidas ni alimentos ni cosa alguna indispensable para el cuerpo,
sino leyes, revelaciones anunciadas por los profetas, himnos, y todo
cuanto es útil para el crecimiento y la perfección del
conocimiento y de la religión». Después de otros
detalles dice:
10. «Dedican todo el tiempo, desde el alba hasta la puesta de
sol, a estos ejercicios. Reflexionan sobre las Santas Escrituras, estudian
y explican la filosofía patria con alegorías, porque creen
que la expresión oral es figura de la naturaleza encubierta,
que es inteligible por medio de alegorías.»
11. Tienen también en su poder los escritos de antiguos varones
que establecieron la secta y dejaron numerosos documentos de sus enseñanzas
en forma alegórica. Ellos los usan a modo de ejemplo y los imitan
en su forma de pensar.
12. Con estas palabras parece describirlo el hombre que escuchó
su exposición de la Santa Escritura. Pero quizás los escritos
de los antiguos, de los que dicen que disponían, fueran los Evangelios,
los escritos de los apóstoles y algunos comentarios de los profetas,
como los que se encuentran en la «Espístola a los Hebreos»
y en otras cartas de Pablo.
13. A continuación Filón relata cómo escribían
nuevos salmos: «De tal manera que no se limitan a la simple comtemplación,
sino que incluso componen canciones e himnos a Dios, usando todo tipo
de metros y melodías, pero figurándolos forzosamente con
números graves».
14. En esta obra se explican muchos más detalles acerca de este
asunto, pero me ha parecido oportuno referir sólo puntos concernientes
a las características de la vida de la Iglesia.
15. Sin embargo, si alguien cree que la conducta que hemos expuesto
no es apropiada a la vida según el Evangelio, y que en cambio
corresponde también a otros fuera de los ya mencionados, se persuadirá
con las siguientes palabras de Filón, en las que, si es honrado,
apreciará un testimonio innegable sobre este tema; escribe como
sigue:
16. «En primer lugar, toman el dominio propio como fundamento
del alma y las otras virtudes las sobreedifican. Ninguno tomaría
bebida ni comida antes de la puesta del sol, porque creen que la reflexión
es digna de la luz, pero en cambio las necesidades del cuerpo lo son
de las tinieblas. Por ello reservan el día para aquel ejercicio
y una breve fracción de la noche para éstas.
17. »Algunos llegan al extremo de olvidar su alimentación
durante tres días; en éstos las ansias de conocimiento
se hallan mucho más establecidas; pero otros, hasta tal punto
se regocijan y se gozan en la comida intelectual que les provee doctrina
con gran riqueza y opulencia, que, por las costumbres, persisten doble
tiempo y Iras seis días apenas gustan el alimento necesario».
Creemos que estas palabras de Filón conciernen cierta e indudablemente
a los nuestros.
18. Sin embargo, si alguien, tras considerar todo esto, todavía
se obstinara en oponerse, sea él también liberado de su
incredulidad convenciéndose con pruebas más evidentes,
las cuales no se encuentran en todas partes, sino únicamente
en el culto cristiano según el Evangelio.
19. Así pues, dice que también viven mujeres con aquellos
hombres que ha mencionado, y que de ellas, la mayoría llegan
vfrgenes a la edad avanzada, sin mantener su castidad por imposición,
como ocurre con algunas sacerdotisas griegas, sino más bien por
decisión voluntaria, por su celo y su anhelo de sabiduría,
con la que se dedican a vivir despreocupadas de los placeres corporales
y deseosas de conseguir hijos inmortales (no mortales), los cuales sólo
puede engendrar por sí misma el alma que ama a Dios.
20. Poco después presenta más claramente lo siguiente:
«No obstante, la exégesis de las Santas Escrituras y sus
símbolos los reciben con alegría. Pues estos hombres creen
que toda ley es como un ser vivo: su cuerpo es la disposición
específica, su alma el sentido invisible que se encuentra en
las palabras. Este sentido lo empezó a considerar sobre todo
esta secta viendo, como en un espejo de palabras, la maravillosa belleza
en los pensamientos».
21. ¿Para qué añadiremos sus reuniones en un mismo
lugar, la ocupación que llevaban separadas los hombres y las
mujeres en un mismo lugar, y las prácticas que todavía
nosotros realizamos por costumbre, principalmente las que llevamos a
cabo en las fiestas de la Pasión del Salvador: ayuno, vigilias
nocturnas y dedicación a la Palabra de Dios?
22. Estas cosas nos la ha conservado, con gran exactitud, el varón
mencionado en sus propios escritos, del mismo modo en que sólo
entre nosotros se ha ido observando hasta ahora. Refiere las noches
enteras de la gran fiesta, las prácticas que se realizaban en
ellas y los himnos que habitualmente leemos, y cómo, al mismo
tiempo que uno solo va salmodiando con ritmo y en orden, los restantes
escuchan los himnos guardando silencio y le acompañaban en el
verso final.
También cuenta cómo en los días especificados se
acuestan en camas de paja, y no gustan vino en modo alguno (así
lo escribe textualmente), ni tampoco carne, sino que el agua constituye
su única bebida, y sal e hisopo como condimento del pan.
23. A todo ello añade el modo de la precedencia de los que sostienen
los cargos eclesiásticos, el ministerio de las presidencias del
episcopado, las cuales son las más elevadas de todas. Ahora bien,
quien ansíe tener un conocimiento exacto de todo esto lo hallará
en el mencionado relato del autor aludido.
24. El hecho de que Filón escribiera estas cosas habiendo de
antemano recibido a los primeros heraldos de la enseñanza del
Evangelio y de las costumbres transmitidas desde el comienzo por los
apóstoles, es evidente para todos.
Obras de Filón que han sido conservadas hasta nosotros
XVIII 1. Bien conocedor de la lengua, de mente despierta, magnífico
y elevado en la contemplación de las Divinas Escrituras, Filón
compuso un comentario hábil y multiforme de las Santas Palabras.
En primer lugar trató, en orden consecutivo, los problemas del
Génesis, en los libros que tituló Alegorías de
las leyes Sagradas,y luego, hasta cierto punto, distinguió, hizo
concordar y anuló capítulos dudosos de las Escrituras
en las obras que tituló Problemas y soluciones sobre el Génesis
y sobre el Éxodo,respectivamente.
2. Además tiene otros tratados sobre algunos problemas estudiados
individualmente; por ejemplo: dos Obras sobre la agricultura, y otras
dos Sobre la embriaguez, y otras con varios títulos apropiados,
como: Sobre las cosas que el sobrio entendimiento desea y repudia, Sobre
la confusión de las lenguas, Sobre la fuga y la invención,
Sobre la agrupación para la instrucción, Sobre quién
es el heredero de las cosas divinas, Sobre la división en partes
iguales y opuestas y Sobre las tres virtudes que Moisés describió
junto con otras.
3. Hay que añadir Sobre los cambios de nombre y el porqué
de esos cambios, en la que se dice que había integrado los libros
1 y II de Sobre los testamentos.
4. También es autor de la obra Sobre la migración y la
vida del sabio perfecto de acuerdo con la justicia, o Sobre las leyes
no escritas.
También Sobre los gigantes o Sobre la inmortalidad de Dios,y
los libros I al IV de Acerca de cómo, según Moisés,
Dios envía los sueños. Así pues, éstas son
las obras de Filón sobre el Génesis que han llegado hasta
nosotros.
5. No obstante, sobre el Éxodo conocemos las siguientes: Problemas
y soluciones, I y V de Sobre el tabernáculo, Sobre los diez mandamientos,
Sobre las leyes que especialmente se refieren a los principales capítulos
de los diez mandamientos, I y V de Sobre los animales: de los sacrificios
y tipos de sacrificios, Sobre la recompensa de los buenos, y los castigos
y maldiciones de los malvados que se encuentran en la ley.
6. Además de estas obras se cree que son suyas otras referidas
a un solo libro como: Sobre la providencia. La obra que escribió
Sobre los judíos, El político, Alejandro o Sobre la razón
que tienen los animales irracionales, y también De cómo
es esclavo todo hombre maligno, al que le sigue De cómo es libre
todo hombre bueno.
7. Posteriormente compuso Sobre la vida contemplativa o Suplicantes,
la cual hemos citado cuando describíamos la vida de los hombres
apostólicos; y también se creen suyas las Interpretaciones
de los nombres hebreos que se encuentran en la ley y los profetas.
8. Así pues, Filón llegó a Roma en tiempos de Cayo,
y se cuenta que su obra La tenaz teofobia de Cayo, a la que por su habitual
ironía tituló Sobre las virtudes, la leyó a todo
el Senado romano, en tiempo de Claudio, de modo que sus obras fueron
admiradas, hasta el punto de ser consideradas dignas de aparecer en
las bibliotecas.
9. Por esas fechas, mientras Pablo se hallaba en su viaje desde Jerusalén,
y alrededores hasta el Ilírico, Claudio expulsó a los
judíos fuera de Roma, y Aquila y Priscila, junto con los demás
judíos, descendieron a Asia, donde vivían con el apóstol
Pablo, que fortalecía las iglesias de aquel lugar, las cuales
él mismo había fundado recientemente. Esto nos lo enseñan
también las Santas Escrituras.
Sufrimientos que sobrevinieron a los judíos de Jerusalén
el día de la Pascua
XIX 1. Cuando aún ostentaba el mando Claudio, sucedió,
en la fiesta de la Pascua, que surgió en Jerusalén una
revuelta y un tumulto tan exagerado, que sólo de los judíos
apiñados violentamente en las salidas del templo, murieron tres
mil, pisoteados unos por otros, y la fiesta se convirtió en luto
público para todo el pueblo y en dolor para cada familia.
2. Luego, Claudio nombró como rey de los judíos a Agripa,
hijo de Herodes, y envió a Félix como gobernador de toda
la región de Samaria, de Galilea e incluso de la llamada Perea.
Al cabo de trece años y ocho meses de gobernar el imperio, murió
Claudio y dejó a Nerón como sucesor en el mando.
Acerca de lo que sucedió en Jerusalén en tiempos de Nerón
XX 1. En tiempos de Nerón, siendo Félix gobernador de
Judea, cuenta Josefo, en el libro XX de sus Antigüedades, que los
sacerdotes se alzaron unos contra otros. Dice textualmente:
2. «Pero se encendió una revuelta entre los sumos sacerdotes
por un lado y los sacerdotes y dirigentes del pueblo de Jerusalén
por el otro, y cada uno de ellos formé una tropa de hombres de
los más audaces y revolucionarios para sí mismo, y él
era su jefe. Cuando se oponían, se injuriaban unos a otros y
lanzaban piedras. No había absolutamente nadie para reprimirlo,
sino que todo esto se realizaba libremente, como en una ciudad sin gobierno.
3. »Y la desvergüenza y el valor de los sumos sacerdotes
llegó hasta tal extremo que se atrevieron a enviar esclavos a
las eras para recoger los diezmos debidos a los sacerdotes. Incluso
sucedió que se podía ver a los pobres sacerdotes muriendo
de necesidad. De este modo la violencia de los revolucionarios dominaba
toda justicia.»
4. De nuevo el mismo escritor cuenta que por aquel tiempo apareció
en Jerusalén un cierto tipo de bandidos que, según afirma,
en pleno día y en el centro de la ciudad asesinaban a cualquier
persona que encontraban.
5. Principalmente en los días de fiesta, mezclásdose entre
la multitud y llevando pequeñas dagas ocultas entre sus ropas,
herían a sus adversarios. Cuando éstos caían, los
propios asesinos formaban parte de los que se indignaban; y debido a
su apariencia de honradez manifiesta a todos, no los podían descubrir.
6. El primer asesinado por ellos fue el sumo sacerdote Jonatán,
y trás él fueron matando a muchos más a diario.
Con todo esto, el temor vino a ser más terrible que la desgracia,
porque, como en la guerra, todos esperaban la muerte a cada instante.
Acerca del egipcio también mencionado en los Hechos de los Apóstoles
XXI 1. Después de lo anterior añade la siguiente información:
«El pseudoprofeta egipcio acarreó a los judíos mayores
males que éstos con una gran plaga. Efectivamente, se presentó
en aquella tierra como hechicero y se procuró la confianza de
un profeta. Entonces reunió cerca de treinta mil personas engañadas
y las condujo desde el desierto hasta el monte llamado de los Olivos,
desde donde atacaría a Jerusalén y tomaría lá
guardia romana y el pueblo, usando, como un tirano, el grupo armado
que se había unido a él.
2. »No obstante, Félix anticipó su asalto oponiéndosele
con los soldados romanos, y todo el pueblo colaboré en la defensa,
de suerte que cuando se entabló el combate, el egipcio huyó
con algunos pocos, pero la mayoría de los que le habían
seguido murieron o fueron capturados».
3. Esto se halla en el libro II de las Guerras de Josefo. Sin embargo,
merece la pena conocer lo que se dice allí y también lo
que se menciona en los Hechos de los Apóstoles acerca del egipcio
en el pasaje en el que, en tiempos de Félix, el tribunal preguntó
a Pablo en Jerusalén (cuando una multitud de judíos se
había alzado contra él): «¿No eres tú
aquel egipcio que levantó una sedición antes de estos
días, y sacó al desierto los cuatro mil sicarios?»
Todo esto tuvo lugar en tiempos de Félix.
Cómo Pablo fue enviado cautivo desde Judea a Roma y, tras defenderse,
fue absuelto de toda culpa
XXII 1. Nerón envió como sucesor de Félix a Festo,
y bajo su mandato Pablo, tras sostener su causa, fue conducido cautivo
a Roma. Estaba con él Aristarco, al que con razón en algún
punto de su Epístola llama compañero de prisiones. También
Lucas, quien consignó por escrito los Hechos de los Apóstoles,
termina su relato con estos sucesos, mostrando que Pablo estuvo dos
años enteros en Roma sin opresión y allí predicaba
la Palabra de Dios libremente.
2. Según la tradición, el apóstol expuso entonces
su defensa y de nuevo partió para seguir en su ministerio de
la predicación, pero cuando por segunda vez llegó a Roma,
murió martirizado en tiempo del mismo emperador. Estando esta
vez en sus prisiones compuso la Segunda Epístola a Timoteo, en
la que hace mención de su defensa y de su muy pronta muerte.
3. Considera su propio testimonio acerca de todo esto: «En mi
primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon;
no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado,
y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación,
y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del
león».
4. Con esto manifiesta claramente que la primera vez, para que fuese
cumplida su predicación, fue librado de la boca del león,
haciendo alusión, según parece, a Nerón y su crueldad.
Sin embargo, no añade a continuación nada semejante a
«me librará de la boca del león», pues sentia
en su corazón que su muerte estaba cercana.
5. Por ello, a «fui librado de la boca del león»
añade: «El Señor me librará de toda obra
mala, y me preservará para su reino celestial», aludiendo
así a su propio martirio. Y este hecho lo especiflca un poco
antes, cuando dice: «Porque yo ya estoy para ser sacrificado,
y el tiempo de mi partida está cercano».
6. Ahora bien, en su Segunda Epístola a Timoteo dice que cuando
la escribía se hallaba con él Lucas, pero que en su primera
defensa ni siquiera éste. De ello entendemos que Lucas acabó
de escribir los Hechos de los Apóstoles por aquel tiempo, contando
lo que pasé cuando estuvo Pablo.
7. Esto lo decimos para demostrar que el fin de Pablo no se llevó
a cabo en su primera estancia en Roma, descrita por Lucas.
8. Quizás Nerón fuera más benévolo en el
principio, de modo que era más fácil que aceptara la defensa
de Pablo en favor de sus creencias; pero al progresar en sus atrevimientos
criminales, arremetió contra los apóstoles como contra
todos los demás.
Acerca del martirio de Jacobo, el llamado hermano del Señor
XXIII 1. Los judíos, cuando vieron perdida la esperanza que les
animé a tramar un complot contra Pablo (pues éste, al
apelar al César, fue enviado por Festo a Roma), se dirigieron
contra Jacobo (Santiago), el hermano del Señor, a quien los apóstoles
entregaron el trono del episcopado de Jenisalén. Del modo siguiente
osaron actuar contra él:
2. Lo colocaron en el medio e intentaron hacerle negar la fe en Cristo
ante todo el pueblo. Pero él, para sorpresa de todos, con una
voz libre empezó a hablar con mayor seguridad de lo previsto
y confesaba que nuestro Salvador y Señor Jesús es el hijo
de Dios. Ya no pudieron soportar el testimonio de un hombre tan grande,
el cual era considerado el más justo de todos por la altura de
sabiduría y piedad que había alcanzado a lo largo de toda
su vida, y lo asesinaron, aprovechando la anarquía debida a que,
muerto por aquel tiempo Festo en Judea, la dirección del país
quedó sin gobernar y sin control.
3. En una cita de Clemente mencionada anteriormente, se ha expuesto
con claridad cómo se llevó a cabo la muerte de Jacobo;
en ella relata que fue lanzado desde el pináculo del templo y
le golpearon con palos hasta la muerte. Sin embargo, es Hegesipo (miembro
de la sucesión de los apóstoles) quien expone más
exactamente su vida; en el libro V de sus Memorias se refiere lo siguiente:
4. «Jacobo, el hermano del Señor, es el sucesor, con los
apóstoles, del gobierno de la iglesia. A éste todos le
llaman "Justo" ya desde el tiempo del Señor y hasta
nosotros, porque muchos se llamaban Jacobo.
5. »No obstante, sólo él fue santo desde el vientre
de su madre; no bebió vino ni bebida fermentada; ni tocó
carne; no pasó navaja alguna sobre su cabeza ni fue ungido con
aceite; y tampoco usó del baño.
6. »Sólo él tenía permitido introducirse
en el santuario, porque su atuendo no era de lana, sino de lino. Asimismo,
únicamente él entraba en el templo, donde se hallaba arrodillado
y rogando por el perdón de su pueblo, de manera que se encallecían
sus rodillas como las de un camello, porque siempre estaba prosternado
sobre sus rodillas humillándose ante Dios y rogando por el perdón
de su pueblo.
7. »Por la exageración de su justicia le llamaban "Justo"
y "Oblías , que en griego significa protección del
pueblo y justicia, del mismo modo que los profetas dan a entender acerca
de él.
8. »Algunas de las siete sectas del pueblo, las que ya mencioné
antes (en las Memorias), procuraban aprender de él acerca de
la puertade Jesús, y él les decía que se trataba
del Salvador.
9. »Unos cuantos de ellos creyeron que Jesús era el Cristo.
Pero las sectas, a las que hemos aludido, no creyeron en la resurrección
ni en su inminente regreso para pagar a cada uno según sus obras;
no obstante, todos los que creyeron lo hicieron por medio de Jacobo.
10. »Muchos fueron los convertidos, incluso entre los principales,
y por ello hubo alboroto entre los judíos, los escribas y los
fariseos, y decían que el pueblo peligraba aguardando al Cristo.
Reuniéndose entonces ante Jacobo le decían: "Te lo
rogamos: sujeta al pueblo, pues se encuentran engañados acerca
de Jesús y creen que él es el Cristo.
Te rogamos que aconsejes, acerca de Jesús, a cuantos acudan el
día de la Pascua, pues todos te obedecemos. Porque nosotros y
todo el pueblo damos testimonio de que tú eres justo y no haces
acepción de personas.
11. »"Así pues, persuade a la multitud para que no
yerre acerca de Cristo. Pues todo el pueblo y nosotros te obedecemos.
Mantente en pie sobre el pináculo del templo, para que desde
esa altura todo el pueblo te vea y oiga tus palabras. Ya que por la
Pascua se unen todas la tribus, incluyendo a los gentiles."
12. »De este modo los aludidos escribas y fariseos colocaron a
Jacobo sobre el pináculo del templo, y estallaron a gritos diciendo:
"¡Tú, el Justo!, al que todos nosotros debemos obedecer,
explícanos cuál es la puerta de Jesús, pues todo
el pueblo está engañado, siguiendo a Jesús el Crucificado."
13. »Entonces él contestó con voz potente: "¿Por
qué me interrogáis acerca del hijo del hombre? ¡El
está sentado a la diestra del gran poder, y pronto vendrá
sobre las nubes del cielo!"
14. »Y muchos creyeron de corazón y, por el testimonio
de Jacobo, alabaron diciendo: "¡Hosanna al hijo de David!";
pero entonces, de nuevo los mismos escribas y fariseos comentaban: "Hemos
actuado erróneamente al procurar un testimonio tan grande en
contra de Jesús, pero subamos y arrojemos a éste, para
que se confundan y no crean en él."
15. »Así, gritaban diciendo: "¡Oh!, ¡oh!
también el Justo anda en error", y con este acto cumplieron
la escritura en Isaías: "(Saquemos al Justo, porque nos
es embarazoso.) Entonces comerán los frutos de sus obras"
16. »Entonces subieron y lanzaron abajo al Justo. Luego comentaban:
"Apedreemos a Jacobo el Justo , y empezaron a apedrearlo, pues
no había muerto al ser arrojado. Pero él, volviéndose,
hincó las rodillas diciendo: "Señor, Dios Padre,
te lo suplico: perdónalos, porque no saben lo que hacen."
17. »Mientras lo apedreaban, un sacerdote de los hijos de Recab,
hijo de Recabín, de los que el profeta Jeremías dio testimonio,
rompió a gritar diciendo: "Deteneos, ¿qué
hacéis? El Justo pide por nosotros."
18. »Y cierto hombre entre ellos, un batanero, golpeó al
Justo en la cabeza con el mazo que usaba para batir las prendas, y de
éste modo fue martirizado Jacobo.
»Y allí le enterraron al lado del templo, y su columna
todavía permanece cerca del templo. Fue un testigo verdadero
para los judíos y griegos de que Jesús es el Cristo. E
inmediatamente Vespasiano asedió Jerusalén.»
19. Ésta es la amplia exposición de Hegesipo, que coincide
con Clemente. Jacobo fue tan maravilloso y su justicia era conocida
por todos los demás de tal modo, que hasta los judíos
prudentes creían que éste era el motivo del asedio a Jerusalén
(que tuvo lugar en el mismo momento en que le martirizaron) y que les
sobrevino únicamente debido al sacrilegio perpetrado contra él.
20. Naturalmente, Josefo no se abstuvo de dar testimonio escrito de
estos hechos con las siguientes palabras: «Esto vino sobre los
judíos como venganza de Jacobo el Justo, quien era hermano de
Jesús, llamado el Cristo, porque a pesar de ser un varón
extremadamente justo le dieron muerte».
21. El mismo Josefo relata su muerte en el libro XX de sus Antigüedades
como sigue: «El césar, cuando supo la muerte de Festo,
envió a Albino como gobernador de Judea. Mas Ananos el Joven,
el cual, como ya mencionamos, recibió el sumo sacerdocio, era
extraordinariamente audaz y valeroso y también pertenecía
a la secta de los saduceos, los cuales son en los juicios los más
severos de todos los judíos, de acuerdo con lo indicado con anterioridad.
22. »Debido a su carácter, Ananos pensó tener una
buena oportunidad cuando, habiendo muerto Festo, Albino aún estaba
en camino, y, así, convocó una asamblea de jueces y, tras
llevar a ella a Jacobo el hermano de Jesús, el llamado Cristo,
y a unos pocos más, les acusó de infringir la ley y los
entregó con el propósito de que fueran apedreados.
23. »Sin embargo, cuantos eran conocidos por ser los ciudadanos
más honrados y los que con mayor exactitud observaban las leyes,
se apresuraron por estos hechos y se pusieron en contacto secretamente
con el rey, rogándole que escribiera a Ananos para que no llevara
a cabo su propósito; pues no se había comportado rectamente
ya desde el mismo principio. Algunos llegaron al extremo de ir al encuentro
de Albino, que se hallaba en su viaje desde Alejandría, para
comunicarle que Ananos no tenía ningún derecho a convocar
ninguna asamblea sin su aprobación.
24. »Albino se convenció de estas palabras, y escribió
enojado a Ananos amenazándole con hacer justicia. Por ello el
rey Agripa le cesó en el sumo sacerdocio, que hacía tres
meses que ostentaba, y estableció en su lugar a Jesús,
hijo de Dameo.» Todo esto es lo que se cuenta acerca de Jacobo
(o sea, Santiago), de quien se dice ser la primera de las epístolas
llamadas universales.
25. Pero es necesario conocer que muchos de los antiguos no hacen mención
de ella, ni tampoco de la llamada de Judas, que también pertenece
a las siete llamadas universales. Pero, a pesar de ello, me consta que
tanto éstas como las otras se usan en público en la mayoría
de las iglesias.
Cómo Aniano fue el primer obispo nombrado, después de
Marcos, en la iglesia de Alejandría
XXIV En el octavo año del reinado de Nerón, Aniano fue
el primero en tomar por sucesión, después de Marcos el
evangelista, el gobierno de la iglesia de Alejandría.
Acerca de la persecución, bajo Nerón, con la que Pablo
y Pedro se adornaron con el martirio por la religión
XXV 1. Cuando el poder de Nerón estuvo bien afianzado, y habiendo
llevado a cabo actos profanos, se armó contra la mismísima
religión del Dios del universo. No obstante, está fuera
de los objetivos de la presente obra el relatar los extremos de su perversidad.
2. Porque, gracias a que muchos lo han relatado con gran precisión,
quien lo desee podrá examinar perfectamente en sus escritos la
extremadamente funesta locura de este singular hombre, el cual, dirigido
por ella, causó la destrucción a muchos sin razón
alguna, y a tal punto llegó su sed de asesinato que no se detuvo
ni ante los parientes más cercanos y amados, sino que hizo sufrir
con distintos tipos de muerte a su madre, a sus hermanos y a su esposa
junto, con muchos otros familiares, como si se tratara de adversarios
y enemigos.
3. Pero a todos estos detalles falta añadir acerca de él,
que es el primer emperador en proclamarse enemigo del culto a Dios.
4. A él de nuevo lo menciona el autor latino Tertuliano cuando
dice lo siguiente: Rrevisad vuestras memorias históricas. Allí
observaréis que Nerón fue el primero en perseguir esta
creencia, especialmente cuando hubo sometido todo el oriente, y era
inhumano con todos.
»Para nosotros es un gozo tener a este causante de nuestro castigo,
pues la persona que le conozca sabrá que nada que no fuera un
gran bien podía ser condenado por Nerón».
5. Según todo esto, el proclamado primer luchador en contra de
Dios, entre muchos más, se ocupó en dar muerte a los apóstoles.
Pues se cuenta que Pablo fue decapitado en la misma Roma, y Pedro, a
su vez, fue crucificado bajo su mando. Y este relato viene secundado
por la denominación de «Pedro y Pablo» para los cementerios,
que se mantiene todavía hoy en aquel lugar.
6. También lo afirma, y no con menor certidumbre, un varón
eclesiástico llamado Cayo, que vivió durante el obispado
en Roma de Ceferino. Este Cayo, en una disputa escrita con Proclo, jefe
de la secta de los Catafrigios, habla acerca de los lugares donde se
hallan los santos restos de los apóstoles que hemos mencionado,
y dice lo siguiente:
7. «Pero yo puedo mostrar los trofeos de los apóstoles.
Pues si deseas ir al Vaticano o al camino de Ostia, verás los
trofeos de aquellos que fundaron esta iglesia».
8. El obispo de Corinto, Dionisio, en su correspondencia con los romanos,
confirma el hecho de que ambos (Pablo y Pedro) fueron martirizados al
mismo tiempo, como sigue: «Vosotros también habéis
unido, mediante esta advertencia, la obra plantada por Pedro y la que
plantó Pablo, la de los romanos y la de los corintios. Pues ambos,
una vez que plantaron en nuestra Corinto, los dos nos instruyeron, y,
tras enseñar en Italia en el mismo lugar, ambos fueron martirizados
a la vez.» Sea esto también una confirmación de
lo que hemos mencionado.
Cómo los judíos sufrieron muchísimos males, y cómo
suscitaron su última guerra contra los romanos
XXVI 1. Josefo, cuando refiere con gran cantidad de detalles las desgracias
que sobrevinieron a todo el pueblo judío, dice, junto con muchas
otras cosas, que los más ilustres judíos, tras ser atormentados
con los azotes, fueron crucificados por Floro en la propia Jerusalén.
Añade también que Floro era gobernador de Judea cuando
se inició nuevo de la guerra en el duodécimo año
del imperio de Nerón.
2. A continuación dice que, después de la revuelta de
los judíos, una terrible confusión agobió a toda
Siria. Todos los de esta raza eran ultrajados cruelmente por doquier
por los mismos ciudadanos, como si fueran enemigos, de modo que se veían
las ciudades llenas de cadáveres sin sepultura. Cuerpos de ancianos
muertos se hallaban lanzados junto con los niños, y de mujeres
con sus vergüenzas descubiertas, y la provincia entera estaba repleta
de desgracias inexplicables. No obstante, la fuerza de lo que se estaba
forjando era peor que los crímenes del momento. Hasta aquí
Josefo.
Ésta era la situación en que se encontraban los judíos.
HISTORIA ECLESIÁSTICA
Eusebio de Cesarea
Libro 3
Lugares en los que los apóstoles predicaron a Cristo
I 1. Así, pues, se hallaban los judíos cuando los santos
apóstoles de nuestro Salvador y los discípulos fueron
esparcidos por toda la tierra. Tomás, según sostiene la
tradición, recibió Partia; Andrés, Escitia, y Juan,
Asia, y allí vivió hasta morir en Éfeso.
2. Pedro parece que predicó en el Ponto, en Galacia, en Bitinia,
en Capadocia y en Asia a los judíos en la dispersión y,
finalmente, cuando llegó a Roma, fue crucificado invertido, como
él mismo había creído conveniente padecer.
3. ¿Qué diremos de Pablo, el cual, partiendo de Jerusalén
y hasta el Ilírico, llevó a término el evangelio
de Cristo y al final fue martirizado en Roma durante el reinado de Nerón?
Estos detalles los cuenta Orígenes literalmente en el tomo III
de sus Comentarios al Génesis.
Quién fue el primero en dirigir la iglesia de Roma
II 1.Lino fue el primero en ser elegido para el episcopado de la iglesia
de Roma después del martirio de Pablo y de Pedro. Esto lo recuerda
Pablo al escribir a Timoteo desde Roma, en la salutación al final
de la espístola.
Acerca de las epístolas de los apóstoles
III 1. Sólo se reconoce una Epístola de Pedro. Ésta
la usaban los antiguos ancianos como irrefutable en sus propias obras,
pero la que llaman Segunda Epístola no ha sido aceptada como
testamentaria. No obstante, ya que muchos la han considerado útil,
ha sido respetada junto con las otras Escrituras.
2. Referente a los Hechos que llevan su nombre, al Evangelio llamado
con su nombre, a la predicación que dice ser suya y al escrito
que llaman Apocalipsis, nos consta que no aparece en absoluto en los
escritos apostólicos, porque ningún escritor eclesiástico,
antiguo o contemporáneo, se ha servido jamás de testimonios
procedentes de ellos.
3. Más adelante en esta historia haré a propósito
que, con las sucesiones, se muestren también los escritos eclesiásticos
que en cada época utilizaron los libros que se han discutido,
cuáles usaron y qué dicen con relación a los libros
testamentarios admitidos y acerca de los que no lo son.
4. No obstante, las obras que se llaman de Pedro, de las que sólo
una epístola se conoce como auténtica y admitida entre
los antiguos ancianos, son las ya mencionadas.
5. Pero las catorce Epístolas son claras y evidentemente de Pablo,
aunque no sería justo olvidar que algunos no han aceptado la
Epístola a los Hebreos arguyendo que la iglesia de Roma niega
que sea de Pablo. En el momento conveniente explicaré lo que
comentaron acerca de esta epístola los autores anteriores a nosotros.
De ningún modo he recibido entre los discutidos a los Hechos
que dicen ser de él.
6. Ya que el mismo apóstol, en su salutación final de
la Epístola a los Romanos, hace mención, junto con otros,
de Hermas (de quien, según dicen, es el libro del Pastor),es
preciso ser consciente de que mientras unos lo rechazan y por su causa
no lo incluye entre los aceptados, otros lo han considerado en extremo
necesario, muy especialmente para aquellos que necesitan una introducción
inicial. Por ello, nos consta que se ha utilizado públicamente
en las iglesias y entendemos que ya lo usaron los más antiguos
escritores.
7. Todo esto sea suficiente a modo de exposición de las Escrituras
de Dios indiscutidas de las que no todos aceptan.
Acerca de la primera sucesión apostólica
IV 1. Ciertamente, que Pablo predicó a los gentiles y estableció
los fundamentos de las iglesias, desde Jerusalén avanzando hasta
el Ilírico, es evidente por sus propias palabras y por lo que
relata Lucas en los Hechos.
2. De lo que dice Pedro en su Epístola (la que ya mencionamos
y que es aceptada) que escribe a los hebreos de la dispersión
en el Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia y en Bitinia, se aprecia
con plena certidumbre en qué regiones predicó él
mismo a Cristo y dio a conocer la Palabra del Nuevo Testamento a los
de la circuncisión.
3. Pero no es fácil dar el número y el nombre de los convertidos
en hombres esforzados y sinceros que fueron estimados como capacitados
para apacentar las iglesias que fundaron los apóstoles, si no
es por lo que se recoge de las palabras de Pablo.
4. De hecho hubo muchísimos colaboradores suyos y, como él
mismo los llama, compañeros de milicia. A los más de ellos
los tiene por dignos de recuerdos indestructibles, incluyendo extensamente
su testimonio en su propia Epístola; y, además, también
Lucas en los Hechos enumera los discípulos de Pablo, indicando
su nombre.
5. Así pues, explica que Timoteo fue el primer escogido para
el episcopado de la religión en Éfeso, y que Tito lo fue
en las iglesias de Creta.
6. Lucas, procedente de una familia de Antioquía, y siendo médico,
acompañó a Pablo la mayor parte del tiempo. No obstante,
su contacto con los restantes apóstoles no fue accidental; de
ellos asimiló la terapéutica de las almas, de la que nos
ha transmitido algunas muestras en los libros divinamente inspirados:
en el Evangelio, del cual da testimonio que lo compuso de acuerdo con
lo que le entregaron los que desde el principio presenciaron los hechos
y se convirtieron en servidores de la Palabra, y a todos ellos dice
que siguió atentamente desde el primer momento; y en los Hechos
de los Apóstoles, que redactó, ya no siguiendo de oídas,
sino con los detalles que recogió con sus propios ojos.
7. Además, se dice que habitualmente Pablo mencionaba este Evangelio
como si fuera suyo propio cada vez que escribía: «conforme
a mi Evangelio».
8. De los demás seguidores de Pablo, hay testimonios de que Crescente
fue enviado por él a las Galias, y Lino, el que menciona que
está con él en Roma en la Segunda Epístola a Timoteo,
vimos claramente que fue el primero en recibir el episcopado de la iglesia
en Roma después de Pedro.
9. Pero Pablo también da testimonio de que Clemente (el cual,
a su vez, fue establecido tercer obispo de la iglesia de Roma) fue su
colaborador y compañero de combate.
10. A todo esto cabe añadir aquel areopagita llamado Dionisio,
del cual Lucas escribió en los Hechos, que fue el primer creyente
después del discurso de Pablo a los atenienses en el Areópago.
Además, otro antiguo Dionisio, pastor de la región de
Corinto, dice que este areopagita fue el primer obispo de Atenas.
11. Ahora bien, ya iremos mencionando a su tiempo todo lo concerniente
a la sucesión de los apóstoles según avancemos
en el camino. Ahora sigamos el curso de la narración.
Acerca de los últimos tormentos de los judíos después
de Cristo
V 1. Tras ostentar Nerón el poder durante trece años,
y habiendo tenido lugar los reinados de Galba y de Otón en el
espacio de un año y seis meses, Vespasiano, que había
sido notable en los ataques a los judíos, fue designado emperador
en Judea una vez que se le nombró públicamente como jefe
supremo del ejército que le había acompañado a
aquel lugar. Inmediatamente salió para Roma y confió la
guerra contra los judíos en manos de su hijo Tito.
2. Ahora bien, los judíos, después de la ascensión
de nuestro Salvador, culminaron su crimen contra él con la concepción
de innumerables maquinaciones contra sus apóstoles. El primero
fue Esteban, al cual aniquilaron con piedras; luego Jacobo, hijo de
Zebedeo y hermano de Juan, que fue decapitado; y finalmente Jacobo,
el que fue escogido en primer lugar para el trono episcopal de Jerusalén,
después de la Ascensión de nuestro Salvador, y que murió
del modo mencionado. Todos los demás apóstoles fueron
amenazados de muerte con innumerables maquinaciones, y fueron expulsados
de Judea y se dirigieron a todas las naciones para la enseñanza
del mensaje con el poder de Cristo, que les había dicho: «Id,
y haced discípulos a todas las naciones».
3. Además de éstos, también el pueblo de la iglesia
de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes
de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella),
por un cráculo transmitido por revelación a los notables
de aquel lugar. Así pues, habiendo emigrado a ella desde Jerusalén
los que creían en Cristo, como si los hombres santos hubiesen
dejado enteramente la metrópoli real de los judíos y toda
Judea, la justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje
al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles, e hizo desaparecer
totalmente de entre los hombres aquella generación impía.
4. En los relatos que escribió Josefo se describen con toda exactitud
los males que en ese momento sobrevinieron a todo el pueblo judío
en todo lugar; cómo principalmente los habitantes de Judea fueron
agobiados hasta el extremo de las desgracias; cuántos miles de
jóvenes y de mujeres, juntamente con sus niños, cayeron
a espada, por hambre y por muchos otros tipos de muerte; cuántos
y cuáles ciudades de Judea fueron sitiadas; cuán grandes
desgracias, y más que desgracias, presenciaron los que fueron
en su huida a Jerusalén, ya que era la metrópoli más
fuerte; el desarrolllo de la guerra y lo que tuvo lugar en ella en cada
momento; y, finalmente, cómo la abominación desoladora
que proclamaron los profetas se asentó en el mismo templo de
Dios, en gran manera notable antiguamente; y entonces sufrió
todo tipo de destrucción hasta su desaparición final por
el fuego.
5. Merece la pena señalar que el mismo autor afinuia que los
que, procedentes de toda Judea, se apiñaron en los días
de la fiesta de la Pascua, en Jerusalén, como en una prisión,
usando sus propias palabras, fueron alrededor de tres millones.
6. Era preciso, pues, en los mismos días en los que habían
llevados cabo la Pasión del Cristo de Dios, bienhechor y Salvador
de todos, que, como encerrados en una prisión, recibieran el
azote que les daba alcance viniendo de la justicia Divina.
7. Así pues, dejando aparte los acontecimientos que les sobrevinieron
y cuántas veces fueron entregados a espada o de diversos modos,
sólo me ha parecido oportuno mostrar las desgracias originadas
por el hombre, a fin de que los que obtengan este escrito vean, parcialmente,
cómo les daba alcance al poco tiempo el castigo procedente de
Dios por causa de su crimen cometido en contra del Cristo de Dios.
Acerca del hambre que angustió a los judíos
VI 1. Toma, pues, entre tus manos el libro V de de las Guerras de los
judíos de Josefo y lee la tragedia que sucedió entonces:
«Para los ricos, quedarse significaba la perdición, pues
con la excusa de deserción mataban a cualquiera por causa de
sus bienes. Con el hambre crecía también la demencia de
los rebeldes y cada día ambas se enardecían terriblemente.
2. »El trigo no era visible en lugar alguno, pero ellos se lanzaban
dentro de las casas y las registraban. Cuando lo encontraban los maltrataban
por haber negado, pero si no lo hallaban, los atormentaban por haberlo
escondido con tanta precaución. La evidencia de tener o no tener
eran los cuerpos de los desafortunados: los que todavía se mantenían
en pie daban la impresión de poseer gran cantidad de alimentos;
sin embargo, los que ya estaban consumidos, los dejaban, pues creían
que no era lógico matar a los que estaban a punto de morirse
de necesidad.
3. »Muchos cambiaban furtivamente sus posesiones por una medida
de trigo, los más ricos; o de cebada, los más pobres.
Luego, encerrándose en lo más recondito de sus casas,
y debido al escozor de la necesidad, algunos comían el grano
crudo y otros lo cocían a medida que lo requería la necesidad
y el temor. Tampoco se ponía la mesa.
4. »Pues sacando del fuego los alimentos aún crudos, se
los tragaban. La comida era miserable ala visión conmovedora;
los más fuertes abusando, los más débiles quejándose.
5. »El hambre supera todo sufrimiento, pero nada destruye tanto
como el honor, pues aquello que de otro modo se aceptaría como
digno de consideración, en esta situación se menosprecia.
Las mujeres por ejemplo, quitaban la comida de la boca de sus maridos,
los hijos de la de los pobres, y lo más deplorable, las madres
de Las de sus niñitos, y a pesar de que los seres más
queridos se iban acabando entre sus manos, ningún tropiezo existía
para llevar las últimas gotas de vida.
6. »Y aunque comían de este modo, no pasaban desapercibidos
y los rebeldes en todo lugar se cansaban sobre estas presas. En el momento
que observaban una casa cerrada, era indicio de que los que se hallaban
en el interior estaban provistos de alimentos, y en seguida, cargándose
las puertas, arremetían hacia dentro, y únicamente les
quedaba aferrarse a las gargantas para sacarles el bocado.
7. »Azotaban a los ancianos que retenían los alimentos,
y a las mujeres que ocultaban entre sus manos lo que les quedaba, les
arrancaban la cabellera. No existía la compasión ni para
los ancianos ni para los niños, sino que, alzando a los niños
que no soltaban su bocado, los lanzaban contra el suelo. Pero aun eran
mas inhumanos con aquellos que anticipaban su llegada y se habían
tragado lo que ellos les iban a arrebatar, pues se consideraban agraviados.
8. »Ideaban terribles métodos de tortura para encontrar
los alimentos. Cerraban la uretra de los desafortunados con granos de
legumbres y les atravesaban el recto con palos afilados. Se sufrían
tormentos aterradores para el oído simplemente hasta conseguir
la confesión de un solo pan o para revelar un solo puñado
de harina.
9. »Pero los torturadores no sufrían el hambre (pues su
crueldad sería menor si se encontraban en necesidad), porque
practicando su demencia iban procurándose de antemano provisiones
para los días que tenían que llegar.
10. »Iban al encuentro de los que durante la noche salían
arrastrándose hasta la avanzada romana para reunir legumbres
silvestres y hierbas. Y cuando ya creían que habían burlado
a los enemigos, entonces les arrebataban lo que llevaban, y por mucho
que suplicaran invocando por el sagrado nombre de Dios para que les
dieran alguna porción de lo que habían traído,
estando en tan grande peligro, ni así se lo daban, y podían
contentarse si no parecían además de ser despojados».
11. Además de otros detalles, añade lo siguiente: «A
los judíos les truncaron, junto con las salidas, toda esperanza
de salvación, y el hambre, descendiendo por cada casa y en cada
familia, consumía al pueblo. Las estancias se llenaban de mujeres
y de niños de pecho que habían perecido, y los callejones
de ancianos muertos.
12. »Los niños y los jóvenes, hinchados como sombras,
pasaban por las plazas y caían donde les sobrevenía el
dolor. Los enfermos eran incapaces de sepultar a sus familiares, y los
que podían se negaban por la gran cantidad de cadáveres
y su propio destino dudoso. Muchos, pues, caían sin vida al lado
de los que acababan de enterrar, mientras que otros muchos se dirigían
a sus sepulcros antes que la necesidad lo prescribiera.
13. »En todas estas desgracias no había canto fúnebre
ni lamento. En su lugar, el hambre censuraba al sufrimiento, y los que
morían observaban con ojos secos a los que les habían
precedido en la muerte. Un profundo silencio y una noche colmada de
muerte encerraba la ciudad.
14. »Pero lo más terrible eran los ladrones. Pues, entrando
en las casas, a modo de saqueadores de tumbas, despojaban a los cadáveres
y, tras retirar las cubiertas de los cuerpos, salían riéndose.
También probaban el filo de sus espadas con los cadáveres
y, con su prueba del hierro, atravesaron a algunos que, aunque habían
caído, estaban vivos.
»No obstante, si alguien les suplicaba que hicieran uso de sus
espadas y de su fuerza en él, lo abandonaban al hambre, ignorándole.
Y todos los que expiraban fijaban su mirada en el templo dejando vivos
a los rebeldes.
15. »Los propios rebeldes primero ordenaban sepultar a los muertos,
a cargo del tesoro público, porque no aguantaban el hedor. Pero,
posteriormente, cuando ya no se daba abasto, los lanzaban por encima
de las murallas a los precipicios. Tito, cuando los vio llenos de cadáveres
y el espeso líquido que fluía de los cuerpos en putrefacción,
se lamentó, y alzadas sus manos tomó a Dios por testigo
de que no era obra suya.»
16. Al cabo de otras cosas acaba diciendo: «No podría retenerme
de mencionar lo que me indican mis sentimientos. Es mi opinión
que si los romanos se hubieran retardado en su ataque contra los ofensores,
una sima hubiera abatido la ciudad, o hubiera sido inundada, o los rayos
de Sodoma le hubieran dado alcance, porque esa generación era
mucho más impía de lo que fueron los que llevaron estos
castigos. De este modo, por causa de la demencia de ellos, todo el pueblo
pereció con ellos.»
17. En el libro VI también escribe como sigue: «De los
que murieron por el hambre en la ciudad el número era ilimitado,
y los sufrimientos que tuvieron lugar, indescriptibles. En toda casa,
si en algún lugar se vislumbraba una mera sombra de comida, se
entablaba una guerra y llegaban a las manos los que más se querían,
con el fin de arrancarse el misersable recurso de vida. La necesidad
no tenía confianza ni siquiera en los moribundos.
18. »Los ladrones inspeccionaban también a los que estaban
por morirse, por si se diera el caso de que mantenían algún
alimento escondido entre los pliegues de su vestido pretendiendo estar
muertos. Algunos, boquiabiertos por la falta de alimento, semejantes
a perros rabiosos, iban tropezando y, desencajados, arremetían
contra las puertas a modo de borrachos y, en su debilidad, penetraban
en las mismas casas dos y hasta tres veces en una hora.
19. »Por la indigencia se ponían cualquier cosa en la boca,
y si lograban reunir algo indigno, incluso para los animales irracionales
más inmundos, se lo llevaban para comérselo. De este modo,
al final ya no se retenían ante sus cinturones ni zapatos, y
sacando las pieles de sus escudos, las devoraban. Algunos se alimentaban
también con pedazos de hierba vieja, mientras que otros, recogiendo
fibras de plantas, vendían una ínfima parte por cuatro
dracmas áticos.
20. » ¿Y qué diremos de la desvergüenza de
la gente desalentada por el hambre? Porque estoy a punto de poner de
manifiesto unos actos que no se hallan registrados ni entre los griegos
ni entre los bárbaros, escalofriantes para contarlos e increíbles
para escucharlos. Por mi parte, para que no considerasen que estoy inventando
para el futuro, con mucho gusto ignoraría tal desgracia si no
se diera el caso de que dispongo de innumerables testigos contemporáneos.
Y, por otro lado, concedería a mi patria un favor estéril
si dejara en silencio sus sufrimientos reales.
21. »Así pues, una mujer residente en el otro lado del
Jordán, de nombre María, hija de Eleazar, de la aldea
de Batezor (que quiere decir «casa de Hisopo»), distinguida
por su familia y su riqueza, se refugió en Jerusalén con
la restante multitud y con ellos sufría el asedio.
22. »Los tiranos le robaron todas las otras posesiones que ella
había aprovisionado y transportado desde Perea hasta la ciudad.
El resto de sus bienes y algo de comida que vieron los hombres armados
que entraba cada día, se lo fueron quitando. La indignación
de aquella mujer era terrible, y a menudo vituperaba y maldecía
a los bandidos con el único resultado de excitarlos contra su
persona.
23. »Y como fuere que nadie la mataba (exasperados o compadecidos),
y fatigada de buscar alimentos para otros, pues de todos modos ya era
imposible buscar, oprimiéndole el hambre las entrañas
y la médula y más enfurecida que hambrienta, se hizo de
la ira y de la necesidad como consejeros, apresuró contra la
naturaleza y, agarrando a su hijo de pecho, dijo:
24. »"¡Desventurada criatura! En la guerra, en el hambre
y en la revuelta, ¿para quién te cuidaré? Si llegamos
a parar vivos en las manos de los romanos, la esclavitud. Pero el hambre
llega antes que la esclavitud y los rebeldes son más terribles
que ambas opciones. ¡Venga, pues! Sé mi alimento, la maldición
de los rebeldes y un mito para el mundo; ¡lo único que
faltaba a la desgracia de los judíos!"
25. »Mientras decía esto mató a su hijo. Luego lo
asó y se comió una mitad, pero el resto lo ocultó.
Al punto acudieron los rebeldes y notaron el hedor del malvado sacrificio,
la amenazaron con degollarla inmediatamente sino les indicaba lo que
había preparado. Ella, respondiéndoles que para ellos
guardaba una bella porción, les descubrió lo que había
quedado de su hijo.
26. »Un escalofrío y un gran estupor se apoderó
de ellos en aquel mismo momento y se quedaron clavados ante aquella
visión. Pero ella les dijo: "Es mi hijo, mi obra. Comed,
pues yo también me he alimentado. No seáis más
débiles que una mujer ni más compasivos que una madre.
Pero si vosotros sois piadosos y no aceptáis mi sacrificio, yo
ya comí en vuestro lugar, el resto quede también para
mí."
27. »Después de estos acontecimientos, ellos salieron temblando;
fue la única vez que tuvieron miedo y que, de mala gana, dejaron
para la madre semejante alimento. Inmediatamente, la ciudad fue llena
de repugnancia y cada cual se estremecía cuando se imaginaban
como suyo aquel crimen.
28. »Los hambrientos tenían deseo de morirse y celebraban
a los que se habían anticipado en la muerte, antes de oír
y presenciar tan grandes males.»
Acerca de las profecías de Cristo
VII 1. Éste fue el castigo que recibieron los judíos por
su delito y su impiedad para con el Cristo de Dios. Pero merece la pena
afladir la verdadera profecía de nuestro Salvador, con la que
manifestaba los mismos acontecimientos, cuando profetizaba como sigue:
«Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que
críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida
no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces
gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del
mundo hasta ahora, ni la habrá.»
2. Sumando el número de todos los muertos, dice el mismo escritor
que por el hambre y por la espada cayeron un millón cien mil
personas, y el resto de rebeldes y de ladrones, denunciándose
unos a otros tras ser tomada la ciudad, fueron ejecutados; los jóvenes
más altos y notables por su belleza corporal los guardaban para
la ceremonia del «triunfo», y del resto de la multitud,
—los mayores de diecisiete años—, unos cuantos fueron
enviados cautivos a los trabajos forzados de Egipto y la mayoría
fueron distribuidos entre las regiones para morir en el teatro, por
el hierro o por las fieras; pero los menores de dicisiete años
fueron llevados como presos de guerra para ser vendidos. Estos solos
ya sumaban unos noventa mil hombres.
3. Todo esto tuvo lugar así en el segundo alio del reinado de
Vespasiano, coincidiendo con las profecías de nuestro Señor
y Salvador Jesucristo, el cual, gracias a su divino poder, ya lo vio
de antemano como si fueran presentes, y lloró y se lamentó
de acuerdo con la Escritura de los santos evangelistas, que también
aportan las palabras que dijo refiriéndose a Jerusalén:
4. «¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos
en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está
encubierto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando
tus enemigos te rodearán con vallado, yte sitiarán, y
por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra,
y a tus hijos dentro de ti».
5. También cuando se refería al pueblo: «Porque
habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. Y
caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas
las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles,
hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.» Y de nuevo:
«Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejérritos,
sabed entonces que su destrucción ha llegado.»
6. Quien compare las palabras de nuestro Salvador y las otras descripciones
del autor sobre toda la guerra, ¿cómo no ha de maravillarse
y de admitir que la presciencia y la profecía de nues1ro Salvador
son verdaderamente Divinas y sobrenaturalmente extraordinarias?
7. Por ello, sobre lo que sobrevino a toda la nación después
de la Pasión del Salvador y de aquellas voces con las que el
pueblo judío requería que fuera librado de la muerte el
ladrón y homicida y que se aniquilara al autor de la vida, nada
cabe añadir a la narración.
8. A pesar de ello, sería justo añadir cuanto se refiere
al amor para con los hombres de la entera Providencia, que aplazó
la ruina de los malvados durante cuarenta años después
de su audacia contra Cristo. Y a lo largo de estos cuarenta años
muchos apóstoles y discípulos, y el propio Jacobo (primer
obispo del lugar, llamado hermano del Señor), que todavía
vivían y habitaban en la misma ciudad de Jerusalén dando
sus discursos, permanecían en el lugar como muro fortificado.
9. La visitación de Dios, hasta el momento, ejercía su
larga paciencia por si pudieran arrepentirse de sus hechos y alcanzar
con ello el perdón y la salvación.
Además de esta paciencia extraordinaria, les concedía
extrañas señales divinas de lo que les acontecería
de no arrepentirse. El autor que hemos citado también estimó
dignas de recuerdo estas señales. Nada más oportuno que
referirlas a los que leen este texto.
Acerca de las señales anteriores a la guerra
VIII 1. Lee, pues, lo que Josefo expone en el libro VI de su Guerras
de los judíos con las siguientes palabras: «Precisamente
entonces los engañadores y los falsos acusadores de Dios seducían
al pueblo infeliz, por lo que no prestaban atención ni daban
crédito a los manifiestos prodigios que indicaban la cercana
desolación, sino que, como pasmados como un rayo y como desprovistos
de ojos y de alma, menospreciaban los mensajes de Dios.
2. »Sirvan como ejemplo un astro que se paró sobre la ciudad
y muy parecido a una espada, y un cometa que fue prolongándose
hasta un año. En otra ocasión cuando, antes de la revuelta
de los tumultos anteriores a la guerra, habiéndose congregado
el pueblo para la fiesta de los ácimos, a la hora novena de la
noche del octavo día de Jantico resplandeció una luz tan
fuerte sobre el altar y en el templo que pareció ser de día,
y este fenómeno se prolongó durante media hora. A los
inexpertos les pareció buen presagio, pero los escribas lo entendieron
correctamente antes de que aconteciera.
3. »Y durante la misma fiesta, una vaca que el sumo sacerdote
llevaba para el sacrificio, parió un cordero en medio del templo.
4. »Además, la puerta inferior de oriente, a pesar de ser
de bronce macizo, de haber sido cerrada después de la tarde por
veinte hombres con mucho esfuerzo, de estar reforzada con cerrojos fijados
con hierro y de tener unos goznes bien sujetos, se vio cómo se
abría por sí sola durante la noche a la hora sexta.
5. »Pocos días después de la fiesta, el veintiuno
del mes de Artemisio, apareció un fantasma demoníaco increíblemente
enorme. Pero lo que vamos a explicar parecería un extraño
prodigio si no lo explicaran los que lo presenciaron y si el sufrimiento
que siguió no fuera digno de tales indicios. Así pues,
antes de ponerse el sol, se pudieron ver carros y escuadrones armados
en el aire por toda la región que se movían entre las
nubes circundando las ciudades.
6. »Y durante la noche de la fiesta llamada de Pentecostés,
cuando los sacerdotes entraban en el templo (como de costumbre) con
el fin de llevar a cabo su servicio, dicen que en primer lugar oyeron
tumultos y ruidos de golpes, y después una voz compacta: "¡Vayámonos
de aquí!"
7. »Pero lo que es más espantoso: un hombre llamado Jesús
de Anamías, un particular de oficio campesino, pues había
la costambre de que todos montaran una tienda para Dios, fue a la fiesta
cuatro años antes de la guerra, cuando la ciudad se hallaba en
la mayor paz y esplendor. De pronto empezó a dar voces en el
templo: "¡Voz de oriente! ¡Voz de los cuatro vientos!
¡Voz sobre Jerusalén y el templo! ¡Voz sobre recién
desposados! ¡Voz sobre todo el pueblo!" Y fue vociferando
por todo el pueblo y callejones día y noche.
8. »Pero ciertos ciudadanos ilustres, enojados por el mal agüero,
agarrando a ese hombre, le atormentaron, causándole numerosas
heridas. Él, no obstante, como no hablaba para sí ni de
lo suyo propio, siguió gritando a los presentes con las mismas
palabras de antes.
9. »Luego los magistrados, creyendo (como era en realidad) que
la agitación de aquel hombre era demoníaca, le llevaron
a presencia del procurador romano. Allí, y a pesar de ser azotado
y con heridas hasta los huesos, no hizo ninguna súplica ni derramó
una sola lágrima, sino que en lo posible tomó su voz en
lamento, respondiendo a cada golpe: "¡Ay, ay, de Jerusalén!"».
10. Josefo también cuenta otro hecho más extraño
que todo esto, cuando dice que en las Sagradas Escrituras se halla un
oráculo que afirma que en aquel tiempo alguien de aquella región
gobernaría el mundo. Él llegó a la conclusión
de que se cumplía con Vespasiano.
11. No obstante, Vespasiano no gobernó todo el mundo, únicamente
lo que estaba bajo el mando romano. Sería más apropiado
referirlo a Cristo, a quien el Padre dijo: «Pídeme, y te
daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los
confines de la tierra»; y por ese tiempo «por toda la tierra
salió la voz (de los santos apóstoles) y hasta el extremo
del mundo sus palabras».
Acerca de Josefo y de sus escritos
IX 1. A todo esto cabe añadir algo acerca de Josefo (que tanto
ha aportado a esta obra que tienes en las manos), su país y su
familia. De nuevo es él quien nos lo refiere: «Josefo,
hijo de Matías, sacerdote de Jerusalén, que en un principio
luchó contra los romanos y finalmente fue dejado en manos de
los sucesos posteriores debido a la necesidad.»
2. Fue el hombre más famosos de los judíos de su época,
y no sólo entre los de su misma raza sino incluso entre los romanos.
Hasta tal grado fue su reconocimiento, que se le honró con la
erección de una estatua en Roma, y sus obras fueron veneradas
como dignas de una biblioteca.
3. Redactó todas sus Antigüedades de los judíos en
veinte libros completos; Las guerras de los judíos de su época,
en siete, los cuales, según su propio testimonio, los compuso
no sólo en griego sino también en su lengua materna. Ciertamente,
por todo lo demás, es digno de confianza.
4. Hay aún otros dos libros suyos dignos de consideración:
Sobre las Antigüedades de los judíos, en los que se halla
su respuesta al gramático Apión, que acababa de componer
un tratado contra los judíos, e incluso contra otros que por
su parte también habían intentado desacreditar las costumbres
patrias del pueblo judío.
5. En el primero de estos dos libros determina el número de los
escritos que pertenecen al llamado Antiguo Testamento, explicando cuáles
son los indiscutibles entre los hebreos por pertenecer a una larga tradición,
con las siguientes palabras:
Cómo cita Josefo los libros divinos
X 1. «Entre nosotros no hay millares de libros discordantes y
contradictorios entre sí, sino que existen sólo veintidós
que poseen el registro de todo tiempo y que se tienen por divinos con
justicia.
2. »De éstos, cinco son de Moisés, y contienen las
leyes y la tradición de la creación hasta la muerte de
Moisés. Comprende un período de casi tres mil años.
3. »Los profetas posteriores a Moisés escribieron en trece
libros cuanto acaeció en sus épocas, abarcando desde la
muerte de Moisés hasta la de Artajerjes (rey de los persas sucesor
de Jerjes). Los cuatro restantes contienen himnos a Dios y consejos
de vida para los hombres.
4. »A partir de Artajerjes y hasta nuestros días, también
se ha escrito todo; pero, al no darse con exactitud la sucesión
de los profetas, no es digno de la misma confianza que merece lo anterior.
5. »Porque en la práctica se demuestra cómo nos
acercamos a nuestras propias Escrituras. Pues al cabo de tanto tiempo
ya nadie ha osado añadir, sacar o cambiar nada de ellas, sino
que a todos los judíos, ya desde su nacimiento, les resulta natural
creer que estas Escrituras son decretos de Dios y perseverar en ellas
hasta, si es preciso, morir de buen grado por ellas».
6. Las palabras del autor expuestas de este modo tendrán su utilidad.
Josefo también trabajó en otra obra no exenta de importancia
Sobre la supremacía de la razón, la que algunos titularon
Macabeos porque contiene las luchas que los hebreos sostuvieron con
gran valor por la piedad a Dios y que se hallan en los escritos llamados
De los Macabeos.
7. También al final del libro XX de sus Antigüedades, indica
que ha de escribir en cuatro libros, siguiendo las creencias patrias
de los judíos, acerca de Dios, de su esencia y de las leyes,
puesto que, según ellas, ciertas cosas se pueden hacer y otras
resultan prohibidas. Él mismo, en otros trabajos, menciona otras
obras suyas.
8. Para terminar vale la pena exponer también las palabras suyas
que aparecen al final de sus Antigüedades, a fin de dar una garantía
a los testimonios que he tomado. Así pues, en su acusación
contra Justo de Tiberíades (que como él mismo, había
intentado redactar los sucesos de aquella época) diciendo que
no escribía la verdad, tras considerar otros muchos argumentos,
añade las siguientes palabras:
9. «Yo no tengo temor como tú acerca de mis escritos, porque
entregué mis libros a los emperadores cuando los hechos todavía
eran casi visibles, pues sabía a ciencia cierta que conservaba
la tradición de la verdad, y no estaba equivocado cuando esperaba
conseguir su testimonio.
10. »Asimismo, presenté mi narración a muchos otros;
algunos incluso resulté que habían estado en la guerra,
como por ejemplo el rey Agripa y algunos de su misma familia.
11. »También el emperador Tito quiso que la información
de estos hechos se diera al pueblo solamente a través de estos
escritos, de modo que incluso firmó con su propia mano la orden
de publicación. El rey Agripa escribió sesenta y dos cartas
con el fin de dar testimonio de la veracidad de estos libros».
Josefo también cita dos de estas cartas. De todos modos, lo mencionado
acerca de él es ya suficiente. Prosigamos, pues, con nuestra
obra.
Cómo Simeón dirige la iglesia de Jerusalén después
de Jacobo
XI Tras el martirio de Jacobo y la inmediata toma de Jerusalén,
cuenta la tradición que, viniendo de diversos sitios, se reunieron
en un mismo lugar los apóstoles y los discípulos del Señor
que todavía se hallaban con vida, y juntos con ellos también
los que eran de la familia del Señor según la carne (pues
muchos aún estaban vivos). Todos ellos deliberaron acerca de
quién había de ser juzgado digno de la sucesión
de Jacobo, y por unanimidad todos pensaron que Simeon, el hijo de Clopás
(a quien también menciona el texto del Evangelio), merecía
el trono de aquella región, por ser, según se dice, primo
del Salvador, pues Hegesipo cuenta que Clopás era hermano de
José.
Cómo Vespasiano manda buscar a los descendientes de David
XII Además de todo esto, Vespasiano, una vez que Jerusalén
hubo sido tomada, ordenó que se buscara a todos los de la familia
de David, para que entre los judíos no fuera dejado nadie de
la familia real. Por esta razón se emprendió otra gran
persecución contra los judíos.
Cómo Anacleto fue el segundo obispo de Roma
XIII Al cabo de diez años de su reinado, Vespasiano es sucedido
como emperador por su hijo Tito. En el segundo año del reinado
de este segundo, Lino, obispo de la iglesia de Roma, después
de sostener el ministerio durante doce años, se lo entrega a
Anacleto. Domiciano sucedió a su hermano Tito, que había
reinado dos años y dos meses.
Cómo Abilio fue el segundo en dirigir a los alejandrinos
XIV Abilio sucede a Aniano, primer obispo de la región de Alejandría,
tras completar veintidós años y morir el cuarto año
del reinado de Domiciano.
Cómo Clemente fue el tercer obispo de Roma después de
Anacleto
XV Clemente fue obispo de la iglesia de Roma durante doce años.
Este Clemente —enseña el apóstol Pablo en su Epístola
a los Filipenses— era su colaborador. Lo expresa como sigue: «Con
Clemente también y los demás colaboradores míos,
cuyos nombres están en el libro de la vida.»
Acerca de la carta de Clemente
XVI Hay una carta de Clemente que es admitida, extensa y asombrosa la
escribió a la iglesia de los corintios en nombre de la iglesia
en Roma, cuando había una revuelta en Corinto. Tenemos constancia
de que esta carta se usa públicamente en la congregación
en la mayoría de las iglesias, no sólo en la antigüedad
sino también en nuestros días. Hegesipo es un testigo
de que en aquel tiempo hubo una revuelta en Corinto.
Acerca de la persecución en tiempos de Domiciano
XVII Domiciano demostró ser en gran manera cruel para con muchos,
y no a pocos nobles y a hombres insignes asesinó sin siquiera
un juicio lógico. También castigó a millares de
hombres ilustres con el destierro fuera de las fronteras y confiscación
de bienes sin razón. Finalmente se constituyó a sí
mismo sucesor de Nerón en su enemistad y lucha contra Dios. En
realidad fue el segundo que instigó la persecución contra
nosotros, aunque su padre, Vespasiano, no había concebido nada
insólito contra nosotros.
Acerca del apóstol Juan y del Apocalipsis
XVIII 1. Por aquel tiempo, según la tradición, el apóstol
y evangelista Juan (todavía vivo) fue condenado a residir en
la isla de Patmos por su testimonio del Verbo Divino.
2. Ireneo, escribiendo sobre el número del nombre que designa
al anticristo en el llamado Apocalipsis, de Juan, menciona las siguientes
palabras en el libro V, Contra las herejías, acerca de Juan:
3. «Pero si hubiese sido preciso anunciar explícitamente
su nombre, se hubiera comunicado por medio de aquel que también
vio el Apocalipsis; pero hace poco que se vio, casi en nuestra generación,
al final del imperio de Domiciano».
4. Por aquel entonces la señal de nuestra fe, resplandeció
de tal modo que incluso los escritores fuera de nuestra tradición
no dudaron en exponer en sus narraciones la persecución de los
mártires que tuvo lugar en ella. También indicaron el
tiempo con precisión, cuando cuentan que en el año decimoquinto
de Domiciano, Flavia Domitila, hija de una hermana de Flavio Clemente,
cónsul de Roma por aquel entonces, juntamente con muchos otros,
fue sentenciada al destierro en la isla de Pontia por el testimonio
de Cristo.
Cómo Domiciano manda dar muerte a los de la familia de David
XIX Domiciano también ordenó aniquilar a los de la familia
de David, y, según una antigua tradición, ciertos herejes
acusaban a los descendientes de Judas (el cual era hermano, según
la carne, del Salvador) por ser de la familia de David y estar emparentados
con el mismo Cristo. Esto expone Hegesipo con las siguientes palabras:
Acerca de la familia de nuestro Salvador
XX 1. «Todavía se hallaban con vida, de la familia del
Señor, los nietos de Judas (llamado su hermano según la
carne). A éstos delataron porque eran de la familia de David.
El evocato los llevó ante el césar Domiciano, pues, como
Herodes, también tenía miedo de la venida de Cristo.
2. »Les preguntó si eran descendientes de David y ellos
lo confesaron. Luego les preguntó acerca del número de
sus bienes o cuánto dinero poseían, pero ellos dijeron
que entre ambos sólo sumaban nueve mil denarios, la mitad cada
uno; y persistían en decir que ni siquiera esto tenían
en metálico, sino que se trataba de la tasación de sólo
treinta y nueve pletros de tierra, por la que pagaban impuestos y la
trabajaban ellos mismos para su subsistencia».
3. A continuación mostraron sus manos, y ofrecieron como testimonio
de su trabajo personal su fortaleza física y los callos que les
habían salido en sus propias manos por la obra ininterrumpida.
4. Interrogados sobre Cristo y su reino, qué tipo de reino era,
dónde y cuándo aparecería, explicaron que no se
trataba de un reino de este mundo o de esta tierra, sino celestial y
angélico y que ha de tener lugar en el final de los tiempos.
Porque viniendo en gloria juzgará a vivos y muertos y pagará
a cada uno según sus obras.
5. Observando todo esto, Domiciano nada les reproché, sino que
incluso los menospreció como a gente vulgar y, dejándolos
en libertad, puso fin a la persecución de la iglesia mediante
un decreto.
6. Los que habían sido liberados dirigieron las iglesias por
haber testificado y por pertenecer a la familia del Señor, y
habiendo llegado la paz, vivieron hasta Trajano.
7. Esto, según Hegesipo, pero Tertuliano también hace
una mención parecida de Domiciano: «También Domiciano
intentó en cierta ocasión llevar a cabo lo mismo que aquél,
pero su crueldad sólo fue una parte de la de Nerón. Porque,
según creo, tenía cierto conocimiento y apresuradamente
cesó la persecución, incluso haciendo llamar a los desterrados»
8. Al cabo de quince años de reinar Dom iciano, y tras sucederle
Neiva en el poder, el Senado romano votó que los honores de Domiciano
fueran eliminados y que volvieran a su casa los desterrados injustamente,
y al mismo tiempo tomaran de nuevo sus posesiones. Estos hechos los
cuentan los que han transmitido por escrito los acontecimientos de entonces.
9. Así pues, entonces, según una antigua tradición
nuestra, el apóstol Juan, viniendo del destierro en la isla,
pasé a vivir a Éfeso.
Cómo Cerdón fue el tercero en dirigir la iglesia de Alejandría
XXI Tras reinar poco más de un año, Neiva fue sucedido
por Trajano, y en el primer año de este último, Cerdón
sucedió a Abilio, que había dirigido la congregación
de Alejandría durante trece años. De este modo, Cerdón
vino a ser el tercero que ocupó el cargo después de Aniano,
que fue el primero. Entonces Clemente todavía dirigía
a los romanos, siendo él también el tercer obispo de aquel
lugar, después de Pablo y de Pedro. Lino fue el primero y tras
él Anacleto.
Cómo Ignacio fue el segundo en dirigir la iglesia de Antioquía
XXII En Antioquía, después de Evodio, el primero en ser
nombrado, era muy conocido también en aquella época el
segundo:
Ignacio. Del mismo modo, por aquel entonces, Simeón, segundo
después del hermano de nuestro Salvador, tenía este ministerio
en Jerusalén.
Relato acerca del apóstol Juan
XXIII 1. Por entonces, el apóstol y evangelista Juan, aquel a
quien Jesús amaba, todavía estaba con vista en Asia y
continuaba allí cuidando de la iglesia tras volver del destierro
de la isla, una vez que hubo muerto Domiciano.
2. Bastarán los testigos para garantizar que entonces Juan todavía
vivía, pues ambos son fidedignos y reconocidos en la ortodoxia
de la iglesia. Se trata de Ireneo y de Clemente de Alejandría.
3. El primero, en algún punto del libro II de Contra las herejías,
escribe lo siguiente: «Y todos los ancianos de Asia que mantienen
contactos con Juan, el discípulo del Señor, dan testimonio
de que lo transmite Juan, pues permaneció con ellos hasta los
tiempos de Trajano».
4. También el libro III de la misma obra expone así: «Pero
incluso la iglesia de Éfeso, puesto que la fundó Pablo
y que Juan permaneció en ella hasta los tiempos de Trajano, es
un testimonio verdadero de la tradición de los apóstoles».
5. Por otro lado, Clemente indica el mismo tiempo, y añadió
un relato, indispensable para aquellos que gustan de oir cosas hermosas
y de algún provecho, a la obra que tituló ¿Quién
es el rico que se salva? Así pues, tómala y lee lo que
allí se halla escrito:
6. «Oye este rumor, que no es un rumor, sino una tradición
sobre el apóstol Juan, transmitida y conservada en la memoria.
Así pues, cuando murió el tirano, Juan pasó de
la isla de Patmos a Éfeso. De allí salía, cuando
se lo pedían, a las regiones vecinas de los gentiles, ya fuera
para establecer obispo, para dirigir iglesias enteras o para designar
algún sacerdote de los que habían sido elegidos por el
Espíritu.
7. »Fue, pues, a una ciudad cercana (cuyo nombre incluso algunos
mencionan) y, tras traer alivio a los hermanos en las otras cosas, mirando
fijamente al obispo establecido por todos y habiendo visto a un joven
alto, de aspecto agradable y de ánimo encendido, dijo: "Te
entrego a éste con toda diligencia ante la iglesia y con Cristo
de testigo" Y, a pesar de que el obispo lo aceptó comprometiéndose
en todo, Juan de nuevo decía lo mismo y lo afirmaba con los mismos
testigos.
8. »Entonces se fue a Éfeso, y aquel obispo recibió
en casa al joven que le había sido entregado y lo hospedó,
lo mantuvo, lo cuidó y finalmente lo bautizó. Luego moderó
algo el gran cuidado y protección, porque creía que lo
había provisto de la perfecta protección: el sello del
Señor.
9. »Pero siendo su libertad prematura y tomándole algunos
ociosos de su misma edad habituados al mal, lo pervirtieron. Primero
se lo atrajeron con pródigos festines, luego se lo llevaban con
ellos incluso cuando iban a robar de noche, y finalmente le reclamaban
mayor colaboración.
10. »El fue adhiriéndose a ellos paulatinamente y, por
su fortaleza física, se extravió del camino recto como
caballo desbocado y robusto, cayendo al abismo con gran velocidad.
11. »Al final renunció a la salvación que hay en
Dios y ya no proyectaba pequeñeces, antes bien, habiendo llevado
a cabo graves crímenes, y ya que estaba perdido para siempre,
merecía sufrir como los demás. De este modo, tomando a
estos otros jóvenes y reuniendo una banda de ladrones, él
era su resuelto jefe, el más violento, el más asesino
y el más aterrador.
12. »Pasando el tiempo, hubo alguna necesidad y llamaron a Juan.
Él tras solucionar los asuntos que le habían llevado allí,
dijo: "Venga, pues, obispo, devuélveme el depósito
que yo y Cristo te entregamos ante la iglesia que tú diriges
y es testigo."
13. »El obispo, primero se sorprendió pensando que se le
acusaba acerca de algún dinero que él no había
recibido, y tampoco podía creer en lo que no tenía ni
desconfiar de Juan. Pero cuando Juan dijo: "El joven es a quien
te reclamo y el alma del hermano", el anciano se echó a
llorar y, con muchas lágrimas, dijo: "Está muerto."
¿Cómo? ¿De qué muerte? "Muerto para
Dios, porque se fue malvado, perdido y, lo que es más, ladrón,
y ahora se ha apoderado del monte que hay al frente de la iglesia, con
una banda como él."
14. »El apóstol, rasgando sus vestidos y golpeándose
la cabeza con grandes gemidos, dijo: "¡Buen cuidador dejé
del alma del hermano! Pero traigan un caballo y alguien me indique el
camino." Y desde allí, tal como estaba, emprendió
su marcha desde la iglesia.
15. »Cuando llegó al lugar, le tomaron los guardias de
los bandidos, pero él ni se escondía ni hacía súplicas,
sino que decía gritando: Para esto vine, conducidme a vuestro
jefe.
16. »Éste, mientras esto ocurría, esperaba armado,
pero al reconocer que era Juan el que se acercaba, escapó avergonzado.
Él le seguía con toda su fuerza y descuidando su propia
edad.
17. »Le gritaba: "¿Por qué huyes de mí,
hijó, de tu padre indefenso y viejo? Ten piedad de mí,
hijo, no tengas temor. Todavía tienes esperanza de vida. Yo daré
cuenta de ti ante Cristo. Si es preciso, soportaré la muerte
por ti de buen grado, del mismo modo que el Señor la sufrió
por nuestra causa. Cambiaré tu alma por la mía propia.
Detente, me ha enviado Cristo."
18. »El joven, cuando oyó estas cosas, primero se detuvo,
bajando su rostro; después tiré sus armas, y luego, temblando,
lloró amargamente. Al llegar el anciano lo abrazó, presentando,
en lo posible, sus lamentos a modo de defensa y sus lágrimas
como segundo bautismo. Únicamente escondía la diestra.
19. »Pero él, que era su fiador, jurando que había
hallado perdón del Salvador para él y suplicando, se postró
de rodillas y besó su diestra purificada por el arrepentimiento.
Lo llevó de nuevo a la iglesia, oró con abundantes súplicas,
lo acompañó compartiendo sus ayunos y fue cautivando su
corazón con los multiformes lazos de sus palabras. Según
dicen, no se alejó de allí hasta que lo hubo establecido
en la iglesia, habiendo dado grandes muestras de un arrepentimiento
verdadero y grandes señales de regeneración a modo de
trofeo de una resurrección visible».
Acerca del orden de los Evangelios
XXIV 1. Sea, pues, esta cita de Clemente no sólo un relato sino
también sirva de provecho para aquellos que lo lean. Pero mencionemos
a continuación los escritos indiscutibles del apóstol.
2. En primer lugar hay que aceptar como auténtico su Evangelio,
que se lee en todas las iglesias bajo el cielo. Pero la razón
por la que entre los antiguos se colocara en cuarto lugar, después
de los otros tres, tal vez se aclara con la siguiente explicación:
3. Estos hombres eran inspirados, y en realidad notables para con Dios
(me refiero a los apóstoles de Cristo), y tenían purificadas
sus vidas sobremanera y ornamentadas sus almas por toda virtud. No obstante,
hacían uso del lenguaje sencillo. Ciertamente ellos eran animados
por el poder divino y obrador de milagros recibidos del Salvador, pero
no sabían ni tampoco buscaban ser embajadores del conocimiento
de la enseñanza por medio de la persecución y del arte
de la oratoria. Sino que anunciaban a toda la tierra el reino de los
cielos sin demasiado esfuerzo para ponerlo por escrito, utilizando solamente
la demostración del Espíritu Divino que les auxiliaba
y el poder de Cristo que obraba milagros por medio de ellos.
4. Y esto lo hacían de este modo porque servían a un ministerio
más alto y superior al hombre. Por eso Pablo, de todos el más
hábil para preparar discursos y el de pensamiento más
poderoso, no nos dejó por escrito más que brevísimas
cartas, a pesar de poder explicar cosas infinitas e inefables, porque
llegó a la contemplación del tercer cielo, y arrebatado
al mismo paraíso, fue hecho digno de oír las inefables
palabras de aquel lugar.
5. Pero tampoco los otros seguidores de nuestro Salvador carecían
de experiencias similares. Me refiero a los doce apóstoles, a
los setenta discípulos y a millares más. Mas, a pesar
de ello, de todos éstos únicamente Mateo y Juan nos han
dejado un recuerdo de las plácticas del Señor, e incluso
ellos, según la tradición, se pusieron a escribir obligados.
6. Por su parte, Mateo, que en primer lugar predicó a los hebreos
cuando ya estaba por dedicarse también a otros, expuso por escrito
su Evangelio en su lengua materna, sustituyendo de este modo por escrito
la falta de su presencia en medio de aquellos de los que se alejaba.
7. Y, a su vez, Marcos y Lucas ya habían procedido a la entrega
de sus respectivos Evangelios cuando se dice que Juan seguía
haciendo uso de la predicación oral, y que finalmente se dedicó
a escribirlo por causa de la siguiente razón:
Habiendo sido ya divulgados los tres Evangelios escritos con anterioridad,
llegando también a sus manos, dicen que los aceptó e incluso
dio testimonio de su veracidad, pero que el relato carecía de
los hechos que llevó a cabo Cristo en el principio y también
en el comienzo de su predicación.
8. La explicación es verdadera. Se puede ver cómo los
tres evangelistas únicamente refieren por escrito los hechos
del Salvador ocurridos un año después del encarcelamiento
de Juan el Bautista. Y ellos mismos lo indican al principio de sus relatos.
9. Por ejemplo, tras el ayuno de cuarenta días y de la subsiguiente
tentación, Mateo pone de manifiesto el tiempo de su propio escrito
cuando dice: «Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso,
volvió de Judea a Galilea».
10. Del mismo modo, Marcos dice: «Después que Juan fue
encarcelado, Jesús vino a Galilea». Y Lucas también,
antes de empezar a redactar los hechos de Jesús, menciona algo
semejante, cuando dice que Herodes añadió, a sus anteriores
crímenes, el siguiente: «Encerró a Juan en la cúrcel».
11. Por esta causa dicen que se rogó a Juan para que expusiera
en su Evangelio el tiempo no mencionado y los hechos del Salvador durante
este período (es decir, antes del encarcelamiento del Bautista).
Esto también lo menciona cuando dice: «Este principio de
señales hizo Jesús», y cuando habla sobre el Bautista,
entre los hechos de Jesús, diciendo que todavía bautizaba
en Ainón, cerca de Salem. Esto lo expone claramente como sigue:
«Porque Juan no había sido aún encarcelado».
12. Así pues, Juan expone en su Evangelio escrito las obras anteriores
al encarcelamiento del Bautista, pero los tres evangelistas restantes
mencionan las que llevó a cabo después de que él
fuera encarcelado.
13. Quien considere estos factores ya no podrá creer que los
Evangelios difieren entre sí, sino que el de Juan abarca los
primeros hechos de Cristo y los otros relatos el final. Del mismo modo,
debe haber silenciado la genealogía según la carne de
nuestro Salvador porque Mateo y Lucas ya la habían escrito y
debe haber empezado con su divinidad como si el Espíritu divino
se lo hubiera guardado por ser más poderoso.
14. Todo lo mencionado acerca de la escritura del Evangelio según
San Juan es ya suficiente, y cuál fue la causa del Evangelio
según San Marcos ya quedó explicado anteriormente.
15. Por lo que se refiere a Lucas, él también explica
de antemano la razón de la composición del Evangelio al
principio de su narración. Puesto que muchos otros ya se habían
dedicado precipitadmnente a componer un relato de aquellas cosas sobre
las cuales estaba ciertísimo, le pareció necesario alejarnos
de las inciertas suposiciones de los demás y en su Evangelio
nos ha transmitido la narración exacta de aquellas cosas cuya
verdad ha obtenido con suficiencia de datos, por causa de su convivencia
y su relación con Pablo junto con la reunión de los demás
apóstoles.
16. Esto es lo que poseemos sobre este punto. No obstante, en un momento
más oportuno, intentaremos exponer, usando citas de los antiguos,
lo que otros han afirmado acerca de este tema.
17. Además del Evangelio, de los escritos de Juan también
se conoce, sin duda alguna, tanto antiguamente como ahora, su primera
Epístola.
18. Sin embargo, se discuten las dos restantes. Sobre el Apocalipsis,
la opinión de muchos sigue dividida entre ambas posturas. También
a su debido tiempo éste escrito recibirá el juicio basado
en el testimonio de los antiguos.
Acerca de las divinas Escrituras admitidas y de las que no lo son
XXV 1. Habiendo llegado hasta este punto, ya es hora de dar una lista
de los escritos del «Nuevo Testamento» mencionados. Primero
se ha de situar la santa tétrada de los Evangelios, seguidos
por Los Hechos de los Apóstoles.
2. A continuación hay que disponer las Epístolas de Pablo,
después se ha de decretar como cierta la I Epístola de
Juan, así como la de Pedro. Luego, si se desea, el Apocalipsis
de Juan, sobre el que a su tiempo manifestaremos lo que se cree de él.
Estos son los reconocidos.
3. Los escritos discutidos, a pesar de ser conocidos por la mayoría,
son las llamadas Epístolas de Santiago, la de Judas y la II de
Pedro, y las que llaman II y III de Juan, tanto si son del evangelista
como si son de alguien con el mismo nombre.
4. Hay que considerar como espurios los siguientes: Los Hechos de Pablo,
el llamado Pastor, el Apocalipsis de Pedro, la que dicen que es Epístola
de Bernabe, el escrito llamado Enseñanza de los Apóstoles
y, como dije, si se desea, el Apocalipsis de Juan. Este escrito es rechazado
por algunos y considerado entre los reconocidos por otros.
5. Algunos incluyen en esta lista el Evangelio a los Hebreos. por el
que gozan en gran manera los hebreos que han recibido a Cristo. No obstante,
todos estos escritos son discutidos.
6. Así pues, nos hemos visto obligados a hacer la lista también
de los discutidos, separando los escritos que, según la tradición
eclesiástica, son verdaderos, originales y admitidos, de los
restantes, que, a pesar de no ser testamentarios, sino discutidos, son
conocidos por la mayoría de los autores eclesiásticos.
De este modo podemos ver estos escritos y también aquellos que,
bajo el nombre de los apóstoles, han diseminado los herejes,
como si contuvieran los Evangelios de Pedro, de Tomás, de Matías
o de cualquier otro, así como los Hechos de Andrés, de
Juan o de otros apóstoles. De todos éstos, ninguno fue
considerado jamás como digno de ser citado por los escritores
de la sucesión eclesiástica.
7. Hay que añadir que incluso el tipo de frase cambia con respecto
a los apóstoles, y que el concepto y el plan que en ellos se
hallan, armonizan menos con la verdadera ortodoxia, hasta tal punto
que viene a ser evidente que fueron forjados por hombres herejes. Por
eso no hay que situarlos entre los espurios, sino que, como totalmente
ilógicos e impíos, deben de ser rechazados.
Acerca del mago Menandro
XXVI 1. Continuemos, pues, nuestro relato. Menandro fue el sucesor del
mago Simón, y por su modo de actuar demostró ser un arma
diabólica no inferior a la primera.
También era samaritano, y no fue inferior a su maestro en su
avance hacia la cumbre de la hechicería, sino que sobreabundó
en adivinaciones aún mayores. Y decía, como si lo fuera,
que él era el salvador enviado para salvación de los hombres,
de algún lugar en las alturas, desde lugares invisibles.
2. Enseñaba que a nadie le era posible superar a los mismísimos
ángeles hacedores del mundo si primero no era guiado a través
de la experiencia mágica impartida por él y por su bautismo.
Los que han sido juzgados dignos de este bautismo ya tienen parte en
la vida presente de la inmortalidad imperecedera, y no morirán,
sino que han de permanecer para siempre, sin envejecer y siendo inmortales.
Todo esto se conoce fácilmente por Ireneo.
3. Justino, cuando menciona a Simón, por el mismo hecho añade
también este comentario sobre el otro: «Tenemos noticias
además de que un tal Menandro, también samaritano, de
la aldea de Caparatea, habiendo sido discípulo de Simón
y aguijoneado por los demonios, vino a Antioquía y engañó
a muchos con su arte mágica. Convenció a sus seguidores
de que no morirán, y aún hay algunos de los suyos que
lo confiesan».
4. Se trataba de la obra diabólica que, por medio de estos magos
disfrazados con nombres cristianos, se esforzaba en desacreditar, con
su magia, el gran misterio de la piedad y en ridiculizar, por medio
de ellos, los dogmas de la Iglesia referentes a la inmortalidad del
alma y la resurrección de los muertos.
A pesar de ello, cuantos han tomado a éstos por salvadores, han
caído de la verdadera esperanza.
Acerca de la herejía de los ebionitas
XXVII 1. A otros el maligno demonio, no pudiendo arrebatarles de su
dedicación para con el Cristo de Dios, se los hizo suyos al encontrarles
algún otro punto débil. Los primeros fueron llamados Ebionitas
acertadamente, pues consideraban a Cristo de un modo pobre y bajo.
2. Creían que era un hombre simple y común, que iba justificándose
a medida que crecía en su carácter, y que nació
como fruto de la unión de un hombre y de María. Les parecía
indispensable cumplir la Ley, como si no pudieran salvarse con la sola
fe en Cristo y una vida conforme a ella.
3. Además de éstos, existieron otros con el mismo nombre
que estaban libres de las cosas absurdas de los anteriores. No rechazaban
el hecho de que el Señor naciera de una virgen y del Espíritu
Santo, pero, del mismo modo que aquéllos, no confesaban que ya
preexistía puesto que era él mismo Dios, el Verbo y la
Sabiduría. También volvían a la impiedad de los
primeros, principalmente cuando, como ellos, se afanaban en honrar el
culto a la Ley escrita
4. También creían que se habían de rechazar definitivamente
las Epístolas del apóstol Pablo, al que llamaron apóstata
de la Ley, pero hacían uso exclusivo del llamado «Evangelio
a los Hebreos», ignorando los demás.
5. Guardaban el sábado (como los primeros) y toda la conducta
judaica, pero el domingo observaban prácticas parecidas a las
nuestras en memoria de la resurrección del Salvador.
6. Por esta causa de estos hechos llevan esta denominación, porque
el apelativo Ebionita expresa la pobreza de su mentalidad. Pues los
hebreos llaman con este nombre al pobre.
Acerca del heresiarca Cerinto
XVIII 1. Por ese tiempo Cerinto se hizo jefe de otra herejía.
Cayo, al cual citamos antes, escribe sobre él lo siguiente en
la investigación que se le atribuye:
2. «También Cerinto introduce ciertos milagros por unas
revelaciones que afirma fueron escritas por un gran apóstol,
y dice falsamente que le fueron enseñadas por ministerio de ángeles,
que, tras la resurrección, el reino de Cristo será terrenal
y que la carne que estuvo en Jerusalén será esclava de
nuevo de pasiones y placeres. Siendo como es un enemigo de las Escrituras
de Dios, y deseando engañar, asegura que tendrá lugar
una fiesta nupcial de mil años».
3. Dionisio, que recibió el episcopado de la región de
Alejandría durante mucho tiempo, también menciona a este
mismo hombre en el libro II de sus Promesas, cuando dice que ciertos
aspectos del Apocalipsis de Juan fueron recibidos de una tradición
ya desde antiguo. Escribe así:
4. «Asimismo Cerinto, el que formé la herejía que
lleva su nombre, la herejía cerintiana, y que deseó acreditar
su ficción con un nombre digno de fe. El fundamento de su enseñanza
es éste: que el reino de Cristo será terrenal.
5. »Y puesto que él mismo era un amador del cuerpo y totalmente
carnal, anhelaba que sería como él soñaba: con
saciedad del vientre y debajo del vientre, es decir con alimentos, con
bebidas y con uniones camales, y con todo aquello con lo que creía
se proporcionaría todos estos placeres del modo más elogioso:
fiestas, sacrificios e inmolaciones sagradas».
6. Esto, según Dionisio. E Ireneo, tras explicar, en el libro
I de su tratado Contra las herejías, alguna de las más
vergonzosas creencias falsas de Cerinto, también expone por escrito,
en el libro III, un relato no digno de olvido, según parece procedente
de la tradición de Policarpo. Asegura que, en cierta ocasión,
entrando el apóstol Juan en unos baños con la intención
de lavarse, y notando la presencia de Cerinto en el interior, se apartó
del lugar y huyó en dirección a la puerta, pues no podía
aguantar el permanecer en el mismo techo que aquél. Además
exhortaba con las siguientes palabras, a los que con él se hallaban,
que le imitasen: «Huyamos, no vaya a ser que los baños
se desmoronen porque está dentro Cerinto, el enemigo de la verdad».
Acerca de Nicolás y de los que se denominan con su nombre
XXIX 1. Por aquel entonces se consolidó también la herejía
de los nicolaítas, pero duró muy poco tiempo. Ésta
también se menciona en el Apocalipsis de Juan. Ellos afirmaban
que Nicolás era uno de los diáconos que, junto con Esteban,
habían sido encargados por los apóstoles del cuidado de
los pobres. Clemente de Alejandría relata lo siguiente en el
libro III de sus Stromateis:
2. «Dicen que tenía una mujer encantadora y que, después
de la ascensión del Salvador, acusándole los apóstoles
de ser celoso, la puso en medio y le concedió unirse con quien
lo quisiera. Pues dicen que aquel hecho estaba de acuerdo con este dicho:
"Es preciso abusar de la carne." Así, siguiendo lo
que tuvo lugar y lo que se dijo con simpleza y sin previo examen razonado,
se prostituyen sin ningún pudor los que participan de esta herejía.
3. »No obstante, me consta que Nicolás no tuvo relación
íntima con ninguna mujer con la excepción de con la que
se había casado, y además de sus hijos, las hijas envejecieron
vírgenes y el hijo se conservó puro.
»De esta forma su acción de poner a su esposa de la que
estaba celoso en el medio de los apóstoles fue una expulsión
de la pasión, y la continencia de los placeres más perseguidos
enseñaba a "abusar de la carne". Porque creo que, de
acuerdo con la instrucción del Salvador, "no quería
servir a dos señores": el placer y el Señor.
4. »Dicen que también Matías enseñaba lo
mismo, es decir, luchar contra la carne y abusar de ella sin concederle
nada de placer, y hacer crecer el alma con la fe y el conocimiento».
Sea, pues, esto suficiente acerca de los que, a pesar de encargarse
de pervertir la verdad, lo hacen con más rapidez de lo que se
tarda en decirlo.
Acerca de los apóstoles cuyo matrimonio se ha demostrado
XXX 1. Clemente, a quien acabamos de citar, después de esto continúa
con una lista de los apóstoles cuyo matrimonio está demostrado
para los que niegan el matrimonio. Dice así: «¿Acaso
también rechazaron a los apóstoles? Pedro y Felipe tuvieron
hijos; Felipe incluso entregó a sus hijas en matrimonio, y Pablo
no duda, en alguna de sus cartas, en nombrar a su cónyuge, la
cual no le acompañaba, para una mayor flexibilidad en su servicio».
2. Ya que hemos hecho estos detalles, no estará de más
referir otro relato suyo digno de ser narrado. Lo escribe en el libro
VII de los Stromateis del siguiente modo: «Dicen que el bienaventurado
Pedro, al ver que su misma esposa era llevada a muerte, se gozó
gracias a su llamado y su vuelta a casa, y alzó su voz en gran
manera a fm de estimularla y de consolarla, dirigiéndose a ella
por su propio nombre: "Oh, tú, recuerda al Señor."
Así era el matrimonio de los dichosos y la índole de los
más amados». Aquí convenía citar este texto
por su relación con nuestro tema.
Acerca de la muerte de Juan y de Felipe
XXXI 1. Acerca de Pablo y de Pedro ya hemos mencionado la fecha de su
muerte y el modo y el lugar en que se depositaron sus restos ma vez
que partieron de esta vida.
2. Pero de Juan sólo mencionamos el tiempo. En cuanto al lugar
de sus restos, se manifiesta en la carta de Policrates (obispo de la
región de Éfeso), la cual escribió a Víctor,
obispo de Roma. Menciona, junto con Juan, al apóstol Felipe y
a sus hijas, como sigue:
3. «Pues también en Asia reposan gandes personalidades,
las cuales resucitarán el último día de la venida
del Señor, en la que vendrá de los cielos con gloria para
buscar a todos los santos. Entre ellos, Felipe; uno de los doce apóstoles,
que reposa en Hierápolis, dos de sus hijas que envejecieron vírgenes
y otra hija suya que, tras vivir en el Espíritu Santo, duerme
en Éfeso. También descansa en Éfeso Juan, el que
se reclinó sobre el pecho del Señor y que fue sacerdote
portador del petalón, mánir y maestro».
4. Todo esto se refiere a la muerte de ellos. Pero igualmente en el
Diálogo de Cayo, que citamos poco ha, Proclo (contra el cual
se dirige la investigación) dice lo siguiente, de acuerdo con
lo que hemos relatado acerca de la muerte de Felipe y de sus hijas:
«Después de Felipe, hubo en Hierápolis (la de Asia)
cuatro profetisas que eran hijas de éste. Su sepulcro y el de
su padre se hallan en aquel lugar».
5. Esto es lo que dice Próculo. También Lucas menciona
en los Hechos de los Apóstoles a las hijas de Felipe, que en
aquella ocasión vivían en Cesarea de Judea con su padre,
y que habían recibido el don de la profecía. Dice lo siguiente:
«Fuimos a Cesarea y, entrando en casa de Felipe el evangelista,
que era uno de los siete, pasamos con él. Éste tenía
cuatro hijas doncellas que profetizaban»?
6. Puesto que ya hemos referido cuanto ha llegado a nuestro conocimiento
acerca de los apóstoles, de sus tiempos y de las Sagradas Escrituras
que nos han dejado, incluyendo también los que han de ser discutidos
y que muchos leen públicamente en la mayoría de las iglesias,
aunque son totalmente espurios o alejados de la ortodoxia apostólica,
prosigamos con nuestra exposición.
Cómo fue martirizado Simeón, el obispo de Jerusalén
XXXII 1. Una tradición sostiene que, en el tiempo del emperador
cuya época estamos estudiando, después de Nerón
y Domiciano, resurgió en ciertas partes y en las ciudades una
nueva persecución contra nosotros por causa de las revueltas
del pueblo. En ésta, Simeón, el hijo de Clopás,
el cual ya indicamos que fue el segundo en ser instituido obispo de
la iglesia de Jerusalén, nos hemos enterado que murió
martirizado.
2. De esto es testigo aquel Hegesipo que ya hemos citado en diversas
ocasiones. Añade que, claramente en ese mismo tiempo, Simeón
sufrió una acusación y que fue atormentado por muchos
días, y de muchos modos diferentes, hasta que, dejando consternado
al mismo juez y a los suyos, alcanzó una muerte parecida a la
Pasión del Señor.
3. Pero no hay nada como escuchar al propio autor, que refiere textualmente
lo que sigue: «Por esto, claramente algunos herejes acusan a Simón,
hijo de Clopás, a causa de ser descendientes de David y cristiano,
y de este modo sufre el martirio a los ciento veinte años de
edad, en tiempos del emperador Trajano y del gobernador Ático».
4. Hegesipo dice que sucedió que sus acusadores, cuando se investigaba
acerca de la tribu real de los judíos, fueron apresados porque
ellos también pertenecían a ella.
Calculando un poco se puede decir que Simón vio y oyó
en persona al Señor, tomando como prueba su larga edad y la referencia,
en los Evangelios, a María de Clopás, el cual, como ya
demostramos, era su padre.
5. Este mismo escritor dice que otros descendientes de uno de los que
llaman hermano del Señor, de nombre Judas, también vivieron
hasta este reinado tras dar testimonio de la fe en Cristo en época
de Domiciano, como ya relatamos anteriormente, y escribe como sigue:
6. «Así pues, llegan y se ponen a la cabeza de toda iglesia
por ser mártires y de la familia del Señor. Y una vez
que hubo una profunda paz en la Iglesia aún permanecen hasta
el emperador Trajano, hasta que el hijo del tío del Señor,
al que llamamos antes Simón, hijo de Clopás, fue del mismo
modo denunciado y acusado por las sectas. También él,
por la misma causa, bajo el gobernador Ático, por muchos días
dio testimonio mientras lo torturaban, de manera que todos se maravillaban
en extremo, incluso el gobernador, de cómo lo aguantaba, siendo
ya de ciento veinte años de edad. Finalmente ordenaron que fuera
crucificado».
7. El mismo escritor añade, exponiendo lo sucedido en los tiempos
mencionados, que tras estos acontecimientos la iglesia se conservaba,
hasta entonces, virgen, pura y sin corrupción, como si hasta
entonces los que pretendían corromper las buenas leyes de la
predicación del Salvador, si es que existían, se hallaran
escondidos en inciertas tinieblas.
8. Pero cuando el santo grupo de los apóstoles fue llegando de
diversos modos al final de su vida y se extinguió aquella generación
de los que fueron tenidos por dignos de ofr con sus propios oídos
la Sabiduría divina, empezó entonces la formación
del errar contrario a Dios a través de la estratagema de maestros
de otras enseñanzas. Éstos, como que no quedaba ninguno
de los apóstoles, a partir de entonces, con la cabeza ya descubierta,
han pretendido contraponer a la predicación de la verdad la predicación
de la falsamente llamada ciencia.
Cómo Trajano prohibió buscar a los cristianos
XXXIII 1. Ciertamente fue tan fuerte la persecución que entonces
nos oprimía en todo lugar, que Plinio segundo, muy destacado
entre los gobernadores, impulsado por la gran cantidad de mártires,
comunica al emperador la abundancia excesiva de aniquilados por causa
de su fe. En la misma carta menciona que no se les ha tomado en ningún
acto impío ni contrario a las leyes, con la excepción
de levantarse al despuntar el día para cantar himnos a Cristo
como a un Dios, y que a ellos también les está prohibido
adulterar, asesinar y cometer delitos semejantes, y que en todas las
cosas actúan de acuerdo con las leyes.
2. Trajano reaccionó a todo esto con la promulgación de
un decreto que incluye lo siguiente: no buscar a la tribu de los cristianos,
pero castigar a quien caiga.
Por esta causa la persecución, que mostraba la amenaza de oprimirnos
terriblemente, se calmó en cierto modo, pero no obstante no faltaban
excusas para quienes deseaban dañamos. En unas ocasiones eran
los pueblos, en otras el gobernador local, quienes disponían
maquinaciones contra nosotros, de modo que, a pesar de no haber persecuciones
declaradas, algunas se encendían en ciertas partes según
cada región, y muchos creyentes lucharon con diversos martirios.
3. Esta información ha sido tomada de la Apología latina
de Tertuliano, la cual ya indicamos antes. Su traducción es la
siguiente: «Sea como fuere, encontramos que está prohibido
incluso que nos busquen. Pues Plinio segundo, gobernador de una provincia,
habiendo ya sentenciado a algunos cristianos, y tras rebajarlos en sus
cargos, confuso por la gran cantidad de ellos y sin saber qué
quedaba por hacer, consultó al emperador Trajano diciéndole
que, fuera de que se negaban a adorar a los ídolos, nada impío
encontraba en ellos. También le indicaba esto: Que los cristianos
se levantaban al despuntar el día y cantaban himnos a Cristo
como a un Dios, y que para conservar su saber se les había prohibido
dar muerte, adulterar, codiciar, disfrutar y cualquier cosa semejante.
A esto Trajano respondió por escrito que no se buscara a la tribu
de los cristianos, pero que se castigara al que hubiere caído».
Todo esto también tuvo lugar en este tiempo.
Cómo Evaristo fue el cuarto en dirigir la iglesia de Roma
XXXIV De los obispos de Roma, en el tercer año del mando del
emperador ya mencionado, Clemente entregó a Evaristo su ministerioy
murió tras haber estado nueve años al frente de la enseñanza
de la palabra divina.
Cómo Justo fue el tercero en dirigir la iglesia de Jerusalén
XXXV Pero, al morir Simeón del modo ya referido, le sucedió
en el trono del episcopado de Jerusalén un judío llamado
Justo, el cual era uno de los muchos que, siendo de la circuncisión,
entonces ya creían en Cristo.
Acerca de Ignacio y de sus cartas
XXXVI 1. Por aquel entonces en Asia se distinguía Policarpo,
discípulo de los apóstoles, quien recibió el episcopado
de la iglesia de Esmirna de manos de los testigos oculares y servidores
del Señor.
2. Entonces empezaron a ser notorios Papías, también el
obispo de la región de Hierápolis, e Ignacio, el más
ilustre entre la mayoría todavía ahora. Éste fue
el segundo en ser escogido para la sucesión de Pedro en el episcopado
de Antioquía.
3. Según una tradición, Ignacio fue enviado desde Siria
a Roma a fin de ser pasto de las fieras por causa del testimonio de
Cristo.
4. Cuando volvía de Asia, custodiado por una guardia muy cuidadosa,
fortalecía con sus palabras y exhortaciones a las congregaciones
en cada ciudad donde paraban. Primero los exhortaba a que antes de todo
se cuidaran de las herejías, que justamente entonces, por primera
vez eran predominantes, y los persuadía para que se mantuvieran
aferrados a la tradición de los apóstoles, la cual le
parecía necesario poner por escnto para su mayor seguridad, porque
estaba para sufrir el martirio.
5. Así, estando en Esmirna, donde se encontraba Policarpo, escri.bió
una carta a la iglesia de Éfeso, mencionando a su pastor Onésimo.
Otra carta la escribió a la iglesia de Magnesia, la que está
por encima de Meandro, haciendo mención también del obispo
Damas, y otra a la iglesia de Trales, diciendo que su dirigente era
por entonces Polibio.
6. A ésta cabe añadir la que escribió a la iglesia
de Roma, en la que expone su petición de que no intercedan por
él para que no le despojen de su deseada esperanza: el martirio.
Merece la pena aportar algunas citas, por muy breves que sean, para
demostrar lo expuesto. Escribe como sigue, textualmente:
7. «Desde Siria hasta Roma estoy combatiendo contra fieras por
tierra y por mar de noche y de día, atado junto a diez leopardos,
es decir, un cuerpo de soldados que se tornan peores con hacerles el
bien; no obstante, con sus ofensas más instruido soy. Pero no
por eso estoy justificado.
8. »¡Que pueda gozar de las fieras dispuestas para mí!
Ruego encontrarlas listas para mi; incluso las halagaré para
que me devoren rápidamente, no suceda como con algunos que por
cobardía no les dañaron, y si no lo hacen de buen grado,
yo mismo las obligaré.
9. »Excusadme. Conozco lo que me conviene. Ahora empiezo a ser
discípulo. Ninguna cosa visible o invisible tenga celos de mí
porque yo dé alcance a Jesucristo.
»Fuego, cruz, manadas de fieras, dispersión de huesos,
destrucción de los miembros, trituración del cuerpo entero
y azotes del diablo me agobien; todo ello para que dé alcance
a Jesucristo».
10. Esto lo redactaba desde la ciudad indicada a las iglesias ya enumeradas.
Pero cuando yo estaba más allá de Esmirna, desde Tróades
también se pone en contacto por escrito con la de Filadelfia,
con la iglesia de Esmirna y privadamente con Policarpo que la dirigía,
y, reconociéndole verdaderamente como varón apostólico
y siendo él mismo pastor sincero y bueno, le hace entrega de
su rebaño de Antioquía y le pide que cuide de él
con gran esmero.
11. Cuando escribe a los esmirniotas, tomando cita de no sé dónde,
se refiere a Cristo del siguiente modo: «Por mí sé
y creo que incluso después de su resurrección sigue en
carne, y cuando vino a los compañeros de Pedro les dijo: "Tomad,
tocadme y ved que no soy un Espíritu sin cuerpo." Y en seguida
le tocaron y creyeron».
12. Ireneo también está informado de su martirio y lo
menciona en sus canas como sigue: «Como dijo alguno de los nuestros
condenado a las fieras por el testimonio de Dios, "porque soy trigo
de Dios y soy molido por los dientes de las fieras", a fin de ser
hallado como pan puro».
13. Y Policarpo menciona lo mismo en la carta, que dice ser de él,
a los filipenses. Dice así: «Por ello os invito a todos
vosotros para que seáis obedientes y practiquéis toda
paciencia, la que pudisteis ver con vuestros ojos, no únicamente
en los dichosos Ignacio, Rufo y Zósimo, sino también en
otros de los vuestros, en el propio Pablo y en los restantes apóstoles,
confiando en que todos ellos no corrieron en vano, antes bien en la
fe y en la justicia, y confiando también que están en
su debido lugar al lado del Señor, con el que también
sufrieron. Pues no amaron a este siglo sino a aquel que murió
por nosotros y que Dios resucitó por nosotros». A continuación
añade:
14. «Vosotros me escribisteis y también Ignacio, a fin
de que si alguien fuera a Siria, llevara asimismo nuestros escritos.
Yo haré lo mismo si doy con una oportunidad favorable, ya sea
personalmente, ya sea por medio de alguien que envíe y que también
servirá como embajador de vuestra parte.
15. »Las cartas de Ignacio que él nos envió y las
otras que ya teníamos, os las enviamos, como nos lo encargasteis.
Las incluyo en esta carta. Podéis conseguir un gran provecho
de ellas, porque contienen la fe, la paciencia y toda edificación
relacionada con nuestro Salvador». Hasta aquí lo referente
a Ignacio. Heros le sucedió en el episcopado de Antioquía.
Acerca de los evangelistas que entonces todavía se distinguían
XXXVII 1. Dentro de los ilustres de este tiempo, también se hallaba
Cuadrato. Según una tradición de éste, junto con
las hijas de Felipe, era notable por el don de la profecía. Además
de éstos, también fueron famosos, por aquel tiempo, muchos
más que ocuparon el puesto principal de la sucesión de
los apóstoles. Estos, por ser maravillosos discípulos
de tan grandes varones, edificaron sobre los fundamentos de las iglesias
establecidas con anterioridad por los apóstoles, extendían
cada vez más la predicación y la semilla salvadora del
reino de los cielos y la sembraban por toda la superficie de la tierra
habitada.
2. Así, gran número de los discípulos de aquel
tiempo, heridos en sus almas por la palabra divina con un amor tremendo
por la filosofía, en primer lugar llevaban a cabo la exhortación
salvadora repartiendo sus posesiones entre los necesitados, y luego
haciendo viajes realizaban la obra de evangelista, afanándose
en predicar a los que todavía no habían escuchado la palabra
de la fe y en transmitir el texto de los divinos evangelios.
3. Ellos sólo establecían los fundamentos en algunos lugares
extranjeros e instituían a otros como pastores, confiando en
sus manos el cultivo de los recién aceptados. Luego marchaban
de nuevo a otros pueblos con la gracia y la ayuda de Dios, ya que todavía
entonces se lievaban a cabo muchos y prodigiosos poderes del Espíritu
divino por medio de ellos, de modo que, desde el primer momento de escucharlos,
multitudes de hombres a una aceptaban de buen grado en sus almas la
piedad del hacedor del Universo.
4. Pero como que no nos es posible enumerar por su nombre a cuantos,
en la primera sucesión de los apóstoles y en la iglesia
de toda la tierra, fueron pastores, o también los evangelistas,
es lógico hacer mención escrita por sus nombres únicamente
de los que todavía hasta ahora se conserva su transmisión,
por sus recuerdos de la enseñanza apostólica.
Acerca de la carta de Clemente y de los textos que se le atribuyen falsamente
XXXVIII 1. Sin duda, de este modo son Ignacio, en las cartas que ya
hemos enumerado, y Clemente, en la carta que todos admiten, la cual
redactó en representación de la iglesia de Roma a la de
Corinto. En esta carta expone muchos conceptos de la Epístola
a los Hebreos y hasta hace uso de citas textuales, demostrando con ello
claramente que se trata de un escrito reciente.
2. Por esta causa pareció lógico catalogarlo junto con
los otros escritos del apóstol. Pues Pablo tuvo contacto por
escrito con los hebreos por medio de su lengua patria. Unos afirman
que este texto lo tradujo el evangelista Lucas, mientras que otros dicen
que fue el mismo Clemente.
3. Esto último tal vez fuere más cierto, ya que la Carta
de Clemente y la Epístola a los Hebreos mantienen un estilo parecido,
y que los conceptos que exponen ambos escritos no se alejan mucho uno
de los otros.
4. Sabemos que existe una segunda carta llamada de Clemente, pero, como
la primera, no creemos que sea conocida, pues ni siquiera los antiguos,
por lo que conocemos, hacían uso de ella.
5. Algunos muy recientemente han expuesto, como pertenecientes a Clemente,
otros escritos elocuentes y largos que contienen los diálogos
de Pedro y de Apión. Entre los antiguos no aparece mención
alguna de estos textos ni mantienen puro el carácter de la ortodoxia
apostólica. Por lo tanto, ya queda manifiesto cuál sea
el escrito admitido de Clemente, y también nos hemos referido
a los de Ignacio y Policarpo.
Acerca de los escritos de Papías
XXXIX 1. Dicen que existen cinco escritos de Papías con el título
de Explicaciones de la palabra del Señor. Ireneo los menciona
como los únicos escritos por Papías, cuando dice lo siguiente:
«De esto también da testimonio escrito Papías, oyente
de Juan, compañero de Policarpo y varón de los antiguos,
en su cuarto libro. Porque él compuso cinco libros».
2. Esto según Ireneo. Pero Papías en ningún modo
explica que él fuera oyente ni testigo ocular de los santos apóstoles,
sino que enseña que acogió los asuntos de la fe de manos
de los que lo conocieron; dice como sigue:
3. «No dudaré en añadir todo cuanto aprendí
muy bien de los ancianos y que recuerdo perfectamente en mis explicaciones,
pues sé con toda certidumbre que es verdad. Porque no me contentaba
con lo que dicen muchos, como ocurre con la mayoría, sino con
los que enseñan la verdad; tampoco con los que repiten mandamientos
de otros, sino con los que recuerdan aquellos mandamientos que fueron
dados a la fe procedentes del Señor y que tienen su origen en
la verdad.
4. »Y si alguna vez llegaba alguien que había seguido a
los ancianos, yo observaba las palabras de los ancianos, que era lo
dicho por Andrés, o Pedro, o Felipe, o Tomás, o Jacobo,
o Juan, o Mateo, o por cualquiera de los otros discípulos del
Señor, e incluso lo que decían Aristión y el anciano
Juan, discípulos del Señor, pues creí que no obtendría
el mismo provecho de lo que aprendiera de los libros como lo aprendía
por medio de una voz viva y perdurable».
5. Merece la pena indicar que menciona dos veces el nombre de Juan.
El primero lo adjunta a la lista de Pedro, de Jacobo, de Mateo y de
los restantes apóstoles (claramente refiriéndose al evangelista);
el segundo, una vez concluido el discurso, lo pone junto con otros,
separado de los apóstoles y precedido por Aristión, llamándole
más claramente anciano.
6. De este modo queda demostrada la veracidad del relato de los que
afirman que hubo varones con este mismo nombre en Asia, y en Éfeso
dos tumbas que todavía ahora ambos dicen que son de Juan. Es
preciso detenerse en esos detalles porque seguramente el segundo, si
no se quiere primero, fue quien vio la revelación que lleva el
nombre de Juan.
7. Así pues, Papías, de quien nos estamos ocupando ahora,
reconoce que las palabras de los apóstoles las recibió
de los que siguieron estando con ellos, pero dice que él escuchó
personalmente a Aristión y a Juan el anciano; según esto,
hace mención de ellos a menudo en sus escritos y también
expone sus tradiciones.
8. Nadie diga que todo esto no nos sirve para nada. No obstante, merece
la pena agregar a las palabras de Papías ya referidas otras que
narran hechos extraños y otros puntos que, según él,
le llegaron por la tradición.
9. Que el apóstol Felipe vivió en Hierápolis junto
con sus hijas ya se expuso anteriormente, pero ahora hemos de señalar
cómo Papías, que vivía por aquel tiempo, menciona
que recibió de ellas una narración sorprendente. Cuenta
que en su tiempo tuvo lugar la resurrección de un muerto y, aún
más, otro portento acerca de Justo, de sobrenombre Barsabás,
el cual bebió un preparado mortal pero, por la gracia del Señor,
ningún mal sufrió.
10. Después de la ascensión del Señor, los santos
apóstoles colocaron a este Justo con Matías y oraron con
el fin de que por la suerte se completara su número en vez del
traidor Judas. El texto de los Hechos que lo relata es el siguiente:
«Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás,
que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando,
dijeron.»
11. Papías relata otros hechos que le llegaron por tradición
oral, algunas parábolas extrañas del Salvador y de su
enseñanza y otras aún más legendarias.
12. Una de ellas dice que después de la resurrección de
los muertos habrá un milenio, cuando se establecerá corporalmente
el reino dc Cristo sobre esta misma tierra. Me parece que él
cree estas cosas porque ha malinterpretado la exposición de los
apóstoles, pues no comprendió que ellos lo dijeron en
figura y simbólicamente.
13. Ciertamente, por lo que se puede ver en sus escritos, se trata de
un hombre simple. No obstante, él fue el responsable de que tantos
autores eclesiásticos asumieran su misma creencia, besándose
en la antigüedad de este varón, como, por ejemplo, Ireneo
y quienquiera que muestre ideas semejantes.
14. En sus escritos, Papías expone otras explicaciones de las
palabras del Señor procedentes de Aristión (ya mencionado)
y otras tradiciones de Juan el anciano. Todos éstos se los recomendamos
a cuantos deseen instruirse. Ahora debemos añadir a sus palabras
ya citadas una tradición referente a Marcos, el que escribió
el evangelio. Se expresa así:
15. «y el anciano decía lo siguiente: Marcos, que fue intérprete
de Pedro, escribió con exactitud todo lo que recordaba, pero
no en orden de lo que el Señor dijo e hizo. Porque él
no oyó ni siguió personalmente al Señor, sino,
como dije, después a Pedro. Éste llevaba a cabo sus enseñanzas
de acuerdo con las necesidades, pero no como quien va ordenando las
palabras del Señor, más de modo que Marcos no se equivocó
en absoluto cuando escribía ciertas cosas como las tenía
en su memoria. Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada
de lo que escuchó y en no escribir nada falso».
16. Esto relata Papías referente a Marcos. Sobre Mateo dice así:
«Mateo compuso su discurso en hebreo y cada cual lo fue traduciendo
como pudo».
17. El mismo autor hace uso de testimonios de la I Epístola de
Juan y también de la de Pedro. Refiere otro relato sobre una
mujer expuesta ante el Señor con muchos pecados, el cual se halla
en el Evangelio de los Hebreos. Es necesario tener esto en cuenta, además
de lo que ya hemos expuesto.
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Pastor:
Rev. Eduardo Aparicio
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