HISTORIA
ECLESIÁSTICA
Eusebio de Cesarea
Libro 1
I Fundamento de la promesa.
II Resumen de los aspectos principales de la preexistencia y de la divinidad
de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, el Cristo de Dios.
III Cómo el nombre de Jesús, e incluso el de Cristo, eran
conocidos desde el principio y venerados por los profetas inspirados
por Dios.
IV Cómo el carácter de la religión anunciada por
Cristo a todas las naciones no era nuevo ni desconocido.
V Sobre el tiempo en que Cristo se apareció a los hombres.
VI Cómo, según las profecías, cesó en tiempo
de Cristo la línea de los primeros gobernadores de los judíos,
y Herodes, el primer extranjero, fue su rey.
VII Sobre la supuesta contradicción en los Evangelios con relación
a la genealogía de Cristo.
VIII De la maquinación de Herodes contra los niños, y
de la catástrofe que le sobrevino.
IX Acerca de los tiempos de Pilato.
X Acerca de los sumos sacerdotes judíos bajo los cuales Cristo
dio a conocer su enseñanza.
XI Testimonios acerca de Juan el Bautista y de Cristo.
XII Acerca de los discípulos de nuestro Salvador.
XIII Relato acerca del sobrerano de Esesa.
Libro 2
Prefacio
I Sobre la vida de los apóstoles después de la ascensión
de Cristo.
II Como se turbó Tiberio cuando Pilato le refirió acerca
de Cristo.
III Como la Palabra de Cristo recorrió todos los rincones del
mundo en breve tiempo.
IV Cómo, después de Tiberio, Cayo nombró rey de
los judíos a Agripa y castigó a Herodes con el destierro
perpetuo.
V Como Filón hizo una embajada a Cayo en favor de los judíos.
VI Acerca de los males que recayeron sobre los judíos después
de su crimen contra Cristo.
VII Cómo también Pilato se suicidió.
VIII Acerca del hambre en tiempos de Claudio.
IX Martirio del apóstol Santiago.
X Cómo Agripa, llamado también Herodes, tras perseguir
a los apóstoles, inmediatamente sufrió el castigo de Dios.
XI Acerca del impostor.
XII Acerca de Elena, reina de Adiabene.
XIII Acerca de Simón el mago.
XIV Acerca de la predicación del apóstol Pedro en Roma.
XV Acerca del Evangelio de Marcos.
XVI Cómo Marcos fue el primero en predicar el conocimiento de
cristo a los egipcios.
XVII Los hechos que Filón narra acerca de los ascetas en Egipto.
XVIII Obras de Filón que han sido conservadas hasta nosotros.
XIX Sufrimientos que sobrevinieron a los judíos de Jerusalén
el día de la Pascua.
XX Acerca de lo que sucedió en Jerusalén, en tiempos de
Nerón.
XXI Acerca del egipcio también mencionado en los Hechos de los
Apóstoles.
XXII Cómo Pablo fue enviado cautivo desde Judea a Roma y, tras
defenderse, fue absuelto de toda culpa.
XXIII Acerca del martirio de Jacobo, el llamado hermano del Señor.
XXIV Cómo Ancano fue el primer ministro nombrado, después
de Marcos, en la iglesia de Alejandría.
XXV Acerca de la persecución, bajo Nerón, con la que Pablo
y Pedro se adornaron con el martirio por la religión.
XXVI Cómo los judíos sufrieron muchos males, y cómo
suscitaron su última guerra contra los romanos.
Libro 3
I Lugares en los que los apóstoles predicaron a Cristo.
II Quién fue el primero en dirigir la iglesia de Roma.
III Acerca de las epístolas de los apóstoles.
IV Acerca de la primera sucesión apostólica.
V Acerca de los últimos tormentos de los judíos después
de Cristo.
VI Acerca del hambre que angustió a los judíos.
VII Acerca de las profecías de Cristo.
VIII Acerca de las señales anteriores a la guerra.
IX Acerca de Josefo y de sus escritos.
X Cómo cita Josefo los libros divinos.
XI Cómo Simeón dirige la iglesia de Jerusalén después
de Jacobo.
XII Cómo Vespasiano manda buscar a los descendientes de David.
XIII Cómo Anacleto fue el segundo obispo de Roma.
XIV Cómo Abilio fue el segundo en dirigir a los alejandrinos.
XV Cómo Clemente fue el tercer obispo de Roma.
XVI Acerca de la carta de Clemente.
XVII Acerca de la persecución en tiempos de Domiciano.
XVIII Acerca del apóstol Juan y del Apocalipsis.
XIX Cómo Domiciano manda dar muerte a los de la familia de David.
XX Acerca de la familia de nuestro Salvador.
XXI Cómo Cerdón fue el tercero en dirigir la iglesia de
Alejandría.
XXII Cómo Ignacio fue el segundo en dirigir la iglesia de Antioquía.
XXIII Relato acerca del apóstol Juan.
XXIV Acerca del orden de los evangelios.
XXV Acerca de las divinas Escrituras admitidas y de las que no lo son.
XXVI Acerca del mago Menandro.
XXVII Acerca de la herejía de los eboinitas.
XXVIII Acerca del heresiarca Cerinto.
XXIX Acerca de Nicolás y de los que se denominan por su nombre.
XXX Acerca de los apóstoles cuyo matrimonio se ha demostrado.
XXXI Acerca de la muerte de Juan y de Felipe.
XXXII Cómo fue martirizado Simeón, el obispo de Jerusalén.
XXXIII Cómo Trajano prohibió buscar a los cristianos.
XXXIV Cómo Evaristo fue el cuarto en dirigir la iglesia de Roma.
XXXV Cómo Justo fue el tercero en dirigir la iglesia de Jerusalén.
XXXVI Acerca de Ignacio y de sus cartas.
XXXVII Acerca de los evangelistas que todavía entonces se distinguían.
XXXVIII Acerca de la carta de Clemente y de los textos que se le atribuyen
falsamente.
XXIX Acerca de los escritos de Papías.
HISTORIA ECLESIÁSTICA
Eusebio de Cesarea
Libro 1
Fundamento de la promesa
I 1. Me he propuesto redactar las sucesiones de los santos apóstoles
desde nuestro Salvador hasta nuestros días; cuántos y
cuán grandes fueron los acontecimientos que tuvieron lugar según
la historia de la Iglesia y quiénes fueron distinguidos en su
gobierno y dirección en las comunidades más notables,
incluyendo también aquellos que, en cada generación, fueron
embajadores de la Palabra de Dios, ya sea por medio de la escritura
o sin ella, y los que, impulsados por el deseo de innovación
hasta el error, se han anunciado promotores del falsamente llamado conocimiento,
devorando así el rebaño de Cristo como lobos rapaces.
2. Añadiré a todo esto los incidentes que sobrevinieron
a todo el pueblo judío desde el momento de su complot contra
nuestro Salvador, y también el número; el modo y el tiempo
de los paganos que lucharon contra la palabra divina y la grandeza de
los que en su tiempo atravesaron, por ella, la prueba de sangre y tortura;
señalando además los martirios de nuestro tiempo y el
auxilio benigno y favorable para con todos de nuestro Salvador. Daré
comienzo a esta obra partiendo de la dispensación de nuestro
Salvador y Señor Jesús, el Cristo de Dios.
3. Por lo cual la obra requiere la indulgencia de lectores benévolos
para conmigo, pues confieso que presentar la obra perfecta y completa
se halla más allá de nuestras fuerzas, ya que hasta el
momento presente somos los primeros en entrar en esta labor como intentando
seguir un sendero desierto y sin hollar. Así pues, pedimos a
Dios su dirección y la ayuda del poder del Señor, pues
no hemos logrado encontrar ninguna huella de hombres que nos hayan precedido
en este sendero, a no ser por las pequeñas indicaciones que de
modos diversos nos han dejado algunos relatos parciales de los tiempos
pasados alzando sus voces desde lejos a modo de una antorcha desde lo
alto de un punto lejano clamando y exhortándonos, desde una torre,
cómo nos es necesario caminar y dirigir la senda de la palabra
sin error ni peligro.
4. Nosotros, habiendo recogido de estos testimonios todo lo que consideramos
útil para la presente obra, y como si lamiéramos de prados
espirituales los dichos apropiados de los antiguos escritores, intentaremos
conferirle forma histórica, contentándonos al recobrar,
si no todas, por lo menos las más notables de las sucesiones
de los apóstoles de nuestro Salvador, las que todavía
se recuerdan en la iglesias más insignes.
5. Considero que es absolutamente necesario que trabaje en esta obra,
pues no conozco ningún escritor eclesiástico que se haya
preocupado en escribir acerca de este tema. Así pues, confío
en que se mostrará sumamente beneficiosa para aquellos que tienen
empeño en adquirir conocimientos históricos.
6. Ya narré brevemente todas estas cosas en los Cánones
Cronológicos que redacté, pero sin embargo he resuelto
componer esta obra, mucho más completa.
7. Tal como ya mencioné, empezaré con la dispensación
y la divinidad de Cristo, que superan la capacidad humana.
8. Pues quien pretenda redactar los orígenes de la historia eclesiástica
será necesario que empiece rigurosamente con la primera dispensación
de Cristo mismo (ya que de Él tenemos el honor de recibir el
nombre), que es más divino de lo que a muchos parece.
Resumen de los aspectos principales de la preexistencia y de la divinidad
de nuestro Salvador y Señor, el Cristo de Dios
II 1.La naturaleza de Cristo es doble: una es como la Cabeza del Cuerpo
(por la que le reconocemos Dios); la otra es comparable a los pies (la
que tomó forma de hombre con las mismas pasiones que nosotros
para nuestra salvación). Por ello nuestra declaración
de lo siguiente será completa si tomamos como punto de partida
lo principal y lo más prominente de toda su historia. Así
también quedará demostrada la antigüedad, juntamente
con el carácter divino de los cristianos, ante los que suponen
que son recientes y extraños, que no salieron a luz antes de
ayer.
2. Ningún tratado sería suficiente para exponer el linaje,
la dignidad, la esencia y la naturaleza de Cristo; por esto el Espíritu
divino dice en su profecía: «Su generación, ¿quién
la contará?» Porque nadie conoció al Padre, sino
el Hijo, ni nunca nadie conoció al Hijo debidamente, sino solamente
el Padre que lo engendró.
3. ¿Quién, excepto el Padre, hubiera sido capaz de considerar
con pureza la luz previa al mundo, la sabiduría inteligente y
real antes de los siglos, el Verbo vivo que es Dios y se encuentra desde
el principio con el Padre, el primero y único Hijo de Dios, anterior
a toda creación y producción de todas las cosas tanto
visibles como invisibles, el capitán del ejército espiritual
e inmortal del cielo, el ángel consejero, el servidor del Padre
en su plan inefable, el hacedor de todas las cosas con el Padre, la
causa segunda del universo después del Padre, el verdadero y
unigénito hijo de Dios, el Señor, el Dios y el Rey de
toda criatura, que ha recibido del Padre la soberanía, la supremacía,
la propia divinidad, el poder y el honor? Porque acerca de su divinidad
en las Escrituras leemos: «En el principio era el Verbo, y el
Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con
Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada
de lo que ha sido hecho, fue hecho.»
4. También dice esto el gran Moisés, siendo el profeta
más antiguo, cuando esboza, por el Espíritu divino, la
formación y la ordenación del universo: El creador y hacedor
de todas las cosas permitió únicamente al Verbo, divino
y primogénito, formar las criaturas inferiores. Y comenta con
Él acerca de la creación del hombre: «Entonces dijo
Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza».
5. Otro profeta refuerza esta afirmación hablando de Dios en
sus himnos del modo siguiente: «Porque Él dijo, y fue hecho;
Él mandó, y fue creado.»Por un lado presenta al
Padre y creador como soberano universal, actuando como espíritu
real, y por otro lado, al Verbo divino (el mismo que nos ha sido anunciado)
como segundo después de Él, realizando las órdenes
del Padre.
6. Y ya desde el principio de la creación del hombre lo reconocieron,
al verlo con los ojos puros de su mente, todos los que se dice que destacaron
en la justicia y la excelencia de la piedad: los seguidores del gran
siervo Moisés. Abraham, el primero antes de él, sus hijos
y todos aquellos que posteriormente demostraron ser justos y profetas.
Los cuales le rindieron la veneración debida al Hijo de Dios.
7. Asimismo Él, no olvidando en modo alguno la piedad al Padre,
vino a ser, para todos los hombres, maestro del conocimiento del Padre.
Así pues, se menciona que el Señor Dios fue visto semejante
a un hombre común por Abraham, que estaba sentado junto a la
encina de Mambre. Pero Abraham, a pesar de verlo con sus ojos como un
hombre, echándose inmediatamente a sus pies le adora como a Dios,
le suplica como al Señor, y manifiesta que no desconoce su personalidad,
ya que menciona sus propias palabras: «El juez de toda la tierra,
¿no ha de hacer lo que es justo?»
8. Por lo tanto, si es contra toda razón que el Ser no engendrado
e inmutable de Dios omnipotente se transforme en apariencia de hombre
o que burle los ojos de los que le contemplan con una visión
semejante a la de un ser engendrado, e incluso que la Escritura presente
tales relatos (aparentemente mitológicos), ¿a qué
otra persona puede anunciar como Dios y Señor que juzga toda
la tierra y lleva a cabo la justicia y además es visto en forma
de hombre, si no es voluntad divina que sea llamado la causa primera
del universo, sino sólo a su Verbo preexistente? También
se habla acerca de Él en los Salmos: «Envió su palabra,
y los sanó, y los libró de su ruina.»
9. Moisés con suma claridad lo anuncia Señor, segundo
después del Padre, al decir: «Entonces el Señor
hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte del
Señor».De nuevo, cuando aparece en forma humana a Jacob,
la Escritura divina lo proclama Dios, diciéndole: «No se
dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado
con Dios...»; y entonces «llamó Jacob el nombre de
aquel lugar "Visión de Dios ; porque dijo: Vi a Dios cara
a cara, y fue librada mi alma».
10. Y ciertamente tampoco es correcto conjeturar acerca de las apariciones
divinas mencionadas, pensando que son ángeles inferiores y servidores
de Dios, porque siempre que uno de ellos se aparece a los hombres, la
Escritura no lo oculta, sino que los llama ángeles (no Dios ni
Señor) como es fácil demostrar con millares de testimonios.
11. También Josué, el sucesor de Moisés, lo llama
príncipe de las fuerzas del Señor, habiéndolo visto
únicamente en forma y apariencia de hombre; y así lo considera
jefe de los ángeles y arcángeles de los cielos y de las
potestades superiores, la fuerza y la sabiduría del Padre y quien
ha recibido la segunda soberanía y autoridad sobre todas las
cosas.
12. Acerca de esto está escrito: «Estando Josué
cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que
estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada
en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres
de los nuestros, o de nuestros enemigos? El respondió: No; mas
como Príncipe del ejército del Señor he venido
ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en
tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor
a su siervo? Y el Príncipe del ejército del Señor
respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque
el lugar donde estás es santo».
13. Por estas mismas palabras entenderás que no se trata de otro,
sino del mismo que también se dirigió a Moisés,
porque la Escritura usa los mismos vocablos: «Viendo el Señor
que él iba a ver, lo llamó el Señor de en medio
de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él
respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu
calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás,
tierra santa es.»
14. Además de las pruebas aportadas, que demuestran que en verdad
hay un ser vivo y que existe antes del mundo, el cual sirvió
al Padre y Dios de todo el universo en la creación de toda criatura,
y es llamado Verbo y Sabiduría de Dios, también encontramos
a nuestra disposición el ofrlo de la misma Sabiduría,
la cual, por medio de Salomón, nos acerca a su misterio: «Yo,
la sabiduría, habito en la cordura, y hallo la ciencia de los
consejos. Por mf reinan los reyes, y los príncipes determinan
justicia. Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores
juzgan la tierra».
15. Y a estas palabras añade: «El Señor me creó
como principio de sus caminos para sus obras, me estableció antes
de los siglos. En el principio, antes que hiciera la tierra, antes que
brotasen las fuentes de las aguas, antes que los montes fuesen formados,
antes de los collados, ya había sido yo engendrada. Cuando formaba
los cielos, allí estaba yo; cuando afirmaba las fuentes bajo
el cielo, con Él estaba yo ordenándolo todo, y era su
delicia de día en día, teniendo solaz delante de El en
todo tiempo, cuando se regocijaba por su universo terminado».
16. Con estas pocas palabras hemos demostrado que el verbo divino era
preexistente y hemos mencionado a quienes se apareció (ya que
no se apareció a todos).
17. Pero la razón por la cual no fue anunciado anteriormente
a todo hombre del mismo modo que lo es ahora, tal vez quede demostrada
con la siguiente explicación: la vida de los hombres en la antigüedad
no era capaz de retener la enseñanza de Cristo, lleno de sabiduría
y virtud.
18. Pues, efectivamente, el primer hombre, después de su tiempo
inicial de vida colmada de bendiciones, se precipitó en este
modo de vivir mortal y perecedero, despreocupándose de la instrucción
divina, y tomó esta tierra maldita a cambio de la vida regalada
con Dios. Y los que vinieron después de él poblaron toda
nuestra tierra y demostraron ser en gran manera peores asumiendo una
forma de vivir animal e insoportable (exceptuando uno o dos casos excepcionales).
19. Y pasaban la vida como nómadas duros e incultos en un desierto,
sin concebir siquiera la idea de ciudades, o constituciones u oficios,
ni preocupándose del saber, de las leyes o juicios ni del honor.
e incluso desconociendo el mismo nombre de la filosofía. Pervirtieron
los razonamientos naturales y toda semilla intelectual y civilizada,
propios del alma del hombre, por su exceso de maldad tomada deliberadamente.
Además se dieron completamente a todo tipo de impiedad, de manera
que tan pronto se pervertían unos a otros, como se mataban practicando
incluso el canibalismo. Finalmente alcanzaron el colmo de su desfachatez
al pretender luchar contra Dios y contra los gigantes conocidos por
todos, y proyectaron, en el extravío de su mente, fortificar
la tierra contra el cielo disponiéndose para combatir contra
el que está por encima de todas las cosas.
20. Mas Dios, que cuida de todas las cosas, persigue a los que obran
de este modo con inundaciones y con fuego consumidor como a un bosque
salvaje dispersado por toda la tierra. Por esto también a ellos
les oprimió con hambres, pestes y guerras, e incluso fulminándolos
desde lo alto, como si tratara una horrible y muy dura enfermedad del
alma con los medios de corrección más amargos.
21. Cuando la cumbre de la maldad estaba ya por lanzarse sobre todos,
sofocando y oscureciendo el alma de casi todos los hombres a modo de
una horrible embriaguez, la Sabiduría de Dios, su primogénito,
el Verbo preexistente (movido por su supremo amor para con los hombres),
se apareció a los seres inferiores como poder de Dios para su
salvación —a uno o dos de los antiguos hombres que amaban
a Dios—, ya sea por visiones de ángeles o a través
de sí mismo; y lo hizo en forma de hombre, porque sólo
de ese modo podía revelarse a ellos.
22. Cuando la semilla de la piedad fue infundida por ellos a muchos
hombres y un pueblo entero, de los primeros hebreos, se acercó
sobre la tierra a la piedad, Dios, a través del profeta Moisés,
les dio unas imágenes y símbolos de un sábado misterioso,
y les concedió el poder ver otras visiones espirituales, pero
no todo el misterio claramente, ya que muchos seguían en sus
antiguas costumbres.
23. Entonces su legislación fue conocida y se extendió
como viento fragante divulgándose entre todos los hombres, de
manera que los espíritus de ellos y los de la mayoría
de los paganos fueron refrenados por legisladores y filósofos
de todas partes, hasta el punto en que la crueldad salvaje y animal
se convirtió en mansedumbre, y de este modo incluso tenían,
entre ellos, paz profunda, amistad y tratos. Fue en esta situación
cuando, finalmente, en el principio del Imperio Romano, el mismo maestro
de virtudes, el servidor del Padre en todo el bien, el divino y celestial
Verbo de Dios se reveló a todos los otros hombres, a todos los
pueblos de la tierra, estimándolos listos y aptos para recibir
el conocimiento del Padre, y esta revelación la llevó
a cabo un hombre en absoluto diferente a nosotros en lo que se refiere
a sustancia corporal, que cumplió y sufrió todas las cosas
conforme a las profecías, las cuales anunciaban con anterioridad
que un hombre y Dios a la vez se hallaría en esta vida, sería
autor de obras maravillosas, y sería dado a conocer como maestro
de la piedad del Padre para todos los pueblos; además, también
proclamaban la maravilla de su nacimiento, su nueva enseñanza,
sus admirables obras, la manera en que murió, la resurrección
de entre los muertos y, sobre todas estas cosas, su restablecimiento
divino en el cielo.
24. El profeta Daniel, comprendiendo por el Espíritu divino el
reinado fmal del Verbo, inspirado, describe la visión divina
con términos humanos, diciendo: «Estuve mirando hasta que
fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días,
cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana
limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente.
Un río de fuego procedía y salía de delante de
él; millares de millares le servían, y millones de millones
asistían delante de él; el Juez se sentó, y los
libros fueron abiertos.»
25. Y sigue: «Miraba yo en la visión de la noche, y he
aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de
hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse
delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que
todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran: su dominio es dominio
eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.»
26. Todas estas cosas se refieren claramente a nuestro Salvador, el
Verbo divino que desde el principio estaba con Dios, al cual llama Hijo
del Hombre por su encarnación.
27. Puesto que ya reuní todas las profecías concernientes
a nuestro Salvador Jesucristo en otros comentarios, y habiendo demostrado
con mayor exactitud lo que hemos mencionado acerca de Él, nos
contentaremos con lo dicho en la presente obra.
Cómo el nombre de Jesús, e incluso el de Cristo, eran
conocidos desde el principio y venerados por los profetas inspirados
por Dios
III 1. Éste es el momento oportuno para mostrar que los nombres
de Jesús y de Cristo ya eran verdaderos incluso entre los antiguos
profetas, amigos de Dios.
2. Moisés fue el primero en reconocer cuán sumamente augusto
y glorioso es el nombre de Cristo, cuando ministró los modelos
de cosas celestiales, los símbolos y las imágenes misteriosas,
de acuerdo con el oráculo que dice: «Mira y haz todas las
cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte»;y
comentando acerca del sumo sacerdote de Dios, le llama Cristo, dentro
de las probabilidades humanas; y así, además del honor
y la gloria, añade el nombre de Cristo a esta dignidad del sumo
sacerdocio, la cual, a sus ojos, es superior a cualquier cargo principal
entre los hombres. Así ciertamente conocía el carácter
divino de Cristo.
3. Moisés también conoció anticipadamente el nombre
de Jesús, por el Espíritu de Dios, y de nuevo lo tuvo
como un privilegio insigne. Así pues, nunca antes se pronunció
este nombre a los hombres hasta que Moisés lo conoció,
y él por primera vez concedió este título sólo
a la persona que, según la figura y el símbolo, había
de sucederle en el mando supremo después de su muerte.
4. En efecto, no usó con anterioridad el nombre de Jesús,
sino el de Ausé (el que recibió de sus padres). Pero Moisés,
cuando lo llama Jesús, le concede un precioso honor en gran número
superior a una corona real; y lo hace porque el mismo Jesús,
hijo de Yavéh, llevaba la imagen de nuestro Salvador, el cual,
después de Moisés y de haber concluido el culto simbólico
entregado por él, fue el único que había de recibir
el mando de la verdadera y más pura piedad.
5. De esta manera, a modo de un supremo honor, Moisés dio el
nombre de nuestro Salvador Jesucristo a aquellos dos hombres que en
verdad y en gloria sobrepasaban a todo el pueblo, es decir, el sumo
sacerdote y el que tomaría el mando después de él.
6. Es evidente que los profetas posteriores proclamaron a Cristo nombrándolo
de antemano, y asimismo dieron testimonio del complot que en contra
de él habían de llevar a cabo los judíos, y del
llamamiento a las naciones por medio de él. En una ocasión
Jeremías dice: «El aliento de nuestras vidas, el ungido
del Señor, de quien habíamos dicho: A su sombra tendremos
vida entre las naciones, fue apresado en sus lazos.» Pero en otro
momento David, perplejo, dice: «Por qué se amotinan las
gentes y los pueblos piensan vanidad? Se levantarán los reyes
de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra el
Señor y contra su ungido» (Sal. 2:1, 2); y continúa
hablando de la persona de Cristo: «El Señor me ha dicho:
Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme y te
daré por herencia las naciones y por posesión tuya los
confines de la tierra.»
7. Pero entre los hebreos no sólo se ordenaba con el nombre de
Cristo a los que eran honrados con el sumo sacerdocio y eran ungidos
como símbolo con el óleo preparado, sino también
a los reyes, los cuales, por el Espíritu de Dios, eran hechos
símbolos de Cristo, pues en ellos mismos llevaban las imágenes
del poder real y soberano del único y verdadero Cristo, del Verbo
divino que gobierna sobre todas las cosas.
8. También conocemos que algunos profetas, por la unción,
llegaron a ser Cristos figurativamente, de manera que todos ellos señalan
al verdadero Cristo, el Verbo divino y celestial, el cual es el único
sumo sacerdote del universo, y el único rey de toda la creación
y de todos los profetas, el único sumo profeta del Padre.
9. Esto es confirmado por el hecho de que ninguno de los antiguos ungidos
simbólicamente (ni sacerdotes, ni reyes, ni profetas) jamás
obtuvo una potestad de la virtud divina semejante a la que demostró
poseer nuestro Salvador y Señor Jesús, el único
y verdadero Cristo.
10. Pero ninguno de ellos, aunque brillando por su dignidad y su honor
sobre los suyos en numerosas generaciones, en ninguna ocasión
atribuyó el nombre de cristianos a sus súbditos, como
extendiendo la figura del nombre de Cristo. Ellos tampoco recibieron
el honor y la adoración de sus súbditos, ni éstos
estaban dispuestos a morir por el hombre que honraban. Y tampoco tuvo
lugar en toda la tierra una conmoción tan grande por ninguno
de ellos, pues el poder del símbolo que ellos tenían no
era suficiente como para actuar del modo que lo hizo la presencia de
la verdad demostrada por medio de nuestro Salvador.
11. Y éste a pesar de que no tomó los símbolos
y las imágenes del sumo sacerdote de nadie; ni descendía
de sacerdotes según la carne; ni tomó poder real llevado
por un cuerpo de guardia de hombres, ni fue un profeta como los antiguos;
ni ostentó dignidad o presidencia alguna entre los judíos;
fue honrado por el Padre en todas estas cosas, pero no simbólicamente
sino en la realidad.
12. No obstante, aunque no recibió honores semejantes a los que
hemos expuesto, es proclamado Cristo mucho más que los otros,
y al ser él el único y verdadero Cristo de Dios, llenó
todo el mundo de cristianos, que es un nombre precioso y santo. Ahora
ya no ha dado figuras ni imágenes a los suyos, sino las propias
virtudes descubiertas y la vida celestial en la doctrina de la verdad.
13. Y recibió la unción, no la preparada fisicamente,
sino la divina, por el Espíritu de Dios, y por la participación
en la divinidad no engendrada del Padre. Esto enseñaba Isaías
cuando clamaba como si hablara el mismo Cristo: «El Espíritu
del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido
para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados
de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los
ciegos».
14. Pero no sólo Isaías; David también se dirige
al propio Cristo y dice: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para
siempre; cetro de justicia es el cetro de tu Reino. Has amado la justicia
y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo,
con óleo de alegría más que a tus compañeros.»
La palabra en el primer versículo lo llama Dios, y en el segundo
le honra con el cetro real.
15. En tercer lugar, después de su poder divino y real, presenta
al Cristo ungido, no con aceite material, sino con el aceite divino
del regocijo; con lo que indica su carácter extraordinario, superior
y distinguido por encima de los antiguos, que fueron ungidos más
corporalmente a través de imágenes.
16. También en otra parte da a conocer más detalles acerca
de Cristo con las siguientas palabras: «El Señor dijo a
mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus
enemigos por estrado de tus pies»; y: «De mi seno te engendré
antes del alba; y juró el Señor, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre, segun el orden de Melquisedec.»
17. Y este Melquisedec es considerado en las Escrituras sacerdote del
Dios Altísimo, pero sin haber sido designado con unción
preparada, ni siquiera perteneciendo al linaje de la sucesión
sacerdotal de los hebreos; por esta razón nuestro Salvador es
llamado con juramentos Cristo y sacerdote según el orden de Melquisedec,
y no según el orden de los otros que rechazaron símbolos
y figuras.
18. Por lo cual la historia no nos ha dado a conocer que Cristo fuera
ungido por los judíos y ni que procediera de la tribu de los
sacerdotes, sino que vino del mismo Dios antes del lucero de la mañana,
es decir, antes de la creación del mundo, y que obtuvo un sacerdocio
inmortal y eterno, conservándolo por los siglos sin fin.
19. La evidencia más clara e importante de su unción inmaterial
y divina es que de todos los hombres de su tiempo y de los que han existido
hasta hoy en toda la tierra, sólo Él es llamado y confesado
como Cristo, y todos dan testimonio de Él con este nombre, recordándolo
así tanto los griegos como los bárbaros.
Además, todavía hoy entre sus seguidores, en toda la tierra,
es honrado como rey, es contemplado como siendo superior a un profeta
y es glorificado como el verdadero y único sumo sacerdote de
Dios; y, por encima de todo esto, es adorado como Dios por ser el Verbo
Divino preexistente, anterior a todos los siglos, y habiendo recibido
del Padre el honor de ser objeto de veneración.
20. Y lo más singular de todo es que los que estamos consagrados
a Él no le honramos solamente con la voz o con los sonidos de
nuestras palabras, sino con una completa disposición del alma,
llegando incluso a preferir el martirio por su causa a nuestra propia
vida.
Cómo el carácter de la religión anunciada por Cristo
a todas las naciones no era nuevo ni desconocido
IV 1. Todo esto sea suficiente como prólogo de la historia, para
que nadie piense que nuestro Salvador y Señor Jesucristo sea
de existencia reciente al considerar el tiempo de su encamación.
Pero para que nadie suponga que la enseñanza de Cristo es nueva
o extraña, como si fuera forjada por un hombre joven, sin diferenciarse
de los demás hombres, detengámonos en este tema en breves
palabras.
2. De este modo, hace poco la venida de nuestro Señor Jesucristo
a todos los hombres resplandeció, pero ya ha surgido (de acuerdo
con las inefables predicciones en el tiempo) un pueblo que todos consideran
nuevo. No es pequeño ni débil; tampoco se ha establecido
en una nación de la tierra, sino que es el más religioso
y numeroso de todos los pueblos, imperecedero e invencible, porque siempre
encuentra su socorro en Dios, el cual es honrado por todos con el nombre
de Cristo.
3. También uno de los profetas, cuando vio antes de tiempo por
los ojos del Espíritu de Dios, esto que había de acontecer,
exclamó asombrado: «¿Quién oyó cosá
semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Concibió
la tierra en un día? ¿Nacerá una nación
de una vez?» El mismo en otro lugar indica también el nombre
que había de recibir, cuando dice: «A mis siervos se les
llamará por un nombre nuevo, que será bendito sobre la
tierra.»
4. Aunque claramente somos nuevos y el nombre de cristianos se ha conocido
recientemente entre todas las naciones, vamos a demostrar que nuestra
vida, y también el carácter de nuestro comportamiento,
de acuerdo con la religión, no ha aparecido simultáneamente
con nosotros, sino que prosperó desde la primera creación
del hombre, y debido al sentido común de los hombres antiguos
amigos de Dios.
5. Los hebreos no son un pueblo nuevo, sino que siempre ha sido honroso
entre todos los hombres por su antigüedad. Sus escritos y tratados
se refieren a hombres antiguos (esparcidos y escasos) eminentes en piedad,
en justicia y en toda otra virtud; algunos fueron anteriores al diluvio,
pero otros después entre los hijos de Noé y sus descendientes,
pero muy especialmente Abraham, al cual se jactan los hebreos de tener
por padre.
6. Si alguien afirmara que todos estos hombres que dieron testimonio
por su justicia, desde Abraham hasta el primer hombre, fueron cristianos
en sus obras, sin serlo de nombre, no se hallará lejos de la
verdad.
7. Pues lo que el nombre significa es que el cristiano, a causa del
conocimiento de Cristo y de su enseñanza, se distingue por su
sensatez, por su justicia, por la constancia de su carácter,
por el valor de su virtud y por la confesión de un solo Dios
sobre todas las cosas; y aquellos hombres tenían celo por todas
estas cosas en nada inferior al nuestro.
8. Ciertamente no se preocupaban de la circuncisión corporal,
ni en observar los días de reposo y de la abstención de
unos y otros alimentos como tampoco nosotros, pues todas estas cosas
fueron instituidas primeramente por Moisés para que fueran cumplidas
en simbolismo; pero ahora los cristianos no las llevamos a cabo.
Sin embargo, reconocieron al Cristo de Dios cuando, como ya hemos demostrado,
se apareció a Abraham, deliberó con Isaac, habló
con Israel y conversó también con Moisés y con
los profetas posteriores.
9. Con todo esto verás que aquellos amigos de Dios también
son dignos del nombre de Cristo, de acuerdo con la palabra dicha acerca
de ellos: «No toquéis —dijo— a mis ungidos,
ni hagáis mal a mis profetas.»
10. De tal modo, que claramente se da a entender que la primera y más
antigua religión, hallazgo de aquellos amigos de Dios seguidores
de Abraham, es justamente la enseñanza de Cristo que ahora se
anuncia a todos los pueblos.
11. Pero aunque se diga que Abraham recibió el mandamiento de
la circuncisión largo tiempo después, se debe recordar
que enteramente ya fue dado testimonio de su justicia por la fe, así:
«Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.»
12. Siendo él justificado así antes de la circuncisión,
Dios (éste era el Cristo, el Verbo de Dios) se le apareció
y le dio a conocer el oráculo acerca de los que habían
de ser justificados del mismo modo posteriormente; a ellos les prometió
como sigue: «Y serán benditas en ti todas las familias
de la tierra»; y «habiendo de ser Abraham una nación
grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones
de la tierra?»
13. Por lo tanto, es justo creer que esto se ha cumplido en nosotros,
pues él fue justificado por la fe en Cristo, el Verbo de Dios
que se le apareció; y después de abandonar las supersticiones
de sus padres y su previa vida extraviada, habiendo confesdo que Dios
es uno en todas las cosas, le sirvió con obras de virtud, pero
no por las prácticas de la Ley de Moisés que fue posterior;
y también a él, tal como era, se lo anunció: que
todas las tribus de la tierra y toda nación serían bendecidos
en él.
14. Y precisamente, en nuestros días, sólo los cristianos
por toda la tierra habitada practican aquella forma de religión
de Abraham con los hechos, que son más radiantes que las palabras.
15. De este modo, ¿qué obstáculo nos queda ya para
no reconocer que el modo de vida y la religión de los que seguimos
a Cristo son exactamente los mismos que los de los antiguos amigos de
Dios? Por lo tanto, hemos demostrado que la religión que hemos
recibido por la enseñanza de Cristo no es nueva ni extraña,
sino que, hablando con claridad, es la primera, la única y la
verdadera sea esto suficiente.
Sobre el tiempo en que Cristo se apareció a los hombres
V 1. Después de este preámbulo imprescindible para la
composición de la historia eclesiástica propuesta por
nosotros, proseguimos, como si emprendiéramos una travesía
con la manifestación de nuestro Salvador en carne, tras invocar
en nuestro auxilio, y para la veracidad de la exposición, al
Dios Padre del Verbo y a su siervo Jesucristo, Salvador y Señor
nuestro, el celestial Verbo de Dios.
2. Así pues, nuestro Señor y Salvador Jesucristo nació,
de acuerdo con las profecías, en Belén de Judá,
en el año 42 del reinado de Augusto, y en el año 28 del
sometimiento de Egipto y muerte de Antonio y Cleopatra (con ello se
extinguía la dinastía egipcia de los Ptolomeos), en el
primer censo, siendo Cirenio gobernador de Siria.
3. Flavio Josefo, el más insigne historiador judío, también
recuerda este censo de Cirenio; y además se refiere a otros acontecimientos
relativos a una secta de galileos que surgió en aquel tiempo,
la cual también menciona mucho Lucas en el libro de los Hechos
de los Apóstoles: «Después de éste, se levantó
Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos
de sí a mucho pueblo. Pereció también él,
y todos los que le obedecían fueron dispersados.»
4. De acuerdo con todo esto, el autor mencionado añade, en el
libro 18 de sus Antigüedades, las siguientes palabras textualmente:
«Pero Cirenio, miembro del Senado, después de pasar por
todos los demás cargos, siendo un cónsul grande por su
dignidad, vino a Siria con unos pocos hombres, enviado por César
como juez dc la nación y censor de los bienes.»
5. A continuación dice: «Pero Judas el galaumita, de la
ciudad de Gaula, tomando consigo al fariseo Sadoc, inició una
revuelta arguyendo que el censo sólo conducía a la esclavitud,
y exhortaba al pueblo a preocuparse por la libertad.»
6. Y él mismo escribe acerca de este tema, en la segunda historia
de Las guerras de los judíos, lo siguiente: «Entonces,
un hombre galileo, llamado Judas, instigó a una revuelta a los
habitantes del país, acusándoles porque se sometían
al pago del tributo de los romanos y soportaban soberanos mortales después
de Dios.». Todo esto según Josefo.
Cómo, según las profecías, cesó en tiempo
de Cristo la línea de los primeros gobernadores de los judíos,
y Herodes, el primer extranjero, fue su rey
VI 1. Precisamente en el momento en que Herodes tomó el gobierno
del pueblo judío (siendo el primer extranjero en ser nombrado
para este cargo) se cumplió la profecía anunciada a Moisés,
diciendo: «No faltará jefe salido de Judá, ni legislador
salido de sus muslos, hasta que llegue aquel para quien está
reservado», a quien señala como esperanza de las naciones.
2. En efecto, la predicción se mantuvo incumplida mientras pudieron
gobernar los judíos, desde el principio con Moisés hasta
el imperio de Augusto. Pero fue entonces cuando por primera vez el mando
de los judíos fue entregado a un extranjero, a Herodes, el cual
—según Josefo— era idumeo por parte de su padre y
árabe por parte de su madre; pero según dice Africano,
que no es un historiador cualquiera, los que han investigado con exactitud,
concluyen que Antipatro, padre de Herodes, era hijo de cierto Herodes
ascalón, de los heieródulos en el templo de Apolo.
3. Este Anfipatro, cuando era niño, fue apresado por unos bandidos
idumeos y vivió con ellos porque su padre, por su pobreza, no
pudo pagar por él; así es educado entre ellos, y posteriormente
entabló amistad con Hircano, sumo sacerdote de los judíos.
De él nació el Herodes del tiempo de nuestro Salvador.
4. De modo que, con la llegada al reino de los judíos de una
tal persona, también estaba a la puerta la esperanza de las naciones,
de acuerdo con la profecía, ya que con su entrada en el poder
desaparecieron los gobernantes y dirigentes según la sucesión,
entre otros, del mismo Moisés.
5. Ciertamente reinaron antes de la cautividad y la deportación
a Babilonia, empezando primero por Saúl y por David. Pero antes
de los reyes también cuidaron de ellos unos gobernantes, los
jueces, empezando a partir de Moisés y de su sucesor Josué.
6. Después del retorno desde Babilonia, dispusieron ininterrumpidamente
de una oligarquía en constitución aristocrática
(los sacerdotes estaban al frente de todo asunto) hasta que el general
romano Pompeyo, enfrentándose a Jerusalén, la sitió
por la fuerza y profanó las cosas santas, entrando en el lugar
más íntimo del templo; envió preso a Roma con sus
hijos a Aristóbulo, quien hasta el momento, siguiendo la sucesión
de su padres, era rey y sumo sacerdote, y deparó el sumo sacerdocio
a su hermano Hircano. Desde entonces el pueblo judío pasó
a ser tributario de los romanos.
7. En el momento en que Hircano, el último que sostenía
la sucesión de los sumos sacerdotes, fue apresado por los partos,
Herodes, el primer extranjero, como ya mencioné anteriormente,
recibió el pueblo judío de manos del Senado romano y del
emperador Augusto.
8. Entonces, evidentemente, tuvo lugar la venida de Cristo, acompañada,
según la profecía, de la anhelada salvación y del
llamamiento de las naciones. Desde aquel momento los gobernadores y
dirigentes de Judá —me refiero a los que pertenecían
al pueblo judío— cesaron, y consecuentemente fueron desatendidos
los asuntos del sumo sacerdocio, que con regularidad había sido
transmitido de padres a hijos en cada generación.
9. Un testigo fidedigno de todo esto lo tenemos en Josefo, el cual muestra
cómo Herodes, cuando recibió el reino de manos de los
romanos, ya no instituyó el sumo sacerdocio según el linaje
inicial, sino que concedió este honor a ciertos desconocidos.
Asimismo —añade también Josefo—, su hijo Arquelao
y los romanos que posteriormente tomaron el mando de los judíos,
obraron del mismo modo que Herodes en la institución del sumo
sacerdocio.
10. También Josefo narra cómo Herodes fue el primero en
guardar bajo su propio sello las santas vestiduras del sumo sacerdote
e impidió que los sumos sacerdotes las usaran (igualmente obraron
Anjuelao y los romanos posteriores a él).
11. Todo esto es útil para confirmar otra profecía acerca
de la manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. En el libro
de Daniel la palabra especifica el número de ciertas semanas
hasta el Cristo-príncipe (sobre esto traté en otro lugar),
y profetiza que la unción entre los judíos sería
aniquilada una vez concluidas estas semanas.
Todo esto se cumplió evidentemente con el nacimiento de nuestro
Salvador Jesucristo. Estos detalles son suficientes como preámbulo
para establecer la exactitud de las fechas.
Sobre la supuesta contradicción en los Evangelios con relación
a la genealogía de Cristo
VII 1. Debido a que Mateo y Lucas transmiten en los Evangelios la genealogía
de Cristo de diversos modos y muchos los consideran contradictorios,
y por su parte cada creyente se ha afanado en inventar alguna explicación
para justificarlos, nosotros aportamos a continuación la información
que nos ha llegado, la cual Africano (el que ya hemos mencionado) recuerda
a Arístides cuando le escribe una carta acerca de la unanimidad
de la genealogía en los Evangelios. Rechaza las opiniones de
los demás como forzadas y falsas, y redacta la información
que él ha recibido como sigue:
2. «Así pues, los nombres de las familias de Israel eran
calculados o bien por naturaleza o bien por la Ley. Por naturaleza,
según la sucesión del nacimiento legítimo; pero
se realzaba según la Ley cuando alguien engendraba un hijo en
favor de un hermano muerto sin descendencia, (pues como todavía
no habían recibido la esperanza clara de la resurrección,
imitaban la prometida resurrección que había de venir
con lo mortal, para perpetuar el nombre del difunto).
3. »En consecuencia, los que se hallan en esta genealogía
son tanto los que se sucedieron legítimamente de padres a hijos,
como los que fueron engendrados con el nombre de otros, y se hace memona
por igual de ambos; de los engendrados y de los que representa que lo
han sido.
4. »De suerte que ninguno de los dos Evangelios miente, sino que
enumeran siguiendo el linaje natural y siguiendo el linaje por la ley,
lógicamente, pues las familias de Salomón y de Natán
estaban entrelazadas debido a las resurrecciones de los que murieron
sin descendencia, de las segundas nupcias y de las resurrecciones de
los hijos; de manera que es lícito creer que unos son hijos de
distintos padres en diversas ocasiones: de los ficticios y de los reales;
concluimos, pues, que ambas genealogías son legítimamente
verdaderas y llegan hasta José con exactitud, aunque de modo
complicado.
5. »No obstante, para que quede más claro lo que hemos
expuesto, paso a explicar el enlace de las familias. Al contar las generaciones
partiendo de David y pasando por Salomón se encuentra a Matán
(tercero por el final), que engendró a Jacob, padre de José.
En cambio desde Natán hijo de David, según Lucas, el tercero
por el final es Melquí, y José era hijo de Elí,
hijo de Melquí.
6. »Ya que nuestro objetivo está fijado en José,
nos es preciso demostrar por qué razón dos personas distintas
aparecen como su padre: Jacob partiendo de Salomón y Elí
desde Natán; tenemos que ver cómo Jacob y Elí son
hermanos y cómo sus padres MatAn y Melquí parecen ser
abuelos de José, siendo ellos de distinto linaje.
7. »Matán y Melquí se casaron sucesivamente con
la misma mujer y engendraron hijos de la misma madre, pues la Ley no
prohibió que una mujer en soledad, ya fuera por haber sido repudiada
por su marido o por la muerte de éste, se casara con otro varón.
8. »Por consiguiente, de Esta (que es el nombre de la mujer según
la tradición) en primer lugar Matán (de la familia de
Salomón) engendró a Jacob, pero cuando él murió,
Melquí (de la familia de Natán) se casó con la
viuda, que, como ya dijimos, era de otra familia pero de la misma tribu.
Este tuvo un hijo, Elí.
9. »Así Jacob y Elí son hermanos de la misma madre
a pesar de pertenecer a distintas familias. Uno de ellos, Jacob, muere
sin hijos, y su hermano Elí, tomando la mujer de Jacob, engendró
de ella un tercer hijo: José. Este es por naturaleza de Elí,
y según el texto que está escrito: "Y Jacob engendró
a José"; pero según la Ley era hijo de Elí,
pues Jacob, siendo su hermano, le levantó simiente. Por lo cual
su genealogía no será invalidada.
10. »El evangelista Mateo hace el recuento como sigue: "Jacob
engendró a José"; pero Lucas, en orden inverso: "el
cual era (también añade esto) "de José, hijo
de Elí... hijo de Melquí". No podía expresar
con mayor precisión el nacimiento según la Ley; va siguiendo
hasta "Adán, hijo de Dios" y suprime el "engendró"
hasta el final, al tratar de este tipo de paternidad.
11. »Esto no son conjeturas sin fundamento, pues los padres según
la carne de nuestro Salvador, ya sea por aparentar, ya sea simplemente
por enseñar siempre siendo sinceros, nos entregaron también
lo siguiente: Unos bandidos idumeos asaltaron Escolan, ciudad de Palestina,
y se llevaron preso, junto con otros despojos del Templo de Apolo, erigido
entre los muros, a Antipatro, hijo de un tal Herodes, hiriéndolo.
Pero siéndole imposible al sacerdote satisfacer el precio del
rescate por su hijo, Antipatro fue criado en las costumbres de los idumeos,
y posteriormente entabló amistad con Hircano, el sacerdote de
Judea.
12. »Fue embajador a Pompeyo en nombre de Hircano, para el que
liberó el reino asolado por su hermano Aristóbulo; pero
él mismo fue afortunado, pues consiguió ser Epimeletes
de Palestina.
»Mas a Antipatro, asesinado por envidia de sus abundantes y buenos
éxitos, le sucedió el hijo de Herodes, quien posteriormente
fue escogido para reinar sobre los judíos por decreto de Antonio
y del senador Augusto. Herodes y los demás tetrarcas fueron hijos
suyos. En verdad, todos los detalles concuerdan con la historia de los
griegos.
13. »Ahora bien, como que todas las familias hebreas se hallaban
registradas en los archivos, incluyendo los prosélitos como Aquior
el amonita, Rut la moabita y los egipcios que partieron juntamente con
los hebreos, Herodes, al no estar en nada relacionado con la raza de
los israelitas y acuciado por su origen oscuro, mandó quemar
todos los registros de las familias, pensando que él parecería
un noble si tampoco otros podían trazar sus linajes con documentos
oficiales, hasta los patriarcas, o los prosélitos, o los llamados
geyoras, extranjeros mezclados.
14. »Pero unos pocos meticulosos se jactaban de su linaje, preservado
por tener registros privados, donde figuraban los nombres, o simplemente
por poseer alguna copia. Entre éstos se encontraban los que antes
mencionamos, los llamados despósinoi por su relación con
el linaje de nuestro Salvador; éstos expusieron la genealogía
que hemos propuesto nosotros desde el Libro de los días, hasta
donde llegaron, visitando las aldeas judías de Nazaret y Locoba
y el resto de la tierra.
15. »Sea como fuere, no se puede encontrar explicación
más clara que ésta y por esta razón yo lo creo;
asimismo toda persona bondadosa. Y a pesar de no estar atestiguada,
cuidémonos de ella, porque una más consistente no puede
explicarse. De todos modos, el Evangelio es totalmente verdadero»
16. Y al final de la misma carta expone lo siguiente: «Matán,
del linaje de Salomón, engendró a Jacob. Pero una vez
muerto Matán y Melquí, del linaje de Natán, engendró
a Elí de la mujer de su hermano. De este modo Elí y Jacob
son hermanos de la misma madre. Al morir Elí sin hijos, Jacob
le levantó simiente, y nació José, su hijo por
naturaleza, pero Elí según la Ley. En consecuencia, José
era hijo de ambos.»
17. Hasta aquí, Africano. Una vez trazada la genealogía
de José,, también se puede mostrar que María era
de su misma línea, pues según la Ley de Moisés
era ilícito entremezclar las distintas tribus y se ordenaba unir
en matrimonio con uno del mismo pueblo y de la misma tribu, para que
la heredad de la familia no pasara de una tribu a otra. Todo esto sea
suficiente para este asunto.
De la maquinación de Herodes contra los niños, y de la
catástrofe que le sobrevino
VIII 1.Así pues, al nacer Cristo, de acuerdo con las profecías,
en Belén de Judea en el tiempo indicado, los magos de oriente
consultaron a Herodes acerca del lugar donde se hallara el nacido rey
de los judíos (pues habían visto su estrella y ésta
era la razón de su viaje: adorar al recién nacido como
a Dios). Pero él fue trastornado en gran manera, pensando que
su poder peligraba y aprendiendo de los maestros de la Ley entre el
pueblo en qué lugar esperaban que naciera el Cristo.
Cuando supo que la profecía de Miqueas predecía que había
de ser en Belén, mandó matar, por decreto, a todos los
niños de pecho en Belén, y en todo lugar a los niños
de dos o menos años, según el tiempo que los magos le
comunicaron, con la intención de matar también a Jesús
entre todos los de su misma edad.
2. No obstante, el niño se anticipó al complot y fue transportado
a Egipto, porque sus padres supieron previamente lo que estaba por acontecer,
gracias a la aparición de un ángel. Todo esto también
nos lo enseña la Santa Escritura del Evangelio.
3. Pero, además, también merece la pena considerar el
pago que recibió Herodes por su audacia contra Cristo y los niños
de su edad; cómo inmediatamente después, aún estando
en vida, lo persiguió la justicia divina, mostrándole
el principio de lo que le sobrevendría después de su partida.
4. Nos es imposible enumerar con detalle en esta obra de qué
modo oscureció el supuesto esplendor de su reino con las sucesivas
desgracias familiares: los asesinatos de su esposa, de sus hijos, sus
parientes más allegados y de sus mejores amigos. Con todo esto,
cualquier idea acerca de estas calamidades sobrepasa toda representación
trágica. Josefo las explica extensamente en su historia acerca
de Herodes.
5. Sin embargo, del mismo Josefo podemos escuchar, en el Libro XVII
de sus Antigüedades de los judíos, cómo sobrevino
a Herodes el tormento que lo llevó hasta la muerte, ya desde
el mismo momento en que ideó su complot contra nuestro Salvador
y contra los otros niños. Describe la catástrofe de su
vida con las siguientes palabras: «La enfermedad de Herodes iba
creciendo más y más amarga. Dios aplicaba la justicia
a sus crímenes.
6. »Pues ciertamente era un fuego débil, de modo que no
mostraba a los que lo tocaban la inflamación que en el interior
aumentaba su quebranto. Además, un espantoso deseo de tomar algo,
sin existir nada que pudiese ayudarle, y llagas en los intestinos con
grandes dolores, especialmente en el colon, y una inflamación
húmeda y ardiente en los pies.
7. »Tenía un mal semejante alrededor del vientre, y además
sus partes pudendas se descomponían, criando gusanos. Su respiración
era irregular y muy molesta por su pesadez y por su fuerte asma; en
todos sus miembros sufría espasmos de una fuerza intolerable.
8. »En todo caso, los adivinos y los que disponen de sabiduría
para predecir estas cosas decían que Dios exigía al rey
la expiación de sus muchas infamias.» Esto es lo que expone
en su obra el autor ya mencionado.
9. Y en el libro segundo de sus Guerras de los judíos, describe
algo semejante como sigue: «Desde entonces la enfermedad, habiéndose
apoderado de todo su cuerpo, le destruía con fuertes dolores;
la fiebre era ciertamente suave, pero el escozor era insoportable por
todo el cuerpo; los dolores permanentes en el colon, los edemas en los
pies como un hidrópico y la inflamación del vientre y
la degeneración agusanada de sus partes pudendas, y además
el asma, la disnea y los espasmos en todos sus miembros. Hasta el extremo
de que los adivinos comentaban que la enfermedad era un castigo.
10. »Pero él, luchando con las enfermedades, seguía
aferrándose a la vida y con la esperanza de la salvación
imaginaba curaciones. Por ejemplo: Habiendo cruzado el Jordán,
usó las aguas termales de Calirroe, las cuales van a dar al mar
del Asfalto, y al ser dulces son potables.
11. »Allí los médicos creyeron conveniente calentar
en una bañera llena de aceite su cuerpo debilitado. Cerró
los ojos y se volvió como desfallecido. Entonces, con el gran
tumulto de sus criados, volvió en sí a su desgracia, pero
en adelante perdió toda esperanza de salvación y ordenó
que se dieran 50 dracmas a los soldados y mucho dinero a los jefes y
amigos.
12. »Luego volvió a Jericó muy melancólico
y cercano a la muerte. Pero decidió planear una acción
criminal. Mandó encerrar en el hipódromo a todos los hombres
ilustres de cada aldea de Judea, después de haberles convocado
él mismo.
13. »Poco después mandó llamar a su hermana Salomé
y a Alejandro su esposo y les dijo así: "Yo sé que
los judíos festejarán mi muerte, pero si vosotros tenéis
a bien llevar a cabo mis órdenes, puedo ser llorado por todos
y tener un funeral glorioso. Cercad con los soldados a estos hombres
que yo tengo custodiados, y en el preciso momento en que yo muera, inmediatamente
matadles para que toda Judea y cada casa llore por mí a pesar
suyo".»
14. Más adelante añade: «Posteriormente, y acosado
por el hambre y con la tos espasmódica y entristecido por tantos
dolores, ansiaba anticipar su suerte. Por esto, tomando una manzana,
pidió también un cuchillo (tenía la costumbre de
cortarla para comérsela); entonces, mirando alrededor y cerciorándose
de que no se hallaba allí nadie para impedfrselo, levantó
la diestra como para herirse.»
15. El mismo escritor añade que poco antes del final de su vida
Herodes mandó matar a otro hijo legitimo suyo, el tercero después
de los dos que ya habían sido muertos anteriormente, e inmediatamente,
entre grandes sufrimientos, pereció.
16. De este modo, ciertamente tuvo lugar el final de Herodes, castigo
justo por la matanza de los niños en Belén y por el complot
en contra de nuestro Salvador.
A continuación un ángel vino a José en sueños
en Egipto y le ordenó marchar con el niño y su madre a
Judea, informándole que los que buscaban la muerte del niño
ya habían muerto. Y el evangelista añade: «Pero
oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo
temor de ir allá; pero, avisado por revelación en sueños
se fue a la región de Galilea.»
Acerca de los tiempos de Pilato
IX 1.La toma de poder de Arquelao en sucesión de Herodes, también
está atestiguada por el historiador que ya hemos mencionado anteriormente,
y asimismo también describe cómo tomó el reino
de los judíos, en sucesión, por orden del testamento de
Herodes su padre y por la resolución de César Augusto,
y cómo, cesando al cabo de diez años, se ocuparon de sus
tetrarquías sus hermanos Felipe y Herodes el Joven, juntamente
con Lisanias.
2. También Josefo, en el Libro XVIII de sus Antigüedades,
da a entender que en el año 12 del reinado de Tiberio (después
éste accedió a todo el mando, al final de los 57 años
que lo ostentó Augusto). Poncio Pilato recibió Judea y
permaneció en el poder diez años completos, casi hasta
la muerte de Tiberio.
3. Con ello queda evidentemente refutada la ficción acerca de
nuestro Salvador, de unas memorias que se han extendido recientemente,
en las que las fechas establecidas denunciaban su falsedad.
4. Se atreven a fijar la pasión del Salvador en el cuarto consulado
de Tiberio, el cual tuvo lugar durante el año séptimo
de su reinado, pero está demostrado que en este tiempo Pilato
ni siquiera había llegado a ninguna parte de Judea, porque Josefo
(si es lícito tomarlo por testigo) indica con certidumbre en
la obra ya mencionada, que Tiberio constituyó a Pilato como gobernador
de Judea en el año 12 de su propio reinado.
Acerca de los sumos sacerdotes judíos bajo los cuales Cristo
dio a conocer su enseñanza
X 1. Así pues, nuestro Salvador y Señor Jesús,
el Cristo de Dios, comenzando su ministerio alrededor de los treinta
años, vino al bautismo de Juan y empezó la proclamación
del Evangelio en el tiempo de estos gobernadores, cuando Tiberio César
estaba en el decimoquinto año de su soberanía. Poncio
Pilato, en el cuarto año de su mandato, y en el resto de Judea
eran tetrarcas Herodes, Lisanias y Felipe.
2. La divina Escritura dice que todo el tiempo de su enseñanza
se dio siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, dando a
entender que se cumplió entre los años del servicio de
ambos. Consecuentemente comenzó durante el sumo sacerdocio de
Anás y se prolongó hasta el principio del de Caifás,
lo cual no llega a cuatro años completos.
3. Ahora bien, las instituciones de la Ley estaban anuladas en aquel
tiempo, por lo cual también se hallaba invalidada la que disponía
los cargos concernientes de por vida y por sucesión hereditaria
de padres a hijos, y en cambio los gobernadores romanos ordenaban a
otros que, a veces, no llegaban a un año de servicio.
4. De este modo, Josefo relata que entre Anás y Caifás
hubo cuatro sucesiones, y en la misma obra Antigüedades comenta
como sigue: «Valerio Grato cesó del sacerdocio a Anás
y constituyó sumo sacerdote a Israel, hijo de Fabio; pero también
a éste cambió al cabo de poco tiempo, y nombré
sumo sacerdote a Eleazar, hijo del sumo sacerdote Anás.
5. Sin embargo, después de un alio, también cesó
a éste y entregó el sumo sacerdocio a Simón, hijo
de Camilo. Pero tampoco sostuvo el honor un año entero y su sucesor
fue José, llamado también Caifás.
6. En consecuencia, se muestra que el tiempo completo de la enseñanza
de nuestro Salvador no llegó a cuatro años, ya que cumplieron
el servicio anual cuatro sacerdotes desde Anás hasta el nombramiento
de Caifás. Lógicamente, pues, la escritura del Evangelio
reconoce a Caifás como sumo sacerdote justamente en el alio de
la Pasión del Salvador, y partiendo de este punto se ve cómo
la observación anterior concuerda también con el tiempo
de la enseñanza de Cristo.
7. No obstante, nuestro Salvador y Señor llamé a los doce
apóstoles poco después de empezar su predicación;
pero a estos doce, de entre todos sus discípulos, concedió
el honor extraordinario de ser llamados apóstoles; y «después
de estas cosas, designó el Señor también a otros
setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a
toda ciudad y lugar adonde él había de ir».
Testimonios acerca de Juan y de Cristo
XI 1. La divina Escritura de los Evangelios también recuerda
que después de no largo tiempo Juan el Bautista fue decapitado
por orden de Herodes el Joven; y además Josefo lo confirmó
cuando menciona a Herodiades, y cómo siendo ella la esposa de
su hermano Herodes, se casó con ella una vez que hubo repudiado
a su primera y legítima esposa (hija de Aretas, rey de Petra)
y separado a Herodías de su marido, todavía vivo; por
ella ejecutó a Juan y además se levantó contra
Aretas, tras haber deshonrado a su hija.
2. Pero dice que en el combate, al empezar la batalla, el ejército
de Herodes quedó totalmente derrotado, y que estas cosas le sucedían
por haber actuado en contra de Juan.
3. También Josefo confiesa que Juan era justo en extremo y que
bautizaba, corroborando así lo que de él se dice en los
Evangelios. Además relata que Herodes fue expulsado de su reinado
por motivo de la mismísima Herodiades, con la que fue desterrado
y condenado a vivir en una ciudad de la Galia, en Viena.
4. Estas cosas nos las da a conocer también en el mismo Libro
XVIII de las Antigüedades con los siguientes términos: «Pero
a algunos judíos les pareció que el ejército de
Herodes había sido destruido por Dios, y que de un modo extraordinariamente
justo era castigado por su acción en contra de Juan llamado el
Bautista.
5. »Pues Herodes le mandó matar. Sin embargo, Juan el Bautista
era un hombre bueno y animaba a los judíos a cultivar la virtud,
a actuar con justicia unos a otros, a buscar la piedad, a Dios y a venir
al bautismo. De este modo consideraba aceptable el bautismo, no para
los que lo usaban para huir de ciertos pecados, sino para la pureza
del cuerpo, puesto que también su alma había estado purificada
con la justicia.
6. »La gente iba agrupándose alrededor de Juan (pues se
maravillaban al oír sus palabras), y Herodes, temiendo que una
tal persuasión sobre los hombres acabara con una revuelta (pues
parecía que actuaban en todo siguiendo su consejo), decidió
que era mejor anticiparse y hacerlo matar antes de que alguien se alzara
sobre él y luego tener que arrepentirse enredado en asunto. Por
eso Juan, por causa de la sospecha de Herodes, fue llevado cautivo a
Maqueronte, la fortaleza ya mencionada, y en ella le mataron.»
7. Una vez relatado todo esto acerca de Juan, también recuerda
a nuestro Salvador en la misma obra histórica, como sigue: «Por
aquel tiempo vivió Jesús, hombre sabio, si se puede llamarle
hombre. Pues era hacedor de extraordinarias obras y maestro de los hombres,
que recibían la verdad de buen grado, y se atrajo tanto a judíos
como a griegos.
8. »Este era el propio Cristo, pero fue condenado a la cruz por
Pilato inducido por nuestros primeros padres, aunque los que primero
le habían amado no desistieron y al tercer día se les
apareció de nuevo vivo. Todo esto e innumerables portentos más
ya los habían relatado los profetas de Dios. Además la
tribu de cristianos, que tomó el nombre de él, aún
no ha desaparecido hasta nuestros días».
9. Con todo esto, y habiendo surgido de los hebreos un escritor que
nos informa acerca del bautismo de Juan y acerca de nuestro Salvador
en su propia obra, ¿qué opción queda para los que
forjaron las Memorias contra ellos, fuera de la evidencia de su osadía?
Sea esto suficiente.
Acerca de los discípulos de nuestro Salvador
XII 1. El nombre de los apóstoles del Salvador se halló
claramente para todos en los Evangelios. Pero de los setenta discípulos
no existe ninguna lista. Se dice que Bernabé era uno de ellos.
Se le menciona especialmente en los Hechos de los Apóstoles,
y Pablo lo nombra del mismo modo en su epístola a los Gálatas.
También aparece como uno de ellos Sóstenes y el que juntamente
con Pablo escribe una espístola a los Corintios.
2. Esta información nos llega de Clemente en el libro V de su
Hypotyposeis, en la que además explica que Cefas era uno de los
setenta discípulos, de quien Pablo dice: «Cuando Cefas
vino a Antioquía le resistí en la cara», pero que
se llama igual que el apóstol Pedro por pura casualidad.
3. La tradición cuenta que también compartieron el honor
de la llamada de los setenta «Matías» (el que fue
incluido en la lista de los apóstoles en lugar de Judas) y el
otro que participé con él en la votación. También
se incluye entre ellos a Tadeo, acerca del cual nos ha llegado cierta
información que voy a exponer inmediatamente.
4. Pero si te detienes a considerarlo observarás que el número
de los discípulos del Salvador era superior a los setenta, pues
acudiendo al testimonio de Pablo, aconteció que después
de la resurrección de los muertos se apareció primero
a Cefas, luego a los doce y después a más de quinientos
hermanos juntos, de los cuales precisaba que algunos ya habían
muerto, pero que la mayoría todavía estaban en vida cuando
él escribía acerca de todo esto.
5. Posteriormente se dice se apareció a Jacobo. Sin embargo,
éste era otro de los llamados hermanos del Salvador. Después,
como además de éstos los apóstoles a imagen de
los doce fueron muchos más (como Pablo, por ejemplo), continúa
diciendo: «Después se apareció a todos los apóstoles».
Todo esto sea suficiente acerca de este asunto.
Relato acerca del soberano de Edesa
XIII 1. A continuación paso a narrar el relato acerca de Tadeo.
La noticia de la naturaleza divina de nuestro Señor y Salvador
Jesucristo se extendía a todos los hombres debido a su poder
para llevar a cabo maravillas, y atrajo a numerosas personas (incluso
a extranjeros alejados de Judea) con la esperanza de curación
de sus enfermedades y de todo tipo de sufrimiento.
2. Así se encontraba el rey Abgaro, que gobernaba muy diestramente
sobre los pueblos de más allá del Eufrates, y su cuerpo
se iba destruyendo por una enfermedad terrible e incurable dentro de
las posibilidades humanas. Por lo tanto, cuando el nombre de Jesús
llegó a él reiteradamente y también su poder testificado
por todos con unanimidad, inmediatamente se convirtió en un suplicante
suyo y le envió una carta a través de un correo pidiendo
le concediera la liberación de su enfermedad.
3. No obstante, Jesús no respondió a su llamado entonces,
pero juzgó que era digno de una carta particular en la que le
prometía enviarle a uno de sus discípulos para procurarle
la curación de su dolencia juntamente con la salvación
para él y también para todos los suyos.
4. Poco después le cumplió la promesa. Luego de la resurrección
de los muertos y la ascensión a los cielos de nuestro Salvador,
Tomás —uno de los doce apóstoles—, impulsado
por Dios, envió a Edesa como heraldo y evangelista de la enseñanza
de Cristo a Tadeo (que pertenecía a los setenta discípulos
de Cristo) y la promesa de nuestro Salvador se vio completada por medio
de él.
5. Hay testimonio escrito disponible acerca de todo esto en los archivos
de Edesa, que entonces era la ciudad de la Corte. Todo esto se halla
conservado esmeradamente hasta hoy en los documentos oficiales de aquel
lugar, que contienen los hechos antiguos y los contemporáneos
de Abgaro. De todos modos, nada será tan exacto como escuchar
las cartas que nosotros hemos sacado de los archivos y traducido del
siríaco como sigue:
Copia de la carta escrita por Abgaro a Jesús, la cual le envió
a Jerusalén a través del correo Ananías
6. «Abgaro Ucama Toparca, a Jesús, Salvador bueno que se
mostró en la región de Jerusalén, salud:
»He oído acerca de ti y de tus curaciones, llevadas a cabo
por ti mismo como si prescindieras de medicinas y de hierbas, pues según
la noticia que corre, haces que los ciegos vean y que los cojos anden,
sanas a los leprosos y echas fuera espíritus impuros y demonios,
sanas a los atormentados con enfermedades largas y resucitas muertos.
7. »Tras oír esto de ti creo que hay dos opciones. O eres
Dios y habiendo bajado del cielo llevas a cabo estas obras, o puesto
que las haces eres el hijo de Dios.
8. »Por esta razón, he escrito suplicándote que
vengas a mí y me sanes de mi enfermedad. También he sabido
que los judíos murmuran contra ti y quieren tu mal. Mi ciudad,
aunque pequeña, es responsable, y será suficiente para
ambos».
9. Así escribía estando entonces iluminado por un poco
de luz divina. Sin embargo, merece la pena escuchar la respuesta de
Jesús a través del mismo correo; una carta breve, pero
contundente.
Respuesta de Jesús a Abgaro, Toparca, por mediación del
correo Ananías
10. «Bienaventurado si creíste en Mí sin haberme
visto. Pues de mí está escrito que los que me han visto
no crean, para que también los que no me han visto crean y sean
salvos. Pero acerca de lo que me escribes que vaya a ti, me es preciso
cumplir todo mi cometido aquí, y, una vez realizado, sea tomado
al que me envió. Mas cuando haya sido tomado te enviaré
uno de mis discípulos para que te proporcione sanidad y vida
a ti y a los tuyos.»
11. A estas cartas acompañaba también lo siguiente en
siríaco: «Pero después de la ascensión de
Jesús, Judas, llamado Tomás, envió como apóstol
a Tadeo, uno de los setenta, el cual, habiendo llegado, se hospedó
en casa de Tobías hijo de Tobías. Cuando se extendió
el rumor acerca de él, se comunicó a Abgaro que había
ido a aquel lugar un apóstol de Jesús, de acuerdo con
lo prometido por carta.
12. »Así pues, Tadeo empezó con el poder de Dios
a sanar toda enfermedad y debilidad, de manera que todos quedaban maravillados.
Cuando Abgaro oyó los grandes y admirables hechos, y como sanaba,
sospechó que se trataba del discípulo del cual Jesús
le había escrito en la carta cuando le dijo: "Cuando sea
tomado arriba en el aire, enviaré a uno de mis discípulos
para sanar tu enfermedad."
13. »Mandó llamar a Tobías, en casa del cual se
hospedaba, y le dijo: "He oído que posa en tu casa un hombre
poderoso, envíamelo." Tobías se dirigió a
Tadeo y le dijo: "Abgaro, Toparca, me llamó para decirme
que te llevara a él para que le sanes." Tadeo le dijo: "Subiré
yo, que he sido enviado a él con poder."
14. »Madrugando el día siguiente, Tobías tomó
a Tadeo y fue a Abgaro.Tadeo llegó estando en pie los magnates
del rey, y en el preciso momento en que él entró se apareció
a Abgaro una gran visión de la faz del apóstol Tadeo.
Cuando Abgaro le vio se prosternó ante Tadeo, sorprendiendo a
los presentes; pues no veían la visión que sólo
se apareció a Abgaro.
15. »Entonces preguntó a Tadeo: "¿Eres tú
en verdad el discípulo de Jesús, el hijo de Dios, que
me dijo: 'Te enviaré uno de mis discípulos, el cual te
proporcionará sanidad y vida'?" Y Tadeo dijo: "Porqúe
has creído en gran manera en el que me envió, he sido
enviado a ti, y de nuevo, si creyeres en Él, tendrás los
ruegos de tu corazón."
16. »Abgaro respondió: "Hasta tal punto creí,
que hasta incluso deseé tomar un ejército y destruir a
los judíos que lo crucificaron, si no hubiera sido por el rechazo
del Imperio Romano." Pero Tadeo le dijo: "Nuestro Señor
cumplió la voluntad de su Padre."
17. »Le dijo Abgaro: "Yo también he cerído
en Él y en su Padre." Y Tadeo respondió: "Por
esta misma razón pongo mi mano sobre ti en su nombre." Y
al instante de hacerlo Abgaro fue sanado de su enfermedad y de sus sufrimientos.
18. »Abgaro se maravilló de que aquello que había
oído acerca de Jesús ahora lo confirmaba éon los
hechos, por medio de su discípulo Tadeo, el cual, prescindiendo
de medicinas y de hierbas, le sanó, y no sólo a él,
sino también a Abdón, hijo de Abdón, que tenía
gota. Este también acudió a Tadeo y, postrándose
a sus pies, fue sanado mientras suplicaba con sus manos. Tadeo también
sanó a muchos conciudadanos y anunciaba la Palabra de Dios, haciendo
maravillas y grandezas.
19. »Luego Abgaro dijo: "Tú con el poder de Dios haces
estas cosas y nosotros nos maravillamos por ellas. Pero yo también
te suplico que nos des a conocer acerca de la venida de Jesús:
cómo tuvo lugar, y de su poder, con qué tipo de poder
realizó las cosas que yo he oído."
20. »Tadeo replicó: "No hablaré ahora, pero
ya que fui enviado a proclamar la palabra, mañana reúne
a todos los ciudadanos y les predicaré sembrando en ellos la
Palabra de Vida. Entonces hablaré de la venida de Jesús;
cómo fue; de su cometido, por qué fue enviado por el Padre;
con qué poder lo hizo; de la novedad de su enseñanza,
de su pequeñez y de su humillación; cómo se humilló
a sí mismo, se desprendió de su divinidad y la empequeñeció,
y cómo fue crucificado, y cómo habiendo descendido al
Hades derribó la barrera que había estado cerrada por
los siglos y resucité muertos, y cómo a pesar de haber
descendido solo, ascendió a su Padre con una multitud, cómo
está sentado en los cielos con gloria a la diestra de Dios Padre,
y cómo vendrá de nuevo con poder para juzgar a los vivos
y a los muertos."
21. »Por lo tanto Abgaro, ordenó que al alba se reunieran
sus ciudadanos y prestaran atención al mensaje de Tadeo. También
mandó que se diera a Tadeo oro y plata no acuñada. Pero
él la rechazó con estas palabras: "Si hemos abandonado
lo nuestro, ¿cómo tomaremos lo ajeno?"»
22. «Esto tuvo lugar en el año 340».
Por el momento, este relato traducido del siríaco, no será
inútil y me parece suficiente.
http://escrituras.tripod.com/Textos/HistEcl01.htm#II
HISTORIA ECLESIÁSTICA
Eusebio de Cesarea
Libro 2
Hemos compuesto nuestro libro a partir de los de Clemente, Tertuliano,
Josefo y Filón.
Prefacio
1. En el primer libro hemos expuesto con breves pruebas todos los detalles
necesarios para el prefacio de la Historia Eclesiástica: la divinidad
del Verbo Salvador, la antigüedad de las afirmaciones de nuestra
enseñanza y cómo la conducta evangélica de los
cristianos es la más antigua; y, además, todo cuanto se
refiere a la reciente aparición de Cristo, a su ministerio antes
de la Pasión y a la elección de los apóstoles.
2. En el presente centraremos nuestra atención en los hechos
posteriores a su Ascensión. Algunos los citamos de las divinas
Escrituras, pero otros de fuentes exteriores, de documentos que mencionaremos
a su debido tiempo.
Sobre la vida de los apóstolesdespués de la ascensión
de Cristo
I 1. Así pues, el primero que fue elegido, por suerte para el
apostolado, en lugar del traidor Judas, fue Matías, el cual,
como ya demostramos, había sido discípulo del Señor.
También los apóstoles por la oración y la imposición
de manos instituyeron a siete varones acreditados para el ministerio
debido al servicio común; se trataba de Esteban y sus compañeros.
Éste fue el primero, después del Señor y casi simultáneamente
con la imposición de manos (como si fuera elevado para este mismo
servicio), en ser llevado a muerte apedreado por los que mataron al
Señor, y de este modo también fue el primero en llevar
la corona (a la que se refiere su nombre) de los mártires de
Cristo, dignos de la victoria.
2. Luego, estaba también Santiago, al que llamaban hermano del
Señor,porque fue llamado hijo de José. Sin embargo, el
padre de Cristo era José y con él estaba desposada la
Virgen; pero «antes que se juntasen se halló que había
concebido del Espíritu Santo», como enseña la Santa
Escritura de los Evangelios. Así pues, este Santiago, al que
los antiguos pusieron el sobrenombre de Justo por la excelencia de su
virtud, se da cuenta que fue el primero en recibir el trono episcopal
de la iglesia de Jerusalén.
3. Clemente, en el libro VI de las Hypotyposeis, sostiene lo siguiente:
«Dicen que Pedro, Jacobo y Juan, después de la ascensión
del Salvador, no consideraron para ellos mismos este honor, aunque eran
los más estimados por el Salvador, sino que ordenaron obispo
de Jerusalén a Santiago el Justo».
4. En el libro VII de la misma obra, el autor añade lo siguiente
acerca de Santiago: «El Señor, después de su ascensión,
entregó el conocimiento a Santiago el Justo, a Juan y a Pedro;
éstos a su vez lo entregaron a los otros apóstoles y a
los setenta; entre ellos se hallaba Bernabé.»
5. En efecto, había dos Santiagos: uno, el Justo, que fue lanzado
desde el pináculo del templo y azotado hasta morir con un garrote
batanero, y el otro, que fue decapitado. Igualmente Pablo menciona a
Santiago el Justo cuando dice por escrito: «Pero no vi a ningún
otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor».
6. Entonces también fue llevada a cabo la promesa de nuestro
Salvador, hecha al rey Osroene. Según esto, Tomás, impulsado
por Dios, envió a Tadeo a Edesa como predicador y evangelista
de la enseñanza de Cristo al mundo que hemos demostrado hace
poco en documentos escritos encontrados allí.
7. Tadeo, tras detenerse en aquel lugar, sana a Abgaro por la palabra
de Cristo y deja maravillados a todos los presentes por sus asombrosos
milagros. Y cuando los hubo dispuesto convenientemente con sus obras,
guardándolos luego hacia la veneración del poder de Cristo,
los hizo discípulos de la enseñanza del Salvador. Desde
aquel momento hasta nuestros días toda la ciudad de Edesa está
consagrada al nombre de Cristo; de este modo dan un singular ejemplo
de nuestro Salvador y de sus buenas obras para con ellos.
8. No obstante, sea suficiente lo dicho citando antiguas versiones y
vengamos de nuevo a la Divina Escritura. Así pues, con el martirio
de Esteban comenzó la primera y gran persecución de la
iglesia de Jerusalén por medio de los propios judíos.
Entonces todos los discípulos, con la sola excepción de
los doce, se esparcieron por Judea y Samaria. Algunos, de acuerdo con
la Divina Escritura, cuando llegaron a Fenicia, Chipre y Antioquía,
faltándoles todavía coraje para compartir la palabra de
la fe con los gentiles, sólo la anunciaban a los judíos.
9. Entonces Pablo todavía «asolaba la iglesia, y entrando
casa por casa arrastraba a hombres y mujeres, y los entregaba en la
cárcel».
10. No obstante, Felipe, que se hallaba entre los escogidos juntamente
con Esteban para el diaconado, siendo también uno de los esparcidos,
descendió a Samaria, y, lleno del poder de Dios, fue el primero
en anunciar la palabra a los habitantes de aquel lugar, y era tal la
divina gracia que actuaba en él, que con sus palabras persuadió
a Simón el mago y a una gran multitud.
11. En aquel momento Simón era escuchado por los ilusos de su
tiempo debido al poder de su magia, hasta el punto de creerse él
mismo que era el gran poder de Dios. Pero entonces también él,
maravillándose ante las sorprendentes proezas que Felipe realizaba
por el poder de Dios, se introdujo sigilosamente y simuló su
fe en Cristo hasta el bautismo.
12. También cabe admirar lo que todavía hoy sobreviene
a los que participan en su herejía extremadamente infame. Ellos,
de acuerdo con el método de su precursor, se introducen sigilosamente
en la Iglesia, a modo de enfermedad pestilencial y sarnosa, y corrompen
en sumo grado a los que logran inocular el virus terrible y sin remedio
que llevan escondido. Pero la mayoría ya fueron rechazados cuando
se les sorprendió en semejante maldad, del mismo modo que lo
fue Simón cuando le descubrió Pedro y le hizo pagar el
justo castigo.
13. Sin embargo, la predicación de la salvación iba avanzando
satisfactoriamente y a diario. Entonces una orden llevó fuera
de Etiopía a un funcionario de la reina. (Este país todavía
hoy, siguiendo una costumbre ancestral, es gobernado por una mujer.)
Éste fue el primer gentil que participó en los misterios
de la Palabra de Dios (habiéndosele aparecido Felipe) y las primicias
de los creyentes en toda la tierra; además, según sostiene
un documento, una vez vuelto a la tierra patria, también fue
el primero en anunciar el conocimiento del Dios del Universo y la presencia
vivificadora entre los hombres de nuestro Salvador. De este modo se
cumplía, gracias a él, la profecía que dice: «Etiopía
se apresurará a extender sus manos hacia Dios.»
14. A éstos hay que añadir a Pablo, el instrumento escogido
no de hombres ni por hombres. Este fue designado apóstol por
la revelación del propio Jesucristo y de Dios el Padre que lo
resucitó de los muertos; fue considerado digno de la llamada
por una visión y por una voz del cielo durante la revelación.
Cómo se turbó Tiberio cuando Pilato le refirió
acerca de Cristo
II 1. La noticia de la maravillosa resurrección de nuestro Salvador
y de su ascensión a los cielos era conocida ya por la mayoría.
Ahora bien, antiguamente los gobernadores de las naciones tenían
la obligación de comunicar al rey todo cuanto ocurría
fuera de lo común, a fin de que nada escapara a su conocimiento.
Por esta razón Pilato notificó a Tiberio los rumores que
corrían por toda Palestina acerca de la resurrección de
entre los muertos de nuestro Salvador Jesús.
2. Señaló también otros prodigios suyos y que ya
muchos creían: que el era Dios porque, una vez muerto, resucitó
de los muertos. Se cuenta que Tiberio lo expuso al Senado, pero éste
lo denegó, según parece, porque no había sido sometido
a prueba primero (una ley antigua ordenaba que nadie fuese divinizado
en Roma sin voto y decreto del Senado). Pero la verdad es que la enseñanza
salvadora de la predicación de Dios no precisa confirmación
ni aprobación humanas.
3. De este modo, el Senado romano rehusó la notificación
presentada acerca de nuestro Salvador. Pero Tiberio mantuvo firmemente
su primera intención y nada extraño ideó en contra
de las enseñanzas de Cristo.
4. En su Apología por los cristianos, Tertuliano, que conocía
con exactitud las leyes romanas, famoso por diversos hechos y muy notable
en Roma, redacta estas cosas escribiendo en el idioma de Roma, pero
traducido al griego. A continuación cito textualmente sus palabras:
5. «Pero a fin de poder discutir tomando como nuestra base el
origen de estas leyes, había una antigua orden según la
cual nadie debía ser consagrado como Dios por el rey antes de
ser examinado por el Senado. De este modo procedió Marco Emilio
con cierto ídolo llamado Alburno. Este hecho también corrobora
nuestro mensaje: que entre vosotros se otorga la divinidad por decisión
humana. Cuando un Dios es desagradable a los hombres, no llega a ser
Dios. Según esto es preciso que el hombre sea fávorable
a Dios.
6. Así pues, Tiberio, en tiempos del cual entró en el
mundo el nombre de cristianos, en el momento en que le fue anunciada
esta doctrina que venía de Palestina —pues allí
empezó—, se la comunicó al Senado, mostrándoles
que a él le agradaba esta doctrina. No obstante, el Senado la
rehusó por no haberla aprobado antes. Pero Tiberio persistió
en su decisión anterior y amenazó con la muerte a los
acusadores de los cristianos».
La providencia celestial, según su propio plan, puso esto en
el pensamiento de Tiberio, para que la palabra del Evangelio, sin obstáculos,
recorriera todos los rincones de la tierra.
Cómo la palabra de Cristo recorrió todos los rincones
del mundo en breve tiempo
III 1. De este modo la palabra salvadora iluminó de una vez toda
la tierra, a manera de un rayo de sol, por un poder y un socorro del
cielo. En ese mismo instante, de acuerdo con las Divinas Escrituras:
«Por toda la tierra ha salido la voz» de sus evangelistas
inspirados y apóstoles, «y hasta los fines de la tierra
sus palabras».
2. Así pues, en toda ciudad y aldea, como en una era repleta,
se formaban, simultáneamente, iglesias con muchísimos
asistentes, aquellos que por sucesión hereditaria y por el extravío
original tenían sus almas encadenadas a la antigua epidemia de
la superstición idolátrica, y gracias al poder de Cristo,
y por medio de la enseñanza y los milagros de sus discípulos,
abandonaron los ídolos como si se tratara de amos terribles,
habiéndose ya liberado de sus amargas prisiones; además
desecharon definitivamente todo politeísmo demoníaco y
confesaron la existencia de un solo Dios, el Creador de todas las cosa